Política

PROVINCIA DE BUENOS AIRES

Cristina Kirchner: de la estrategia de “resistir con los votos” al final abierto

La ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner parecía que ganaba cómoda la elección bonaerense, pero esta madrugada se adjudicó un ajustado triunfo. El gobierno detuvo el escrutinio cuando se encontraba en un empate técnico. El discurso moderado, la “ciudadanización” y las “cuentas pendientes” debilitaron el proyecto kirchnerista.

Juan Manuel Astiazarán

@juanmastiazaran

Lunes 14 de agosto de 2017

Los candidatos y los militantes invitados de Unidad Ciudadana llegaron confiados al miniestadio de Arsenal. “Arrancamos en Arsenal con una fiesta y cerramos en Arsenal con otra fiesta” decían. El optimismo se veía en las caras, también en los primeros pronósticos. “Ganamos, pero no sabemos por cuánto” confesaban. Algunos arriesgaban “una paliza”.

El bunker de Unidad Ciudadana los había recibido despojado de bombos y cualquier símbolo que tuviera que ver con la liturgia peronista.

Los primeros resultados de la noche, aunque se sabían cargados con discreción por el gobierno, empezaron a alargar algunas caras. El hermetismo ganó el escenario y los pasillos. La espera se hacía tensa. “Ahora nos hicimos todos bilardistas. Hay que ganar por un voto, como sea. Con el aluvión de la tercera sección”.

Pasada la medianoche, cuando avanzaba la carga de los resultados, la cosa se empezó a dar vuelta. Entonces volvió el optimismo. De la “paliza” al festejo de cada décima a medida que se acercaba el final de la jornada. Un final que parecía cada vez más lento, a medida que Cambiemos llevaba hasta la farsa esa lentitud para escrutar las derrotas que tienen los oficialismos (y alguna vez también había practicado el propio Frente Para la Victoria).

Pero la misma maniobra macrista terminaría resaltando el agónico triunfo de Unidad Ciudadana. Lo que no puede ocultar ese “empate técnico” son todos los límites del proyecto de Unidad Ciudadana que encabeza Cristina Kirchner, así como su estrategia en esta elección.

Una estrategia que ante todo apuntó a la moderación. Una moderación que reemplazó la “resistencia con aguante” al inicio del macrismo, al “resistir con los votos” de los últimos meses. Que la llevó a pedir a los sindicatos afines cambiar la movilización por el rezo. Una moderación que llamó a “poner límite al ajuste” y “convencer con los votos al Gobierno de que cambie su política”, evitando cualquier confrontación sindical o en las calles. Y que terminó apelando a la “ciudadanización”, ausente de cualquier sujeto colectivo, mucho menos que comprendiese a los trabajadores.

La idea de “ampliar la base” apuntando a los sectores medios que habían votado a Cambiemos y de ser más aceptable para sectores empresarios, llegó al colmo de que la principal candidata prácticamente no hiciera campaña en la Provincia.

Pero a pesar de todos los esfuerzos y del optimismo previo, Cristina no pudo superar el techo de 35%. El mismo que había tocado Aníbal Fernández hace dos años, cuando perdió las elecciones a gobernador.

A pesar de sus discursos y plataforma, no logró “enamorar” a millones que están desilusionados con el oficialismo. Seguramente, a muchos de ellos las cuentas pendientes que dejaron Cristina, Scioli y los intendentes peronistas les siguen pesando.

Es cierto que en la que “madre de todas las batallas” hubo “virtudes” ajenas. El macrismo, con todas las jugadas y maniobras a su alcance, logró una polarización contra “el pasado” y el kirchnerismo, que redujo el espacio de Massa en su favor. Las clases medias apoyaron en gran medida a Cambiemos con su voto, así como las ciudades del interior. Cambiemos se quedó con todas las secciones electorales pero Unidad Ciudadana con la llave de la provincia: “la Tercera”.

Discurso en la madrugada

Finalmente, cerca de las 4 de la mañana, Cristina subió al escenario, acompañada como en aquel acto de apertura por candidatos y referentes de UC.

Antes que nada, denunció la operación del gobierno, que a esa altura había detenido el recuento de votos. “Lo que hoy vivimos no lo vi nunca en ninguna elección. Es un papelón internacional” dijo.

Luego de decir que “en Provincia de Buenos Aires hemos ganado”, retomó sus planteos de campaña. “Vamos a pedirle al gobierno que escuche lo que las urnas han expresado. Que cambie el rumbo económico”. Le pidió a Cambiemos que cambie.

Luego plantearía lo que serían los pilares de sus propuestas, empleo, alimentos, medicamentos y revisión de tarifas. Desde allí insistió la propuesta de “construir una mayoría que ponga un límite ante tanto ajuste”.

Finalizaría su voto reclamando al gobierno por el escrutinio y también su preocupación por la desaparición de Santiago Maldonado. Desde atrás la aplaudían Daniel Scioli y Fernando Espinoza, que nada habían hecho durante los 7 años que estuvo desaparecido Luciano Arruga (o por Julio López).

Final abierto

De alguna manera, el “empate técnico” sellado hasta nuevo aviso por el gobierno es festejado de los dos lados. Por Unidad Ciudadana que, tras la torpe maniobra del gobierno, logra mostrarse al final de la jornada como el ganador. Por Cambiemos, porque un candidato que había arrancado con poco conocimiento y varios tropiezos, casi derrota a la última presidenta y las distintas variantes peronistas.

Sin embargo, ninguno de los dos puede estar eufórico ni tiene un cheque en blanco. Cristina Kirchner, porque quedaron en evidencia los límites de su proyecto de liderar al peronismo, pero también de convertirse en referencia indiscutida de “los agraviados” que quieren resistir el ajuste. Los candidatos de Macri y Vidal, porque solo uno de cada tres bonaerenses apoyó su proyecto, el resto rechaza sus políticas de ajuste y pobreza.

En medio de esa polarización, el Frente de Izquierda defendió su espacio político y ganó simpatía entre los trabajadores y los sectores que más sufren el ajuste. Ese capital político lo pondrá al servicio, en primer lugar, de seguir proponiendo a los sindicatos y organizaciones obreras la más amplia unidad para resistir los ataques no solo a los derechos obreros sino también a las libertades democráticas. Pero también, para seguir peleando por una alternativa política de la izquierda clasista, con más diputados que pongan sus bancas al servicio del pueblo trabajador.






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