Sociedad

POBREZA

Albergue Víctor Jara y la realidad de los pobres tras las intensas lluvias

Un intenso temporal de lluvias viene desarrollándose en distintas zonas del país, dejando cientos de damnificados, viviendas inundadas, calles inhabilitadas, y una serie de otros problemas que afectan principalmente a los sectores más pobres. Además, son cientos de personas las que deben recurrir a albergues para poder subsistir, como en el caso del albergue Víctor Jara ubicado en la comuna de Estación Central.

Ángela Suárez

Periodista

Sábado 8 de agosto de 2015

Son las 18:30 horas y el albergue Víctor Jara comienza a ser concurrido con mayor frecuencia. Y es que en temporadas de lluvias el establecimiento inicia sus funciones a las 18 horas, por lo que de a poco comienzan a llegar sólo hombres mayores de 30 años y en situación de calle, muchos de ellos ni siquiera superan los 40 años.

“El albergue tiene una capacidad de cuatrocientas personas, pero en las primeras lluvias hubo sobrecupo y llegaron quinientas veinte, y nosotros tenemos que tener el criterio de dejar pasar no más, pero igual coordinando con el Ministerio de Salud”, comenta Matías Bello, joven que trabaja en el albergue Víctor Jara, el más grande de Chile.

Esta es la realidad de miles de personas que en Chile se encuentran en situación de calle y que cada vez que ocurre un temporal de lluvias son los principales afectados. Sectores pobres del país que no tienen trabajo, otros laboran en lugares ultra precarios, muchas personas llegaron en busca de empleo desde el norte y sur del país y quedaron a la deriva al no obtener ninguna oportunidad para mejorar sus vidas.
El albergue Víctor Jara es el más grande del país y uno de los tantos que existen en diferentes regiones. En este caso es la Cruz Roja la institución que está cargo, pero en coordinación con el Ministerio de Desarrollo Social y el Ministerio de Salud, además dicho organismo también está al mando del albergue que se encuentra en el ex Liceo Cervantes.

Trabajan alrededor de 10 monitores, un coordinador, siete trabajadores de la salud (pues hay un SAPU al interior), cinco personas a cargo de la alimentación y unos tres trabajadores de aseo, los que se preocupan de decenas de personas, les entregan alimentación, ropa y techo. El promedio de edad de los hombres que recurren al albergue es de 35-40 años, lo que refleja que un importante sector de los “adultos jóvenes” es parte de un grupo sumamente precarizado, donde muchos de ellos no han encontrado trabajo, lo que ha derivado en quedar en situación de calle, viviendo como indigente, en extrema pobreza. “La mayoría son jóvenes, las personas de la tercera edad deben ser unas setenta más o menos”, asegura Matías.

“La falta de afecto en las familias y en las casas, muchos de ellos han caído en el alcohol, pero en general les afecta mucho la falta de cariño, sentirse solos, entonces terminan en las calles, se agrupan y empiezan a vivir en grupos (…) Aquí se ve mucho alcoholismo, mucho problemas de drogas, pero sobre todo de pasta base, aunque igual aquí se afirman, algunos encuentran pega, juntan sus luquitas, se van a algunas piezas o arriendan”, cuenta el joven que además añade que el albergue funciona sólo en época de invierno, desde principios de junio hasta finales de septiembre.

Como contaban los jóvenes monitores, muchos de estos hombres se encuentran en esta precaria situación debido a la falta de trabajo y oportunidades, a la falta de vivienda, pues el Estado no garantiza nada de esto; otros tantos llegaron desde distintas zonas del país en busca de mejores condiciones laborales y de vida, pero terminaron en las calles, sobreviviendo en albergues precarios, donde muchas veces el hacinamiento es una situación cotidiana.

Los temporales de lluvias azotan a miles de personas, pero las consecuencias más graves siempre recaen en los sectores más pobres, pues son estos los que no tienen viviendas, o habitan en construcciones con infraestructura de mala calidad. Otras cientos de familias siguen afectadas desde el terremoto del 2010, otras desde el aluvión y el desastre que quedó en el norte del país, otras siguen sin hogar desde el incendio en Valparaíso, etc.

El Estado, por su parte, no se hace cargo de esta situación, no le entrega soluciones a las miles de personas que se encuentran viviendo en las calles, sin techo, o a los miles de habitantes que cada vez que llueve o hay temporal, quedan con sus casas completamente inundadas. Las consecuencias de las lluvias, temporales, incendios, terremotos, no son iguales para todas las personas, tienen carácter de clase.






Temas relacionados

Temporal   /   Pobreza   /   Sociedad

Comentarios

DEJAR COMENTARIO