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A un año del tsunami en Chile: damnificados de Baquedano siguen viviendo en carpas

El 16 de septiembre de 2015, un sismo ocurrido en la región de Coquimbo, norte de Chile, alcanzó una magnitud de 8,4 grados en la escala sismológica de magnitud de momento.

Jueves 22 de septiembre de 2016 | 14:10

El 16 de septiembre de 2015, un sismo ocurrido en la región de Coquimbo, norte de Chile, alcanzó una magnitud de 8,4 grados en la escala sismológica de magnitud de momento. El epicentro se ubicó a 37 kilómetros al noroeste de Los Vilos y a 37 kilómetros al suroeste de Canela Baja. Fue percibido en gran parte del país, y también en algunas zonas de Argentina, Uruguay y Brasil.

En ese momento el sismo cobró la vida de quince personas: siete en Coquimbo, una en Monte Patria, una en Illapel, una en Ovalle, una en La Higuera, una en Valparaíso, una en Catapilco, una en Olmué y una en Maipú. Y dejó cinco heridos de diversa consideración. Además, se informó de 27.722 personas damnificadas, 2.442 viviendas destruidas (2440 en la región de Coquimbo y dos en Valparaíso) y 2712 con daños severos (2705 en la región de Coquimbo, seis en Valparaíso y una en O’Higgins).

A casi un año de esa tragedia, el intendente Claudio Ibáñez admitió las complejidades del proceso de reconstrucción. Durante estos meses, dice, el gobierno se concentró en mantener las actividades productivas, como la pesca y la acuicultura, a objeto de que no se perdieran empleos.

También puso énfasis en otorgar soluciones de habitabilidad a las personas cuyas viviendas resultaron dañadas por el gran sismo y/o el maremoto. Aseguró que bajo este ítem se han entregado 13 mil soluciones habitacionales.

Según el funcionario la región de Coquimbo, "es una zona de riesgo de tsunami y así está declarada en el próximo plan regulador comunal. Nuestro dilema se relaciona con la necesidad de proteger la vida humana y por ello hemos tratado de convencer a las personas que están en una zona donde sus vidas están bajo riesgo. A pesar de nuestras advertencias la gente nos explica que desean mantenerse en ese lugar porque sus padres y sus abuelos son de allí, pero es legítimo y responsable de parte del Gobierno, que queramos proteger sus vidas”.

El desconsuelo y los problemas que causó a los damnificados el terremoto están lejos de finalizar, y de ello dan cuenta más de una veintena de vecinos del sector Baquedano de Coquimbo, que a la fecha no recibieron las viviendas de emergencias al estar paralizadas las demoliciones de sus domicilios dañados, teniendo que vivir por más de 9 meses bajo el peligro y la vulnerabilidad social.

A pesar de las explicaciones oficiales, unas 150 familias damnificadas por el tsunami se agruparon para rechazar el proyecto de reconstrucción propuesto por el gobierno, y pedir la presencia de autoridades nacionales en la zona para dar a conocer su postura

Son un total de 150 las familias agrupadas en el Comité Unión Baquedano y pertenecientes a las poblaciones Gabriela Mistral, Los Pescadores y Chacabuco. Quienes realizan una dura crítica al actuar de las autoridades tras la emergencia, considerando que a la fecha su sector se mantiene en precarias condiciones, y que se intenta desarrollar un proceso de revitalización, que aseguran, no es validado por los pobladores.

Marcia Saavedra, vecina del sector Baquedano y dirigente del citado comité, destacó que “la ayuda llegó en su momento tras la emergencia. Pero en la actualidad gran parte de la comunidad se siente hostigada por la poca claridad que tenemos de nuestro futuro. Debimos recurrir a la Moneda para frenar las expropiaciones, y hoy nosotros solo queremos vivir tranquilos y que nos ayuden para continuar reparando nuestros hogares”.

Por el contrario las presiones oficiales para que las personas vendan sus hogares son muy fuertes. Algunos funcionarios llegan hasta los domicilios a pedir que vendan sus hogares, y los llamados telefónicos son constantes. “Las instituciones de gobierno niegan esto, pero es real, e incluso solicitamos una reunión para exponer la problemática y no somos tomados en cuenta; al punto que llegamos hasta el Congreso. Aseguro que de 500 familias existentes en nuestro barrio, solo 70 ven como posible irse de acá” sostiene Saavedra.

La comunidad de Coquimbo propone que se construya con todo lo necesario para mitigar el efecto de un tsunami, incluyendo medidas de seguridad en sus hogares. Más aun considerando que esto se debió hacer antes, al existir un precedente de un maremoto anterior y que la población se reconstruyó tras la emergencia de 1922, pero jamás se hizo nada. Mientras, hoy simplemente se busca que salgamos de nuestro sector a toda costa”.

Un estudio que aventuró la tragedia

Según una información publicada por el diario El Día de Chile, una tesis de maestría realizada por Ximena Cortés, ponderó que podría ocurrir en las costas del puerto un terremoto de 7,6 grados. Su investigación aventuraba los daños que provocó el tsunami ocurrido en la región.

“Mi tema es la planificación territorial. Había antecedentes históricos de tsunami en la región. Cuando fue el terremoto de Copiapó en 1922, el agua entró desde el Faro de La Serena hasta la bahía de Coquimbo. Además, las características geofísicas y morfológicas de la zona hacen que sea una zona con alto riesgo de inundación”, señala. Con todos esos antecedentes, se dio a la tarea de averiguar qué ocurriría si frente a la costa de Coquimbo ocurriera un terremoto 7.6.

Bajo el título “Plan de manejo integral del Barrio Baquedano de Coquimbo para enfrentar el riesgo potencial de tsunami”, la investigadora relevó los antecedentes históricos y las cartas de inundación que el Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada de Chile (SHOA) ya había hecho. A eso sumó levantamiento propio de datos con información del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y del municipio respecto de los usos de suelo, plano regulador, datos sociales y económicos, actividad económica del Barrio Baquedano, ubicación de las tapas de alcantarillado, postes de alumbrado público, tendido eléctrico, direccionalidad de las calles, entre otros.

De ese relevamiento encontró que “existen muchos talleres que contienen materiales peligrosos como diluyentes y ácidos, materiales que se utilizan en pinturas, butano, bencina, petróleo. Todos elementos contaminantes y que además, en contacto con el agua producen gases tóxicos. La disposición de calles existentes coincide con el ingreso de las aguas del tsunami y se transforman en verdaderos canales y las escaleras de evacuación son mínimas”.

Ximena Cortés sostiene que en 2008 advirtió a los municipios sobre lo que podía pasar pero no tuvo respuestas de las autoridades. “Debería haber insistido con la autoridad” expresa la investigadora, “y que no quedara este conocimiento sólo para la cátedra. Quiero dejar toda esta información a disposición de quienes hoy tiene la decisión de uso de suelo y los planes reguladores. Estos antecedentes deben ser considerados, el dato geográfico es importante. La Teletón y los colegios, deben salir de ahí, construirse en otro lugar. En suelos frágiles no puede haber uso educativo o de salud, no pueden estar en lugares inundables”.






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