Géneros y Sexualidades

MACHISMO Y HOMOFOBIA

Crímenes de odio y femicidios: un producto del capitalismo

El pasado 2017 nos dejó la preocupante cifra de 68 femicidios, donde en el intertanto de las preparaciones de año nuevo ocurrieron los últimos dos. Por una parte, el gobierno de Chile sólo declara una suma de 42, según su tipificación, entonces, ¿a qué se debe esta diferencia?, el Estado devalúa lo que significa de fondo un femicidio, lo enmarca dentro de los crímenes "pasionales" y ligados a las relaciones de tipo más conservadoras, sin embargo, esto es el reflejo de una violencia escalada, nos matan a las mujeres por el hecho de ser mujer, por creer tener el derecho sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas. No es un crimen pasional, sino un crimen de odio.

Viernes 5 de enero

Estos crímenes son actos empujados por prejuicios relacionados a características como la raza, género u orientación sexual. Son parte de una violencia en ascenso que tiene su máxima expresión en los asesinatos a la comunidad LGBTI+ y las mujeres. Hace 5 días que se hizo el cambio de calendario, 5 días del comienzo de un nuevo año y ya iniciamos nuevamente el conteo de femicidios consumados en Chile. No ha transcurrido más de una semana y ya el marcador anuncia un nuevo femicidio en la comuna de La Florida, RM.

Esta violencia brutal no se produce por generación espontánea, responde a un sistema que oprime, una sociedad capitalista que incentiva constantemente a instalar una moral impuesta históricamente, aquella que considera a las mujeres como ciudadanas de segunda clase. Esto se deja ver en las relaciones posesivas, violentas y en la doble o triple jornada laboral que las mujeres debemos llevar a cabo, ya que luego de la jornada de trabajo asalariado debemos llegar a nuestros hogares a cumplir con los deberes de cuidado, aseo y cocina. No es casual que sea esta la reproducción del sistema actual, ya que a las mujeres y diversidad sexual en su conjunto se nos impone una imagen de debilidad que debemos derribar. Se nos han negado derechos básicos como el tener decisión sobre nuestros cuerpos y la dirección de nuestras vidas.

Posiblemente, la frase ‘’la golpearon por no hacerle caso al esposo’ o ‘’la mataron por ser lesbiana’’ no suenen extrañas, ya que responden a una sociedad profundamente conservadora, y es justamente aquello lo que debemos luchar por transformar, desde la conquista de nuestros derechos hasta el cambio radical de esta sociedad de clases.

La moral cristiana, la objetivización sexista de los cuerpos, la heteronorma y la homofobia son algunos de los elementos que vienen a profundizar los patrones culturales que fomentan el ejercicio de una violencia feroz hacia la diversidad sexual. Los medios de comunicación y el Estado le dan tribuna a la homofobia y al machismo, permeando estas ideas en la clase trabajadora.

El Estado no se hace responsable en la prevención de estos crímenes, deja en las manos de familiares, cercanos y la misma víctima la responsabilidad de denunciar los hechos una vez consumados, negandonos los mínimos derechos como lo es una educación no sexista y una separación efectiva de la iglesia y el Estado, sosteniendo de esta manera al patriarcado.

Es por esto que desde Pan y Rosas exigimos una ley de emergencia contra la violencia machista, que logre prevenir y dar un espacio de protección a las víctimas de la misma, financiada con el impuesto progresivo a las grandes fortunas, así mismo, la conquista de una educación gratuita, laica y no sexista, junto con los derechos mínimos de la diversidad sexual y una ley antidiscriminación que contemple derechos laborales.

La conquista de estos derechos mínimos es una tarea histórica, para esto, la invitación es levantar una agrupación que se plantee derribar nuestras miserias y el sistema en su conjunto, para alcanzar la liberación de las mujeres y la diversidad sexual, lo cual se obtendrá sólo desde una lucha de la mano con nuestros compañeros y compañeras de clase, diferenciándonos de agrupaciones como el MOVILH e Iguales que negocian nuestros legítimos derechos con los gobiernos de turno, recibiendo migajas del Estado.






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