Cultura

MONTAJE TEATRAL CONSTITUCIÓN 80`

“Comisión Ortúzar: Acciones en torno al legado de una refundación”

El teatro se pone a tono con la realidad; se abre el debate sobre la nueva constitución y el gobierno promete diálogos ciudadanos, pero el Congreso será el encargado de tomar la decisión sobre el mecanismo constituyente. ¿Cómo llegamos a la actual Constitución del 80’? Este es el recorrido que realiza el montaje teatral “Comisión Ortúzar: Acciones en torno al legado de una refundación” que se ha presentado en distintos espacios el año 2015.

Miércoles 16 de diciembre de 2015 | 15:54

Como LID Chile, realizamos una entrevista a Tomas Henríquez, dramaturgo y actor de la Universidad de Chile, integrante del grupo Núcleo Arte, Política y Comunidad.

LID Chile: ¿Cuál fue el camino que recorrieron para llegar a la síntesis del montaje?¿Cómo fue el proceso de investigación de las actas de la Comisión Ortúzar y la creación de una obra en base a un proceso histórico?

El montaje Comisión Ortúzar: acciones en torno al legado de una refundación, surge como parte del trabajo del Núcleo Arte, Política y Comunidad, un grupo de investigación y creación artística formado por estudiantes, egresados y académicos de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, en colaboración con distintos artistas y agrupaciones de la sociedad civil que surge en 2014. El primer proyecto de investigación centra su atención en torno a las actas de la Comisión Ortúzar, un grupo de abogados designados por la dictadura, y presidido por Enrique Ortúzar, que sesionó periódicamente entre septiembre del 1973 y octubre del 1978, y cuyo objetivo era elaborar una nueva Constitución y sus leyes complementarias. Las discusiones de la Comisión Ortúzar son hoy de dominio público y están archivadas en 11 tomos que componen un cuerpo de texto de más de 11 mil páginas.

Para nosotros el proceso de investigación ha tenido por objetivo materializar los problemas principales presentes en las actas, así como sus distintas resonancias en nuestra vida actual. En un principio el trabajo fue de mucha lectura y exposiciones donde podíamos socializar, discutir y re-interpretar el material. A veces las actas pueden leerse también como una gran obra de teatro de 11 mil páginas en las que los personajes están tramando, de manera siniestra, la refundación del país. Pero esto no es ficción. Son discusiones reales. El poder constituyente, el derecho a la vida, la propiedad privada, los recursos naturales, etc. Las actas se transformaron así -casi literalmente- en verdaderos ladrillos, no solo porque materialmente pesan un montón, sino también porque tienen un espesor escritural e ideológico que las hace a ratos poco descifrables. Por ende, llegado el momento, también nos fuimos asesorando por abogados constitucionalistas para resolver dudas y aspectos específicos de las discusiones. La pregunta era, ¿cómo explicar de manera sencilla un proceso histórico de tanta complejidad?

Luego, mediante un laboratorio de producción de material, se pusieron a prueba distintos ejercicios, que intentaban traducir o interpretar el imaginario de los distintos miembros del Núcleo, ponerlos en tensión, y hacer que dichos materiales devengan memoria reflexiva. Ponerse de acuerdo colectivamente es siempre un problema que genera nuevas y muy productivas preguntas sobre nuestro quehacer. Así, la puesta en escena de Comisión Ortúzar: acciones en torno al legado de una refundación, realiza un recorrido crítico de carácter fragmentario sobre las condiciones que permitieron el establecimiento ilegítimo de nuestra actual constitución, así como de las consecuencias institucionales que de ello derivó. Mediante la disposición aleatoria de cuadros de ficción y de corte biográfico, acciones de performance, y la lectura de fragmentos tanto de las actas como del texto constitucional, se construye un relato escénico que trama, a modo de rito colectivo, una experiencia ciudadana de alta densidad crítica.

LID Chile: ¿Cuál es la importancia de tocar el tema de la Constitución en el Chile actual para ustedes?

Creo que una de las razones fundamentales es poner en evidencia cómo se articula todo el ordenamiento jurídico que nos rige en la actualidad. En ese momento, en 1973 era necesario dejar todo muy amarrado y muy claro. Y las actas muestran con obscenidad cómo la trama de eventos no fue en ningún caso antojadiza. El proyecto refundacional necesitaba ser instalado a sangre y fuego, y sin oposición alguna.

Siempre nos llamó la atención que la Comisión Ortúzar trabajara encerrada en una burbuja y en más de 11 mil páginas casi ni se menciona el estado de terror que en ese momento se vivía en las calles. De esta forma, entre cuatro paredes, se llevaron a cabo las discusiones que generaron un texto, que mediado por el ojo vigilante de la junta militar, sería refrendado ilegítimamente en el plebiscito de 1980. Desde ese día, la Constitución establece un marco legal donde el modelo capitalista se vuelve radical, lo que además de afectar las condiciones materiales de existencia también instala en las prácticas sociales una manera de cómo pensar y cómo imaginar, constituyéndose esto en una verdadera camisa de fuerza que produce y reproduce las relaciones sociales y los modos de producción capitalista. Por eso hablamos de refundacion.

Pues entendemos que la Comisión Ortúzar estaba gestando un proyecto de tal envergadura que no tenía otro propósito sino que establecer los cimientos de una nueva forma de producción de subjetividad. Por ende, ahora no nos resulta extraño que la transición pactada de los 90` fuera tan insípida y controlada. Los cambios en la medida de lo posible fueron y todavía son casi puro maquillaje. Nunca llegó la alegría, sino como un spot publicitario. Lagos borró la firma de Pinochet, puso la suya, e hizo elevar su figura magnánima a límites obscenos. La Concertación lo privatizó todo, como si fuera parte de la continuidad del proyecto dictatorial, y sacó provecho de la memoria de los derrotados sin hacer un real acto de justicia contra los violadores de derechos humanos. La Constitución es parte de un engranaje muy bien pensado que todavía hoy permite impunidad y violencia a destajo.

LID Chile: Desde el 2011 en Chile se ha empezado a desarrollar un teatro más político, con nuevas compañías que se cuestionan los pilares del chile actual, ¿cómo ven ese teatro y su proyección?

Es importante que se discuta y se ponga en evidencia cómo determinados ejes en la construcción material y simbólica de un país son siempre efectos de la hegemonía de un modo específico y siempre ideologizado de pensar. El teatro siempre será una excelente manera de reflexionar e impugnar los relatos aprendidos, así como una enorme posiblidad de imaginar otros mundos posibles. Generacionalmente creo que las preguntas van cambiando, y eso permite ampliar los enfoques y las miradas. Podría sonar algo general mi análisis, sin embargo creo necesario no solo que se proyecten otros imaginarios sino que se vinculen crítica, afectiva sexual, y políticamente.

LID Chile: ¿Qué incidencia política creen que pueden tener estas obras y en particular Comisión Ortúzar?

Personalmente, no comparto la idea del teatro político que con fines pastorales pretenda emancipar. El teatro no hace revoluciones. Las revoluciones las hace el pueblo. Sin embargo, creo importante que ejercicios como este sean pequeños ensayos de memoria, reflexión crítica, y hagan visible posibilidades de agenciamiento colectivo. Eso es imprescindible. Al menos dentro del Núcleo de investigación hemos discutimos mucho en torno a las maneras en las que el proyecto se víncula directamente con la comunidad. Y las respuestas -siempre tentativas- han dado muy interesantes posiblidades de acción.

LID Chile: ¿Cuáles son sus proyecciones como grupo?

El 12 y 13 de diciembre tuvimos funciones en el Parque Cultural de Valparaíso (ex-Cerro Cárcel) y ahora entraremos en una fase de receso con la obra. El trabajo del Núcleo desde un principio ha puesto énfasis en una búsqueda exploratoria en distintos soportes disciplinares. Así, se ha trabajado con puestas en escena, acciones de performance, instalaciones sonoras, intervenciones en sitios específicos, redes sociales y mediales, así como también desde la organización de coloquios abiertos a la comunidad, sobre la posibilidad del arte como proceso constituyente. Hoy la idea es seguir expandiendo las posibilidades de intervenir críticamente otros espacios.






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