Cultura

TEATRO

A propósito de “Hernanito”

Una pieza "ezquizo-industrial" de Alejandro Acobino: "Más que la locura, lo que me inquieta son los extremos de la mente. O sea, cuando la mente se desata y se transforma en una especie de caballo desbocado. Mi interés sobre el tema de la locura es antes como persona que como dramaturgo"

Alejandro Campos

Colaborador LID

Viernes 19 de septiembre de 2014

Salinas , un obrero evangelista. Juan Jorge (Jota Jota), un patrón esquizofrénico y ventrílocuo. Ambos esclavos: de sus respectivos lenguajes. Aquél, “La Palabra” de Dios; Éste, la palabra del Padre, encarnada en Charulo, muñeco heredado de su padre ventrílocuo. El escenario de convergencia de estos mundos antagónicos: una pyme metalúrgica.

La obra sugiere, ya desde el título, un vínculo entre capitalismo y esquizofrenia. Jota Jota, obsesionado con el control de la productividad, no demora en comenzar a perder la razón. La máquina – estrella, una joya que ha importado de Japón, funciona a la perfección. A su mente en cambio se le zafan los tornillos. Pronto, la lengua pierde patrón y se desata el palabrerío, a Jota Jota se le ventriloquea el lenguaje. El muñeco, encerrado en la caja fuerte de su oficina, “empieza a hablar”. El personaje oscila: por momentos cree, por momentos no, en la existencia del muñeco parlante. Es este conflicto en su personalidad, partida en dos, lo que sabotea su éxito empresarial.

Frente al lenguaje esquizo y a la personalidad fragmentada, a las palabras descontroladas de Jota Jota, frente a ello… “La Palabra”. Así, en Singular Mayúscula, “La Palabra de Dios”. Al promediar la obra, una radio evangelista que escucha Salinas reza: “…pero una cosa es la palabra y otra cosa es “La” palabra”. En ella encuentra refugio Salinas, tal como reflexiona J.J cuando su empleado le cuenta qué significa Jesús para él: “Interesante Salinas. Alguien a quien hablarle y que nunca te traiciona”. La palabra de Dios refugia en la totalidad, es un remanso, lo inverso de lo que el diabólico muñeco representa para J.J, siempre traicionado por aquél.

La obra trata con hondura e ingenio temas poco frecuentados en el teatro actual, como por caso el impacto de un sistema económico en la salud mental o en las formas de utilizar el lenguaje. Y lo hace sin caer en la somnífera didáctica ni en la obviedad (tendencia corriente en obras que exploran estos temas), manteniendo, merced al texto y a las buenas actuaciones de Rodolfo Demarco y Fernando Gonet, la calidad y la tensión dramática. Una obra muy recomendable, de las más interesantes que vi en el circuito off porteño durante el último tiempo.

La obra se encuentra en Cartelera.
Todos los sábados a las 23.30, en Teatro del Abasto (Humahuaca 3549)






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