Cultura

TRIBUNA ABIERTA

Aula de la cultura

Nuevo espacio de reflexión y difusión de la cultura nacional. Destaca la labor del Colectivo de escritoras "El Arca Literaria", que sesiona en la Sociedad de Escritores de Chile.

Martes 22 de mayo | 12:22

En la imagen destacada, de izquierda a derecha, las escritoras: Isabel Gómez, miembro del Directorio de la Sociedad de Escritores de Chile y Melania Tello del "Arca Literaria”

Consciente de la importancia de la cultura, en el desarrollo de la identidad y progreso de los pueblos, inauguro con mucho gusto, este nuevo espacio, denominado: AULA DE LA CULTURA, destinado especialmente a la reflexión y difusión de las artes y otras manifestaciones culturales en Chile, cuyo objetivo fundamental, es visibilizar desde distintas ópticas y formatos, de manera multidisciplinaria: literatura, música, pintura, cine, filosofía, teatro, fotografía, ajedrez, etc., como asimismo, sus principales cultores y agentes, ya sea, se trate de figuras consagradas o emergentes, dando cuenta, del significado y trascendencia del "fenómeno cultural", para el destino de las futuras generaciones.

En esta oportunidad, destaco la labor literaria, en nuestro país, del colectivo “El Arca Literaria", fundado hace seis años por las escritoras Marina Latorre, Melania Tello, Vilma Orrego y otra integrante, que actualmente vive en provincia.

Su misión es hacer justicia y lograr la igualdad de las escritoras, pertenecientes a la Sociedad de Escritores de Chile, en cuanto a su relación institucional y con sus pares varones.

Por ello, sus publicaciones y boletines, abordan distintos temas y contenidos culturales, que en el ámbito de la creación artística reivindican los derechos de género e intentan abolir una cultura machista y patriarcal incoada por años en la sociedad chilena. Sus poemarios, tratan la contingencia del femicidio, la violencia de género y la familia.

De izquierda a derecha, las escritoras: Isabel Gómez, Directora SECH CHILE y las integrantes del “Arca Literaria”: Guadalupe Becerra, Edith Contador y Sabina Cortés.

El pasado viernes 18 de Mayo del 2018, a las 19:00 hrs., este colectivo,, realizó el lanzamiento de su Boletín N° 3, inspirado en el tema de "La Familia", en la Casa del Escritor, ubicada en Almirante Simpson 7, Providencia . Dicho evento, fue conducido y moderado por la escritora y miembro del directorio de la SECH, Isabel Gómez y contó con la presencia de distinguidas escritoras del medio nacional y público en general.

Participaron en las lecturas, del poemario 2017, las escritoras: Guadalupe Becerra, Edith Contador Villegas, Sabina Cortés Sanhueza, Ruby Periale, Emilia Paez Salinas, Marcela Royo Lira, Marina Latorre, Eliana Segura Vega y Melania Tello de El Arca Literaria. Y como escritoras invitadas de la SECH: Malú Ortega (Directora SECH CHILE), Paulina Correa, Nelly Salas Vargas y Carla Andrea Zapata.

Luego, de una interesante introducción sobre los cambios que ha experimentado la familia en nuestro país, el grupo de escritoras, una vez más instaló a través de sus cuentos, poemas y mini ensayos , una reflexión necesaria sobre la noción de género, desde la perspectiva de la mirada global, que tienen los derechos humanos en la post modernidad.

Para el disfrute de los lectores, dejo a continuación , una selección de los textos literarios leídos, con ocasión de este lanzamiento:

1.-GUADALUPE BECERRA
La escuela, mi familia

María camina lento, había dormido mal y poco. El día anterior, las profesoras les habían dicho: mañana es en Día de la Madre y haremos una celebración. Las niñas que tengan su mamita viva, traerán una camelia roja y las que tengan su mamita en el cielo, traerán una camelia blanca.

Y por eso, María está confundida, con sus nueve añitos no sabía si su madre está viva o muerta, la había visto una vez cuando chiquita, pero, no creyó que fuera su mamá, porque ni la abrazó, ni besó… nada.

Con la cabeza acalorada y el corazón palpitante va María con las manos vacías, pero, levanta la mirada y allí desagarrándose de una mata de camelias, entre rojas y blancas, estaba al alcance de su mano… la blanca jaspeada de rojo, blanca y roja, con mucho cuidado la tome y corre a la escuela. Se la entrega a su maestra, y ésta le dice:

  •  Pero, no es la que pedimos…
  •  Sí, profesora, pero, yo no sé si tengo mamá viva o muerta. No sé.
  •  ¿Con quién vives?
  •  Con mi madrina, le ayudo a limpiar los gallineros, la huerta y me manda al colegio.

    Con los ojos humedecidos, la maestra abraza a la niña.

    María, piensa: así deben abrazar las mamás.

    Para María, la escuela fue siempre su refugio, su casa, su familia.

    2.- EDITH CONTADOR VILLEGAS
    La sombra de la oveja negra

    Permanece dormida en el revés de tu falda,
    esa sangre que recorre la historia encuadernada en la pupila.
    Es el rompeolas que siembra amor en la arena madre.
    Viejas almohadas murmuran discursos,
    un padre de novenas y violines vigila.
    Tu casa espera con la luna sobre el dintel,
    la oveja negra en renuevo madre.
    Una casa infinita, un ruido permanente.
    El oleaje del mundo ha quebrado la geometría de la casa.
    Un tiempo extrañoso enloquece tu huerto,
    por la hamaca del patio desfilan gorriones,
    libélulas ronronean sobre los cuerpos,
    y alazanes cruzan desnudos por la higuera.
    Un murmullo herido por el adiós,
    recorta diarios parlamentos en la mesa,
    el secreto loco, el ruido loco, el hijo.
    Un quijote urgido por caminos fatuos.
    Sigue tu sombra la oveja negra madre
    suele estar en recodos de tu falda.
    Los retoños vuelan, los retoños vuelan,
    la artesanía en el ventanal son estirpe,
    fiebre de risa en el fogón son estirpe.
    La despedida es un beso alargado por cien lágrimas.
    El muro esconde el candado del retorno.
    Aún sigue en el pliegue de tu falda,
    la sombra de la oveja negra madre.

    3.- MARINA LATORRE URIBE
    Ya estamos de vuelta de todo

    Pertenezco a este grupo denominado "Arca Literaria" desde su fundación, colectivo, donde las opciones suelen ser diversas y contradictorias. Para este Boletín N° 3, el tema propuesto ha sido “ La familia”.

    Recuerdo en primer lugar, el hermoso poema de María Elena Walsh “"Barco quieto": "No te vayas, te lo pido,/ de esta casa nuestra donde hemos vivido./ Qué nostalgia te puedes llevar/ si de la ventana no vemos el mar:/ Y afuera llora la ciudad/ tanta soledad”. Un grito sin grito, con toda la sutileza de un dolor callado, que la autora dedicó a Sara Facio, espectacular fotógrafa, con quien fue pareja por más de treinta años y formaron una dichosa familia. Lo más destacable de su vida y obra fue su sensibilidad por los problemas sociales y su amor por la infancia. Durante toda su carrera publicó más de 20 discos y escribió más de 50 libros desde inicios de la década de 1980 hasta su muerte.

    Este clamor en los versos siguientes: "No te vayas,/ quédate/ que ya estamos de vuelta de todo…" puede ser el ruego de cualquier pareja enamorada, tanto de mujer con mujer, de hombre con hombre o mujer con hombre . En este caso del poema, la tristeza es la misma, el dolor en que se queda el abandonado o la abandonada es para toda pareja que sufre la separación.

    No será un papel o decreto el que creará la familia, sino lo que se pretende constituir como base fundamental, el amor. Quizá, para los que no quieren entender que el mundo y la sociedad evoluciona o cambia, surgen otros grupos que también reclaman su derecho a amarse como factor constituyente de ser familia.

    Los cambios en el mundo del trabajo y la mercantilización de la vida cotidiana en un mundo caótico y desigual, siempre al borde del miedo, hace que los seres humanos en su desesperación y desconcierto traten de crear familias dentro de lo que pueden y como pueden. Y más aún, algunos ni siquiera lo conciben por haber permanecido al margen de todo. De este modo, el concepto de familia ha implicado cambios legales y sociales en cuanto a sus formas. El conjunto de transformaciones que ha experimentado la familia en el mundo occidental constituye, sin duda, una de las manifestaciones más importantes del cambio social en el mundo contemporáneo.

    La conocida como “ familia nuclear” va cediendo espacio a una creciente diversidad de formas y estilos de vida familiares. Como consecuencia de los cambios ocurridos en la formación y disolución,y además, en la inserción laboral de las mujeres, incluidos los distintos conceptos de género y sexualidad, cambio de sus raíces, lo que tradicionalmente se concibió como familia nuclear. Sin embargo, hay otras que nadie podría objetar: las familias formadas por los grupos ya bastante conocidos, que se han denominado “ queer”.

    La teoría Queer, es la elaboración teórica de la disidencia sexual y la de-construcción de las identidades estigmatizadas, que a través de la resignificación del insulto consiguen reafirmar que la opción sexual distinta es un derecho humano. Las sexualidades periféricas son todas aquellas que se alejan del círculo imaginario de la sexualidad “ normal” y que ejercen su derecho a proclamar su existencia.

    La Teoría Queer, también plantea el derecho de todas las personas a la autodeterminación de sus propias vidas y a ser felices en un sistema que reconozca sus uniones erótico-afectivas, que reconozcan el matrimonio para quienes quieran hacer uso de ese derecho y formar una familia distinta, pero, tanto o más respetable, como la tradicional; porque si tradicionalmente se pensó, que el requisito último constituyente de familia debería ser el amor, los casos frecuentes en nuestro Chile de “ femicidios”, nos llevan a plantear, a cuestionar el concepto antiquísimo de familia, el que tenía que ser “ legal”. Algunos aún creen y defienden una utopía que se desmorona día por día.

    Y así, dolorosamente, constatamos los casos casi diarios, de “ femicidios”, muchas veces, en los cuales, el marido, pareja o conviviente resulta ser el asesino. La mayoría de las veces, dramas familiares, dentro de lo que se entiende o algunos quieren entender por “ familia”. Tal vez, el caso más emblemático, porque ocurrió en nuestro país , y por lo mismo, nos toca directo a nuestra conciencia, es el caso de Nabila Rifo. Golpeada con pies y puños en todo el cuerpo; en el cráneo con ladrillos de hormigón; arrancados sus ojos con elementos de metal, agónica, tirada y abandonada en la calle por su pareja y padre de dos de sus hijos.

    La Corte Suprema de Justicia de Chile, le rebaja sustancialmente, la pena al agresor, por considerarlo no femicida, y más aún, para los legisladores chilenos, el individuo Ortega “ no tuvo intención de matarla “.

    Solidariamente, como Mujeres, nos sentimos todas Nabila Rifo, en una sociedad en la que el concepto de familia, se ha ido muriendo, y donde, día a día, se nos pretende sumir en un concepto de vida de abuso constante y brutal.

    No sin nostalgia, por lo que algún día fue o pretendió ser, la familia constituida por el fundamento del amor, y que hoy reflexionamos, tratando de buscar en nuestro entorno o amistades algún caso de familia conservado con lo que se quiso, que esta institución representara, y la que hoy, bajo un prisma de criterio amplio, representa, metafóricamente, como si este concepto, fuera un ser vivo, gritamos con María Elena Walsh: “ No te vayas,/quédate,/que ya estamos de vuelta de todo/ y esta casa es nuestro modo/ de ser “.

    4.- EMILIA PÁEZ SALINAS
    Miedo

    La noche se abriga de estrellas y trae susurros que destierran el tráfico a un exilio de varias horas, pienso que por la calle va el peligro como muerte anónima, dispuesto a derribar a cualquiera que no acate la orden, es el tiempo del apocalipsis, de la injusticia, que actúa con plena certeza de triunfar. Es el fatídico toque de queda que trae las horas más amargas de los torturados. La ley de fuga es reina absoluta de la noche y la voz de una mujer, de miles de mujeres, clama, llora para que sus entrañas no sean masacradas, quizás, algún nombre salga con vergüenza y remordimiento de las bocas duramente castigadas.

    Es tarde, aprieto el paso y la mano de mi hijo, hurgo en la semioscuridad. Nadie. Entonces, corremos hasta que el olor a neumáticos quemados y la picazón en los ojos me alertan. En ese instante, vemos la barricada y a ellos, algunos con metralletas, otros con palas, despejan el lugar.

    El toque de queda comenzó hace poco, un siglo, no sé. Lo único que siento es mi temblor y el del niño. Nos deslizamos pegados a una muralla. Detrás de los árboles escondemos nuestros miedos, maldigo en silencio haberme quedado hasta el final de la reunión, sé que no puedo permanecer allí y retrocedo hasta la casa de la señora Elia, anhelo un milagro, tal vez, la puerta esté abierta, busco el picaporte y vislumbro la salvación, nos zambullimos en el jardín. El perfume de las flores se pierde entre los insultos de ellos y ahí, a pocos metros, veo las botas: “ y va a caer; y va a caer”, escucho a lo lejos, luego, ráfagas de metralleta, carreras, disparos dentro de la cabeza, del corazón, todo mi ser está lleno de estruendo y pasa un segundo, quince minutos, una eternidad, abrazada a mi hijo, espero, esperamos, esperamos...

    Cuando todo ruido cesa, nos adueñamos de la avenida. Un perro camina lento, el hambre lo alcanzó como saeta mortífera. Nos mira con indiferencia.

    Un vehículo, instintivamente tomó a Juanito, nos escondemos detrás de un montón de tablas. “ La rueda del tiempo” se detiene, la sangre sube a la garganta, a mi cabeza, transpiro frío, las piernas tiemblan, un ahogo golpea, derrumba. Miro.

    Cuatro hombres y lo único que espero es que pasen, se alejen para llegar a la tibieza de nuestra casa y refugiarnos en los brazos de Vicente. El auto avanza punzando con sus luces las casuchas amontonadas en la pobreza y desamparo. El niño no habla, apenas respira. Nuestros ojos están fijos en el peligro, que se desliza como una serpiente dispuesta a matar a cualquiera. Pasan millones de años y el vehículo está detenido muy cerca del pasaje donde vivimos. Cuando la desesperación aturde, ellos se van, desaparecen de mi vista, de mi vida, del cosmos.

    Corremos, volamos hasta llegar, prendo la luz y casi no puedo creer lo que veo. Las sillas están volcadas, pedazos de espejo esparcidos por el suelo, la cama revuelta, el colchón abierto hace una mueca grotesca. Mi hijo llora al ver su payaso destrozado.
    Creo nadar en un río de témpanos. Busco a Vicente. El desaliento me acorrala, un trueno estalla en el pecho y lloro junto al niño. Olvido su nombre.

    La voz de mi hijo me hace reaccionar: “mamita, vamos”. Lo miro, respiro profundo.
    Una luna miserable alumbra. Abandono el hogar, las ilusiones, mi nombre, como si fuesen ataduras. Golpeados y heridos en el alma, nos vamos.

    5.- RUBY PERIALE
    Joaquina

    Hacía más de media hora que Joaquina estaba frente al espejo. Comenzó observando su rostro con gran detenimiento, incluso trata de contar sus arrugas.

    Cuando creyó haberlo hecho descubría otras. Luego, analiza su cuerpo. Se miró el cuello, se dio cuenta que al inclinar la cabeza se le arrugaba, debía tomar nota, nunca agacharla. Después, fueron los brazos, estaban bastante sueltos. Enseguida, su abdomen abultado y con celulitis, tendría que hacer grandes esfuerzos. Las piernas y los glúteos para qué decir. Más ejercicio y comer menos. Estaba tan deprimida. ¿ Por qué los años van estropeando nuestro envoltorio, cuando por dentro nos sentimos tan jóvenes y vitales? Es muy duro reconocer que envejecemos y sobre todo si la pareja que tenemos es mucho menor.

    Joaquina, había conocido a un atractivo hombre, dieciocho años menor. Cuando lo vio por primera vez, en un club al que ella asistía, simpatizaron. En otras ocasiones, coincidieron en diferentes lugares, así entablaron una amistad, que para ambos resultó muy entretenida. Sin saber cómo, se involucraron. Ahora, estaba con él, en la cama de un hotel cualquiera. Fue tanta su desesperación que comenzó a llorar en forma histérica. Se sintió remecida con fuerza, una voz lejana decía:

  •  ¡Despierta, Nina, despierta! ¿Qué te pasa?

    Abrió los ojos y junto a ella vio a un hombre mayor, de pelo blanco, lleno de arrugas, que con cara de preocupación la miraba. Se sintió tan feliz, lo abrazó besándolo con pasión en medio de sollozos. Él dijo con los ojos muy abiertos: “ Hace tiempo que no me besabas así querida, ojalá tuvieras pesadillas más seguido.”

    INVITADAS:

    6.- CARLA ANDREA ZAPATA

    Las cartas de mi madre

    La casa era antigua y con muchos dormitorios. En el segundo piso, tenía un galpón gigante con aproximadamente cuarenta camarotes. Unas señoras de rostro contraído y adusto, merodeaban para vigilar que todo estuviera en orden.

    Cuando llegó, divisó un hermoso jardín donde había muchos árboles y se respiraba la fragancia de las rosas. Suspiró con tristeza, al recordar el día, que se separó de su madre. Ambas se abrazaron por última vez, en un intento por mantener vivo lo que sobrevivía de su amor. Lloraron humedeciendo los años de botellas de vino que las distanciaban, la pobreza y la condena de su padre a tres años y un día por tráfico de drogas. En la puerta, aguardaba un carabinero para llevarla a un hogar de menores donde estaría bien.

    Un ruido de palomas en la techumbre de la casa, la devolvió bruscamente a la realidad. En el lugar, había varios niños y jóvenes de todas las edades, que la miraron en forma hostil, revisándola de la cabeza a los pies. Una de ellas, a la que apodaban la Chola, se le acercó cuando se instaló con sus exiguas ropas en un roído camarote del segundo piso.

  •  Bienvenida al infierno, pollito. Aquí, te tení que cuidar de too. Siempre dí que si, y vai a estar bien. Las lechuzas que nos cuidan te van a dar unas pastillas, pa que no molesti… y hací como que te la tomaí y después las botai en el water. En la noche, tení que dormí con un ojo cerrao y el otro abierto porque a alguien le pue bajar la cuestión y capaz que te violen.

    La Chola con una cara muy sucia y de aproximadamente trece años de edad, la empujó a un costado izquierdo del camarote y se alejó riendo a grandes carcajadas brincando por la escalera hacia el primer piso de la casa.

    Tamara no pudo dormir esa noche y tampoco las que siguieron. Las rutinas del hogar la obligaban a levantarse a las seis de la mañana, hacer su cama y tomar una ducha fría que la dejaba con un intenso dolor de cabeza. Luego, desayunaba una leche agria que mataba todos sus recuerdos. Y después, llegaba su cuidadora para darle unas pastillas, sumergiéndola en un océano de rabia y tristeza.

  •  Tómate el remedio, cabra de mierda… Le gritaba la Tere, y simultáneamente, levantaba el puño derecho en un gesto de amenaza y superioridad. Ella sólo permanecía en silencio, bajando la cabeza, disimulando sus náuseas y desolación.

    El reloj parecía no avanzar en aquel sitio…Durante la tarde, mientras, contemplaba desde el jardín las palomas, que se reunían junto al sol en la techumbre gastada de la casa - con un lápiz y papel robados a una de las cuidadoras- le escribía a su madre, suplicándole que la sacara de su oscuro y doloroso encierro.

    Por las noches, antes de dormir, a escondidas de las otras internas, juntaba todas sus cartas debajo de la almohada. Llevaba escritas alrededor de setenta, sin obtener ninguna respuesta.

    Una tarde de primavera, en que el cielo estaba límpido de nubes y las palomas emigraron de la techumbre, escuchó al cartero despidiéndose de las cuidadoras. Había dejado en el primer piso, sobre la mesa del salón, una carta. Rápidamente, y sin que nadie la viera, se acercó. Cuando estaba conmocionada, a punto de abrirla, sintió a sus espaldas una suave brisa, que arrastró sus ojos inmóviles. La puerta de entrada a la casa - siempre con llave- se encontraba abierta. Entonces, sus dedos temblaron y un sudor muy frío le atrapó la garganta. Percibió en ese mismo momento, un sonido seco y agudo. Caminó hacia el umbral, sin pensar… una pequeña paloma aleteaba, en tanto, emprendía vigorosamente el vuelo. Afuera, el tiempo esperaba por ella.






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