Política Chile

REFORMA LABORAL

Baja productividad: Un dicurso fraudulento para sostener el bolsillo empresarial

Durante estos días el gobierno junto con sus medios hegemónicos han festinado con la reforma laboral haciéndola pasar como un beneficio para los trabajadores y trabajadores. Y en su discurso la "baja productividad" busca ser un excusa para justificar sus leyes de explotación y precarización.

Miércoles 8 de mayo

El historial de mentiras y burlas del ministro del trabajo Nicolás Monckeberg, se ha extendido en lo que va del mandato del gobierno de Sebastián Piñera, dejando a su paso momentos que sin duda no han pasado inadvertidos.

Quedó de manifiesto en su última participación en el programa conducido por Iván Valenzuela Mesa Central, en el que se refirió a la baja productividad en Chile, señalando que “somos conocidos por sacar la vuelta” generando las risas espontáneas en el panel de invitados. Esto tomando en cuenta que a nivel de la Organización para Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en Chile se trabaja 200 horas más que cualquier país perteneciente a esta, y su vez siendo Chile el país con las jornadas más largas de trabajo.

Es en este contexto, que el gobierno sostenedor de los grandes empresarios y sus políticas privilegiadas, ha buscado asentar su línea de flexibilización laboral, a través de su última propuesta de reforma, en la cual hace parecer como un triunfo para los trabajadores la reducción de los días de trabajo, por medio de una readecuación de las horas laborales en menos jornadas. Sin embargo, esto significa en lo concreto llegar a trabajar incluso 15 o 16 horas, tomando en cuenta el tiempo estimado en el transporte y traslado de los trabajadores y trabajadoras. Esto como continuidad de la ya fraudulenta reforma laboral de Bachelet incluida en los “pactos de adaptabilidad”. Y aunque el gobierno ha tratado de instalar su política de “libertad del trabajador”, la clase trabajadora lejos de gozar de libertad para decidir sobre el empleo de su tiempo, por el contrario se encuentra sujeto a un régimen laboral que le condena a resquebrajar su vida tanto a nivel laboral, como social y familiar.

Sin duda el discurso de la “baja productividad” de los gobiernos empresariales de la Ex Nueva Mayoría y la derecha, no ha servido más que como chivo expiatorio para criminalizar la organización sindical de los trabajadores y trabajadoras como vimos el año 2017 con la importante movilización minera, culpando en aquel momento a la gran huelga de “La Escondida”. O la consciente línea de desmantelamiento de los sindicatos que ha buscado profundizar la derecha, lo que permite proliferar en los salarios precarios, y las condiciones de trabajo, bajo una línea de lo que han denominado “modernización del trabajo”.

¿Pero acaso se han cuestionado las millonarias ganancias de los empresarios que se enriquecen a costa de jornadas de explotación cada vez más esclavizantes? Por supuesto que no, ya que para el gobierno no es un problema esta ridícula balanza ganancia empresarial vs explotación laboral, sino en buscar nuevas modalidades que promuevan la inversión de capitales extranjeros, al menor costo posible, lo que se traduce en despidos, recortes, y precarización para los trabajadores y trabajadoras junto a sus familias. Esto, sin mencionar a la juventud trabajadora, que se sume en jornadas laborales extenuantes, para solventar derechos elementales como son la educación o la salud.

Es frente a esta situación que resulta imprescindible generar una amplia organización en las calles en contra de esta reforma laboral, que no es más que otro engaño del gobierno y los empresarios, que generan sus ganancias en base a una mayor explotación del pueblo trabajador, sin importarle ni ellos ni sus familias. Es posible conquistar el trabajar 5 días y 6 horas semanales, junto con repartir las horas de trabajo entre ocupados y desocupados, y que el sueldo mínimo sea igual a la canasta familiar básica ¡Basta ya de la impunidad empresarial y sus leyes nefastas!






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