Sociedad

IGLESIA CATÓLICA Y PUEBLOS ORIGINARIOS

Chile: “El Jardín de la Iglesia” durante tiempos de la Conquista y Colonia

El rol evangelizador de la Iglesia Católica y sus órdenes como La Compañía de Jesús, se instalaron durante el tiempo de Conquista y Colonia en Chile con el fin de permanecer específicamente en la zona y archipiélago sur. Hasta el mismo papa Francisco reconoció los crímenes de la Iglesia hacia los pueblos indígenas durante esos períodos.

Paloma Vargas

Santiago de Chile

Sábado 13 de enero | 18:14

La Iglesia Católica y las variadas órdenes religiosas ligadas a ésta tienen una larga data en la memoria histórica de los pueblos indígenas de Latinoamérica. En Chile, la Orden de la Merced fue quien llegó junto a las primeras “búsquedas” de tierras y riquezas. Mientras que, en el transcurso del siglo XVI, llegaron los dominicos y franciscanos quienes realizaron una importante labor misionera que consistía en propagar la fe católica en los terrenos conquistados. Posteriormente en 1593 llegaron los primeros sacerdotes de la Compañía de Jesús y en 1595 arribaron los agustinos.

Cristianizar

Esta labor misionera fue la prioridad en los primeros años de Conquista, donde en los siglos XVII y XVIII la religión católica fue la enseñanza principal y la idea que movilizaría a las órdenes religiosas a la región, con el fin de ganar mayores adherentes y facilitando la endoculturación de las generaciones más jóvenes de los pueblos originarios mediante el uso lenguaje español y la educación impuesta por el catolicismo hacia un nuevo modelo de sociedad.

En tiempos de la Colonia los misioneros gozaron de varios privilegios que les otorgaba la emergente sociedad chilena, haciendo posible que órdenes como la de La Compañía de Jesús se convirtiera en la principal prestamista, propietaria de tierras y productora agrícola en Chile, formando parte de uno de los dominios más importantes en América Latina.

Chillwe y “el jardín de la Iglesia”

Una carta escrita por Antonio Porlier hacia el Señor Gobernador del Consejo de la real Orden intenta explicar la misión del Padre Fray Pedro Gonzales de Agueros, de la Regular Observancia de San Francisco, sobre la importancia de la evangelización en el archipiélago de Chiloé durante el siglo XVIII, el cual en ese tiempo pareciera estar habitado por "bárbaros" e "incivilizados" desprotegidos del amparo de Dios a los ojos de los conquistadores y misioneros.

“Muchos son los que de él hablan con toda extensión, y que prolijos relacionan cuanto a él ha sucedido: lo mucho que costó su pacificación, lo fértil de sus terrenos, las riquezas de sus minas de oro y plata, las fundaciones de sus Ciudades, las costumbres de sus naturales, el bélico furor de sus gentiles, el número de sus Provincias; y siendo una de éstas la de Chiloé, hallo de ella solo dan una razón muy diminuta, y solamente en general y como por incidencia nos la indican. Ha sido poco reconocida por estar tan apartada: ha tenido, y continúa con la nota de extremadamente estéril, y ésta tal vez será la causa para no haberse con toda prolijidad inspeccionado, y de no querer tomarse trabajo para dar noticia exacta de aquel Archipiélago, considerándole de ninguna utilidad.”
Explica en su carta Antonio Portier en 1791.

El archipiélago de Chiloé fue conquistado en 1558 por García Hurtado de Mendoza, como resultado de la política expansionista española hacia el sur de Chile. La Isla fue símbolo de la permanencia de la Corona mediante la fundación de la ciudad de Castro en el año 1567, la cual significó la ambición de la Corona de expandirse al extremo Austral. Así, Chiloé representó para la conquista española un realidad insular de insospechado aislamiento, convirtiéndose en una reserva de guarniciones marítimas y militares junto con el paraíso de los encomenderos por la exclusiva mano de obra sustentada en el servicio personal y de la encomienda.

En 1608 los jesuitas aparecen en el Archipiélago con el motivo de iniciar actividades educaciones y pastorales urbanas hacia los huilliche, donde tras el éxito obtenido en esta práctica hizo que los misioneros denominaran al archipiélago de Chiloé "El Jardín de la Iglesia".

Y es que la “Pacificación” de Chile se trataba de convertir a los indígenas a fieles creyentes. A costa del olvido de la lengua, creencias, costumbres y tradiciones de los pueblos en post de una doctrina que procedería a hegemonizar la trayectoria de sus vidas. Por otro lado, la relación de Diego de Almagro con la Corona Española demostró una demarcación en el territorio, generando expediciones y matanzas hacia los pueblos y grupos indígenas que se resistían a la dominación de la cruz. Ante esto, la Iglesia Católica y las órdenes religiosas jugaron un rol importante de contención de la rebelión de los pueblos indígenas, prometiéndoles acompañarles y corresponderles a todos, pero si "obedecían" a la palabra del Señor.

La religión Católica y los pueblos indígenas

Es sabido que el rol de la Iglesia Católica y de las órdenes religiosas que promovieron el evangelio y la “protección” hacia los pueblos indígenas fue parte del aleccionamiento de la conquista hacia quienes pretendían rebelarse contra la nueva cultura que se imponía a punta de muertes, trabajo forzado, saqueo y enfermedades.

Hasta el mismo papa Francisco reconoció los crímenes históricos de la Iglesia y pidió perdón a los pueblos indígenas de América Latina en su paso por Bolivia durante el año 2015.

“Y quiero decirles, quiero ser muy claro (…): “Pido humildemente perdón no solo por las ofensas de la propia Iglesia, sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”. Expresó el máximo representante de la Iglesia Católica en el II Encuentro Mundial de Movimientos Populares en Santa Cruz, Bolivia.






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