Sociedad

MEDIOS DE COMUNICACIÓN

A propósito de Informe Especial: El discurso criminalizador de la clase dominante en los grandes medios

La actual crisis de legitimidad que viven los canales de televisión ha venido proliferando tanto por el estallido social, como por el contexto sanitario que vivimos actualmente. El último reportaje de Informe Especial es el vivo ejemplo de cómo un canal estatal que promueve el discurso virulento del gobierno, insistentemente busca criminalizar a los sectores más combativos que se organizan en las calles y que tienen un apoyo popular importante.

Sábado 31 de octubre | 10:04

El jueves se transmitió el programa “Informe Especial” a través de Televisión Nacional de Chile (TVN), presentándonos como eje temático el “Estallido Social”, fenómeno que iniciado el 18 de Octubre de 2019, significó el comienzo de las manifestaciones sociales más masivas y contundentes desde el retorno a la “democracia” en Chile.

Sin embargo, más allá de la línea política a la que nos tiene acostumbrados la editorial de dicho programa, resulta preocupante la emisión de este último reportaje, luego de que hace unos días se diera a conocer una carta presentada por el presidente de la Federación de Trabajadores de la Televisión (FeTra TV) Iván Mezzano, en la que se expone las citaciones y reuniones efectuadas entre los directores de diversos medios televisivos y funcionarios del gobierno en La Moneda. Esto, en el contexto de la rebelión que significó un despliegue comunicacional sin precedentes por parte de los grandes medios en desprestigiar las protestas y en particular a la denominada “Primera línea”.

No tan sólo es alarmante el discurso criminalizador que busca instalar Informe Especial, expresado en la construcción narrativa y audiovisual del reportaje, sino por una serie de mentiras y conjeturas que se desarrollan en un poco más de una hora y diez minutos, orientadas específicamente a entregar un mensaje comunicacional que busca generar el odio hacia los sectores más combativos en contra del régimen. Cuestión que por más ha intentado el gobierno de Sebastián Piñera, ha fracasado rotundamente.

Sobre la construcción discursiva de los manifestantes

Lo primero que destila la realización periodística de Santiago Pavlovic es una suerte de malestar frente la deslegitimación vivida actualmente por los medios de comunicación tradicionales, acusando a quienes se refieren a la tergiversación de la información como “personas intoxicadas por patrañas”. De aquí, en menos de cinco minutos de programa es que queda clara la lucha ideológica que se propone el reaccionario periodista, invalidar la profunda crítica hecha por amplios sectores de masas al cerco comunicativo, y los intereses corporativos de los medios con empresarios y funcionarios del Estado.

A través de constantes imágenes entre Carabineros y manifestantes, se intenta ridiculizar permanentemente a quienes se encuentran en la “primera línea” diciendo que realizan "bufidos sordos" y que la formas en que se enfrentan a Carabineros con sus escaramuzas, “probablemente” viene de haber visto la serie Vikingos, y que en su oposición a la autoridad desvalorizaban las demandas justas con las que acordaba la mayoría.

Queda claro en este aspecto, que para el realizador los manifestantes que se encuentran enfrentándose a Carabineros no son más que un cúmulo de violentistas, adolescentes e instigadores del odio que buscan quemarlo todo sin escuchar a nada ni a nadie. Cuestión que permanentemente buscan instalar los medios tradicionales, sobre todo buscando el testimonio de locatarios y residentes afectados por las manifestaciones que descargan su enojo contra quienes protestan. Sin embargo, se encuentra prácticamente ausente durante todo el programa, la mirada de quienes los apoyan siendo dejados como una minoría, bastante sugerente frente a la simpatía presente en un amplio sector de la población.

El clásico discurso del Chile progresista postdictadura y la juventud

Otra idea que se busca instalar durante todo el programa, es lo malagradecidos que somos al quejarnos de un país que ha “crecido” y se ha “desarrollado” tanto luego de la dictadura. Prácticamente cada 15 minutos no señalan que Chile pasó de reducir la pobreza, desde 1990 al 2018, de un 50% a un 9%, a la par que se vanagloria por haber reducido la desnutrición, y la posibilidad de acceder a la educación superior de miles de jóvenes. Un pensamiento bastante hipócrita si es que tomamos en cuenta el endeudamiento millonario de miles de universitarios, la precariedad de la vida, y la enorme desigualdad de la cual se referirán algunos y algunas intelectuales en el transcurso del episodio.

Resulta tan ridícula y burda esta idea de presentar a quienes protestan y se manifiestan, que abordando el aumento en el pasaje del metro, el realizaador llega a posicionarse a favor, y tomar como razonables las palabras del ex ministro de economía quien sugirió "madrugar para pagar un pasaje más barato”.

Sin embargo más allá de lo repulsivo de lo mencionado anteriormente, resulta aún más indignante y terrorífico el reportaje, al validar la utilización no tan sólo de Carabineros frente a la brutal represión hacia la protesta social, sino también de las Fuerzas Armadas para contener a los manifestantes. Incluso literalmente Pavlovic refiere a quienes critican la utilización de las Fuerzas Armadas como “chilenos sañosos que tenían fresca en la memoria la represión dictatorial”.

Desde aquí en adelante se intenta dar una imagen de la juventud compuesta de una especie de ingenuidad y odio irracional en contra de cualquier tipo de autoridad, y que prácticamente los pobres militares se vieron atados de manos con tal de no efectuar una masacre.

Sobre la desigualdad y la visión de académicos e intelectuales

Sin embargo no podía ser todo mero discurso verborreico hacia la primera línea, y de algún lugar la realización de Pavlovic tenía que agarrarse para mostrar otras visiones más allá de su virulenta y reaccionaria posición política.
Para esto es que durante todo el programa se muestran conversaciones con intelectuales como Alberto Mayol, Eugenio Tironi o el rector de la Universidad de Diego Portales, Carlos Peña, y analizar así el estallido social.

Durante este bloque, se intenta orientar el problema de la indignación frente a la crisis de representatividad actual, como una cuestión no atribuible a factores propiamente económicos ni de políticas sociales, sino de percepción sobre las expectativas y aspiraciones personales, que sin dejar de tener un grado de verdad resultan superficiales, si lo que se busca es legitimar un modelo económico y político que se ha sustentado en base a la precariedad de la vida. El caso más descabellado tiene relación con las pensiones de miseria.

Un paralelo hipócrita y la Convención Constitucional como la guinda de la torta

Por último, como una forma de instalar la idea “la violencia está mal venga desde donde venga” que no se condice con la editorial tendenciosa de criminalización hacia la protesta social y la primera línea, buscan hacer un paralelo entre el caso de Esteban Carter de Rancagua, que recibió un disparo directo de lacrimógena en la cabeza quedando con importantes secuelas, y una Carabinero que recibió una bomba molotov en Santiago. Como si hubiese una especie de balanza o proporcionalidad en el uso de la violencia desarrollado por Carabineros y los manifestantes de la rebelión popular de Octubre de 2019.

Tan indignante es la situación que se entrevista al General Director Nacional de Orden y Seguridad de Carabineros, Ricardo Yañez, quien miente descaradamente señalando que no hubo víctimas fatales por parte de Carabineros, y que no se utilizaron armas letales. Directamente una burla para la memoria de todo aquellos que fueron asesinados por la represión de Carabineros y Fuerzas Armadas, y las centenas de traumas oculares producto del disparo por perdigones. Ni siquiera se dignaron a relatar los casos de Gustavo Gatica y Fabiola Campillay, quienes perdieron la totalidad de su vista al ser atacados por Carabineros.

Y si esto no pareciera suficiente, los últimos minutos intentan dar el broche de oro señalando que gracias a la unidad y el entendimiento entre los distintos partidos del régimen se pudo conseguir una nueva constitución, y una convención constitucional para Chile la cual fue votada el pasado 25 de octubre.

El discurso de la clase dominante, y la necesidad de medios estatales al servicio del pueblo trabajador

Durante los últimos días los medios de comunicación de masas han estado en el centro del debate público. La huelga legal de los trabajadores y trabajadores de Mega que ya cumple una semana, y la información emanada por distintos medios de prensa que evidencian los intereses existentes entre diversas televisoras y el gobierno de Piñera aumentan la incredulidad y desconfianza por parte de la población.

No resulta menor esta desconfianza si es que desde diversas fuentes se han señalado acciones tan comprometedoras, como el resguardo de TVN por contingente de Carabineros, el uso de azoteas para la utilización de Drones, la exposición permanente de trabajadores a situación de malestar colectivo en contra de su voluntad. Todo esto en un contexto de visitas entre funcionarios del gobierno y altos ejecutivos de la comunicación e incluso durante el contexto de pandemia la Moneda habría convocado a los principales rostros de la televisión para implantar “la nueva normalidad” en las pantallas, según lo signado por la voz que los que sobran.

Esto habla de una situación crítica en los medios de comunicación televisivos, quienes se encuentran afectados por los cambios tecnológicos y planes de reestructuración dentro de sus planteles. Esto se expresa por ejemplo en que durante los últimos años se han generado despidos masivos de trabajadores, y la precariedad laboral en gran sostenida en el subcontrato y la tercerización del trabajo. A la par de que durante el estallido social se desarrollaron críticas sistemáticas por parte de amplios sectores de masas, junto con organizaciones políticas y sociales frente a la editorial reaccionaria y progobierno desplegadas a través de distintos canales. Cuestión que se demostró constantemente frente a la difusión informativa de medios independientes y contrahegemónicos a los grandes medios dominados por el empresariado chileno.

Los hechos mencionados debieran permitirnos reflexionar sobre la necesidad de que las clase trabajadora y los sectores populares cuenten con medios de comunicación de masas que permitan amplificar el número de denuncias que sistemáticamente buscan ocultar los canales y la prensa tradicional, y posicionar las demandas concretas que exigen la grandes mayorías, y sectores precarizados.

La gestión de Televisión Nacional de Chile por sus trabajadores de manera independiente de los empresarios y los partidos del régimen, puede resultar determinante como una respuesta estructural no solo a la concentración y distribución de la información bajo un sistema capitalista de producción que vincula a la industria cultural y de la información con los grandes empresarios, sino como una respuesta de raíz a los cientos de despidos que vemos permanentemente junto con las difíciles condiciones laborales que sortean los trabajadores de la televisión y los medios culturales.

Es necesario pelear por la expropiación y estatización de los medios de comunicación de masas, bajo el control de sus trabajadores y trabajadoras, quienes junto con comunidades, barrios y organizaciones políticas y sociales, generen un gran proyecto nacional. Y que se promuevan programas orientados a las necesidades e intereses de la población. Parrillas programáticas sobre ciencia, cultura, artes, y todo tipo de temáticas, cuyo financiamiento no dependa de la competitividad entre privados por el acaparamiento de audiencias con fines comerciales, sino por el desarrollo cognitivo y socioemocional de las comunidades, en perspectiva de una sociedad diferente.






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