Política Chile

Colonia Dignidad, la piedra de tope de Larraín para alcanzar la Cancillería

Una vez ganada las elecciones presidenciales para el próximo gobierno de la derecha, comienzan a sonar los nombres de los futuros escaños gubernamentales a ocupar. Hernan Larraín suena fuerte para asumir la Cancillería, sin embargo su pasado como defensor de Colonia Dignidad se lo complica.

Sábado 23 de diciembre de 2017

El entorno más próximo del piñerismo y la derecha ya van comentando los nombres para el próximo gabinete gubernamental. Entre los que han salido a la prensa se encuentran Andrés Chadwick en Interior, Gonzalo Blumel en la Segpres, y el nombre de Larraín para Cancillería.

Su postulación se entiende porque el actual senador por la UDI es conocido por su trabajo en materia de política exterior, haciendo constantemente referencia y polémica en torno a los sucesos del acontecer mundial. Sin embargo hay, al igual con el resto de los políticos de la derecha chilena, un pasado que lo oscurece.
Si bien el Hernán Larraín sólo comenzó a militar en la UDI a partir de 1991 -luego del asesinato de Jaime Guzmán-, perteneció desde los años 70 al movimiento gremialista, siendo aprendiz de Guzmán en la facultad de Derecho y luego al entrar en el partido haciéndose parte de la comisión doctrinaria.

Entre sus más recordados episodios se encuentra su apoyo y defensa en los años 90 a las actividades de Colonia Dignidad, el proyecto alemán que operó durante 40 años bajo el mando de Paul Schäfer , acusado de abuso sexual, desaparición de personas, en un trabajo en conjunto con los organismos represivos de la dictadura. A tal grado llegaba su compenetración con el proyecto que en 1994, Larraín formó el Grupo de Amigos de Colonia Dignidad, donde pertenecieron personeros como Andrés Chadwick, Evelyn Matthei, Jaime Orpis y Juan Antonio Coloma. En esa época, Larraín se quejaba de los operativos policiales contra el enclave en la Séptima Región.

Ante los nuevos comentarios de los próximos escaños en materia gubernamental, Larraín suena como una de las pocas cartas fuertes de una desmembrada derecha azotada por los casos de corrupción. Lo que se evidencia, por ejemplo, en las declaraciones del diputado Jorge Tarud (PPD), de la comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara que considera que el pasado de Larraín no le afecta, puesto que ha desempeñado un buen papel en la comisión del Senado. Similar piensa el abogado José Rodríguez Elizondo.

De esta manera no nos es de extrañar que a pesar de los oscuros pasados que tienen la mayor parte de los políticos de la derecha, para el podrido mundo político nacional siempre habrá razones para justificar su continuidad en cargos gubernamentales, como se evidencia hoy con Larraín y su apoyo desde parte de la Nueva Mayoría, o como de seguro ocurrirá en los próximos meses con el resto de los postulantes a cargos públicos manchados por los casos de corrupción o incluso por acusaciones por crímenes de DDHH cometidos en la dictadura.






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