Política

EDITORIAL

Alberto, Cristina, la grieta y la fractura

El discurso del presidente en el Congreso y el de la vicepresidenta ante los Tribunales: polarización en clave electoral y realidad económico-social. Editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que se emite todos los jueves de 22 a 24 hs. por Radio Con Vos, 89.9.

Fernando Rosso

@RossoFer

Jueves 4 de marzo | 23:45

  •  La mayoría de los análisis del discurso de Alberto Fernández en la apertura de sesiones del Congreso, en general, coincidieron en un punto: retomó la agenda de lo que periodísticamente fue bautizada como la “grieta”. Esto es un discurso de polarización política con los adversarios, podríamos decir “clásicos”, del último kirchnerismo conducido por Cristina Fernández: las empresas periodísticas, el poder judicial y, lógicamente, el macrismo. En cierta medida, el alegato de la vicepresidenta ante los tribunales este jueves por la causa conocida como de “dólar futuro”, fue complementario del discurso del lunes pasado.

  •  Este posicionamiento del presidente puede ser leído desde dos ángulos diferentes: por un lado, como una manifestación de mayor homogeneidad en la coalición de Gobierno porque, bueno, se alinea con las demandas de quien es la accionista mayoritaria de esa empresa política; o, por otro lado, como el fracaso en la exploración de un proyecto que tenga la marca de autor de Alberto Fernández y que supere los límites que habían conducido al kirchnerismo a la derrota de 2015. Tomado desde este punto de vista, sería una señal de debilidad porque precisamente la elección de Alberto Fernández, su “valor agregado” podríamos decir era precisamente que era distinto (y hasta cierta medida opuesto) a Cristina Fernández y un puente con algunos poderes fácticos enfrentados al kirchnerismo. Si ese proyecto era viable o no es otro cantar, lo que es indiscutible es que esa era la promesa albertista. Tiendo a pensar que si bien en lo inmediato pareciera primar la fortaleza por la unidad (con una oposición macrista que es un verdadero cotolengo) en el mediano plazo se impondrá la debilidad por la carencia.
  •  Una de las grandes contradicciones del kirchnerismo tardío, reconocida por muchos, fue que “radicalizó” (en parte y siempre en términos relativos ¿no?), radicalizó su discurso en el momento en que disminuía su volumen político. Las “batallas” contra el poder judicial, contra Clarín, contra el “campo” y, por último, contra Macri fueron todas ganadas por ellos.
  •  Entre otras cosas, porque la "grieta" es una guerra por temas que muchas veces son endogámicos de la casta política, judicial o el mainstream periodístico, que le importan a los núcleos duros de las distintas coaliciones, pero sin los temas importantes que afectan a las mayorías.
    Entre 2014 y 2015 esta intensidad de la “grieta” era directamente proporcional al deterioro de la situación económica y el inicio de un camino de ajuste (recordemos: devaluación de 2014 y “sintonía fina”). Un ajuste que Macri luego aplicó a lo bestia, aunque al principio su promesa era retomar un sendero de crecimiento para país y para las personas.
  •  Con este giro de Alberto Fernández se vuelven a presentar paradojas similares a las del último kirchnerismo producto de una dinámica que casi tiene la fuerza de una ley: las "radicalizaciones" discursivas sin medidas radicales, pagan el costo de los enemigos que esa narrativa genera sin los beneficios que podrían traer si se aplicaran. ¿Qué quiero decir? Se agita contra la “justicia” sin medidas que propongan terminar realmente con la casta judicial. Esto conduce a que, por ejemplo, el fiscal Carlos Stornelli le contestó muy suelto de cuerpo y casi con un mensaje mafioso al presidente en una entrevista con Luis Novaresio cuando le dijo “cuando deje de ser presidente vamos a hablar de hombre a hombre como lo hicimos siempre”. No parecía muy preocupado, mucho miedo no tenía (esto lo destacó con buen tino, Cristina hoy). Lo mismo con el tema de la deuda: se impulsa una “querella criminal” que va a ir a una vía muerta o con las empresas de comunicación: se agita en su contra y se le mantiene el poder monopólico.
  •  Un “hándicap” contradictorio que tuvo el Gobierno hasta ahora es que la experiencia desastrosa del macrismo y la pandemia operaron como fundamento para cierta pasividad o resignación social que está llegando a su fin. Lo vemos en una miríada de conflictos sociales (poco destacados en los medios) de distinta índole en todo el país. Un malestar que tiene base en un factor muy simple: la urgencia de los problemas económicos y el azote de la crisis social.
  •  La desocupación que está dejando la crisis en medio de la pandemia cuyas cifras finales todavía son inciertas, pero que es muy alta; la inflación; la pobreza de la mitad de los ciudadanos y de dos tercios de los niños y niñas y el deterioro general. Según un informe sobre la pérdida del poder adquisitivo de los salarios del centro CIFRA que funciona bajo la órbita de la Central de Trabajadores Argentinos los “salarios reales de los trabajadores registrados en el sector privado sufrieron una reducción promedio de 15,4% entre noviembre de 2015 y el mismo mes de 2020, la mitad de los trabajadores tuvieron caídas superiores al 19%. En el análisis por rama de actividad, el informe que firman Pablo Manzanelli y Cecilia Garriga “exhibe importantes asimetrías. De las 295 ramas de actividad que registraron, 152 experimentaron reducciones de las remuneraciones reales por encima del 20% y dentro de este universo 50 ramas registraron caídas superiores al 30%.” Siempre hablando del sector registrado, imaginen cómo se tradujo esto en los informales. Esto redundó, lógicamente, en una mayor participación de las ganancias empresarias en el reparto de la renta nacional.
  •  El politólogo Pablo Touzon escribió en El Dipló (Edición Cono Sur) que en el discurso de Alberto Fernández “el programa económico y social pareció quedar subsumido en la presentación del Presupuesto 2021, en tanto que la inflación –en un día aciago por la multiplicidad de aumentos en prepagas y servicios varios- mereció unos pocos párrafos más bien generales, repitiendo, en ese sentido, la ausencia que ya a esta altura es una presencia de la Argentina de los últimos 10 años: la de una agenda económica”. En términos de salarios se habló de la necesidad que se recuperen, pero tomando los grandes números de arriba, una recuperación de pongamos 4 o 5 puntos es, realidad, una consolidación de toda la otra pérdida.
  •  Estos problemas quizá, coyunturalmente puedan ser aturdidos por esa ruido blanco de la polarización o devorados por la grieta en la “conversación pública”; lo que es seguro eso no implica que desaparezcan de la realidad.




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