HISTORIA DE LA CLASE OBRERA

A 146 años de la Comuna de París, lecciones del primer gobierno obrero de la historia

La Comuna de París fue uno de los levantamientos obreros más importantes de la historia de nuestra clase. Dado el enorme potencial de dicha experiencia, hay que analizarla con entusiasmo porque es una experiencia histórica y vigente del movimiento obrero internacional.

Sábado 18 de marzo | 23:21

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La Comuna de París fue el resultado de las condiciones de miseria que vivían los trabajadores parisinos a causa de la expansión del capital francés, el aumento de la producción y explotación, y las condiciones impuestas por la Guerra franco-prusiana.

Precisamente este hecho ocurrió tras la caída del imperio de Napoleón III, cuando reaparece en la escena política la clase obrera francesa después de varias décadas de reflujo, a razón de la derrota de la insurrección de los trabajadores en 1848 durante la Primavera de los Pueblos.

Los comuneros parisinos tomaron la capital francesa un 18 de marzo de 1871, a partir de una crisis del Estado producto las presiones internacionales, donde el imperio colonial francés mantenía una encarnizada competencia con sus rivales europeos por la conquista de nuevos territorios. Recordemos que dichos sucesos se dan en la antesala del nacimiento del imperialismo, durante la decadencia del viejo modelo colonialista, que daba sus últimos respiros para dar paso a la siguiente fase del capitalismo, la clase obrera europea luchaba contra ese monstruo que pujaba para salir a modificar las reglas de orden mundial.

¿Qué era la Comuna de París?

La Comuna de París estuvo organizada desde el principio por los trabajadores, quienes iniciaron un experimento totalmente innovador para la época: la liquidación del aparato estatal por medio de la autogestión obrera; se sustituyeron las funciones administrativas por las decisiones de la asamblea general, la cual hizo a un lado a la burocracia gestora del Estado. También se reemplazó al ejército por una guardia nacional constituida por obreros, quienes desterraron a los profesionales de la guerra del orden burgués, para defender las conquistas proletarias por medio del pueblo armado.

La base organizativa de la Comuna eran los consejos municipales constituidos naturalmente por obreros, cuyos representantes eran elegidos por voto universal (donde las mujeres también podían participar), los cuales eran revocables y rotativos en todo momento. La asamblea general era un órgano ejecutivo y legislativo el mismo tiempo, que como ya se mencionó había reemplazado al viejo aparato estatal.

Una de las características más notables de los funcionarios de la Comuna es que sus sueldos eran los de un trabajador cualquiera y sus nombramientos revocables. Desde ahí se gestionaban las fábricas, se declaró la laicidad del Estado, se obligaba a las iglesias a ser cedes de asambleas de vecinos, a abolir las deudas de alquiler que abusivamente se habían dejado caer sobre las espaldas de los trabajadores.

Este ejercicio de democracia obrera solidificó la alianza entre los asalariados y el campesinado, ya que en torno a París existían zonas rurales que también participaron en la experiencia revolucionaria, utilizando los mismos métodos de participación que los explotados de las ciudades. Así la alianza era entre los mismos oprimidos del régimen burgués y nunca con los opresores, los dueños de las fábricas, los terratenientes y los tenderos quienes fueron excluidos de las decisiones, porque la Comuna era un gobierno obrero, el primero que existió en la historia universal.

La Comuna terminó el 28 de mayo de 1871, vía el aislamiento que la clase dominante europea ejerció sobre ella. La reacción prusiana y la derecha francesa antes enfrentadas en la guerra se unieron sin mayor problema contra la Comuna, el gobierno provisional francés dejó entrar a las tropas prusianas sin mayor inconveniente a su territorio.

El orgullo nacional demostraba ser una pantalla que escondía los intereses de los dueños de la industria, lo bancos y las grandes extensiones de tierra por encima de las fronteras, de esa manera tras un mes de asedio París cayó en manos de ellos, ahogando en sangre esta gesta, que dejó miles de muertos y desterrados de Francia.

Las lecciones de la lucha

Esta experiencia fue recogida por Marx en su célebre obra La guerra civil en Francia, en la cual describe las acciones de los trabajadores, y así acuña su famoso término “la dictadura del proletariado”, que significa que la clase obrera habiendo tomado consciencia de su papel en el capitalismo, se hace del poder del Estado mediante la insurrección. En asociación con sus aliados naturales, los sectores explotados de cada país (los campesinos por ejemplo), de modo que se apuesta por la abolición de la propiedad privada, del aparato gubernamental, el ejército y la burocracia estatal.

Esta dictadura es dictadura porque se impone por la fuerza a sus enemigos de clase, pero no esclaviza a sus miembros, por el contrario, echa por tierra las viejas barreras políticas que la burguesía impone a la participación popular, de modo que se constituye en la más amplia democracia. Compuesta por los sectores a lo que el capital explota, aboliendo los mecanismos institucionales mediante los cuales la burguesía perpetra esa explotación, como forma de liberarse de las cadenas que impone este sistema.

En ese mismo texto, Federico Engels discute en la introducción que él hizo para la obra, otra cuestión fundamental, el de la dirección política. Recogiendo lo narrado por Marx, Engels señala las debilidades que las corrientes políticas que encabezaban a la Comuna tuvieron, como es el caso del anarquismo o el blanquismo (corriente dirigida por August Blanqui) en las que estaba dividida. Precisamente porque los errores y las deficiencias de estas dos corrientes que se disputaban la hegemonía en aquel momento fueron clave, y no es que fueran completamente culpables en la derrota, pero su división restó fuerza a la Comuna.

Es esta discusión la que sería retomaba varias décadas después con el fin de analizar los sucesos revolucionarios de Rusia en 1905, con el surgimiento de los Soviets, que eran grandes asambleas de obreros rusos, cuyas características eran muy parecidas a la Comuna de París. Estos consejos de trabajadores estaban dominados por las corrientes reformistas, entre ellos los mencheviques que no se apostaban a ganar la lucha por el poder sino a conseguir paliativos para el movimiento obrero.

Es ahí donde los revolucionarios como Rosa Luxemburgo o Lenin discuten en torno a la construcción de la dirección revolucionaria, un debate en el que también aparece Trotsky y Gramsci, el gran referente de análisis era por supuesto la Comuna de París. Dado el enorme potencial de dicha experiencia, hay que analizarla con entusiasmo porque es un debate vigente, que ronda en torno al tipo de organizaciones que hoy necesitamos para combatir al capitalismo, que con sus métodos de explotación se ha vuelto cada vez más salvaje.

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