Política

IDEAS DE IZQUIERDA

Demagogia burguesa e injerencia imperialista en Venezuela

Néstor Vera

Comité de redacción La Izquierda Diario

Domingo 10 de febrero

Frente al conflicto en Venezuela, tanto Piñera como personeros de su gobierno han utilizado el discurso de defensa de los derechos humanos y la democracia cual demagogia discursiva para justificar su política de apoyo a la injerencia imperialista en Venezuela, reconociendo a Guaidó e incentivando acciones para derrocar a Maduro, incluso el autoproclamado mandatario manifestó que aprobaría una intervención militar de EE.UU. Pero, mientras el mandatario de derecha intenta generar una imagen de “gobierno defensor de los derechos humanos”, la práctica de sus dos mandatos dejan en evidencia un accionar que se encuentra en la vereda opuesta.

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Varios son los hechos que reflejan un atentado contra los derechos humanos bajo sus gobiernos. Ejemplo de esto, son los brutales vejámenes de las fuerzas policiales contra los estudiantes movilizados, recibiendo denuncias por acosos sexuales y maltratos. Y, en cuanto a la recuperación de la memoria, fue precisamente el gobierno de Piñera que eliminó el archivo web histórico sobre violaciones a los derechos humanos, indultó a violadores de DDHH, cabe recordar el bullado caso de René Cardemil, ex coronel de Ejército condenado por el caso “Torres de San Borja”, quien expresaba su nulo arrepentimiento por los secuestros y asesinatos en los que participó como parte de las operaciones de la dictadura militar.

Pero no sólo son estos hechos, también este gobierno se ha caracterizado por polémicos fallecimientos de dirigentes sociales en dudosas circunstancias, como Macarena Valdés de Panguipulli, dirigenta social y medioambiental que se manifestaba contra la hidroeléctrica RP Global, quien fue encontrada ahorcada en su domicilio, que en primera instancia se intentó hacer pasar por suicidio pero los peritajes demostraron que fue asesinada. Alejandro Castro, dirigente sindical de los pescadores artesanales de Quintero, fue encontrado ahorcado al costado de la línea férrea de Valparaíso. Alex Muñoz, dirigente sindical de paneles Arauco, encontrado ahorcado al interior de su vivienda en contexto de la negociación del pliego de demandas con la empresa. Marcelo Vega, presidente de la Asociación de Comunidades Indígenas Chan Chan y opositor a la instalación del ducto de derrame de Celulosa Arauco-Celco hacia el mar de Mahuín, su cuerpo fue encontrado en la desembocadura río lingue. Y, Camilo Catrillanca (2018) nieto del lonko de la comunidad Ignacio Queipul Millanao del Lof Temucuicui, Juan Catrillanca. Falleció por un disparo en la cabeza emanado por funcionarios del Comando Jungla instaurado por el gobierno de Sebastián Piñera, mientras regresaba a su hogar en tractor, desencadenando una oleada de movilizaciones a nivel nacional que abrió toda una crisis política para el gobierno de Piñera.

Y por último, la serie de amenazas a activistas y dirigentes sociales que apoyaron el paro portuario en Valparaíso, que siguen hasta la fecha. En todos estos casos, el gobierno y sus partidos tomaron la posición de apoyar los montajes de la policía o simplemente de guardar silencio. Piñera con su discurso a favor de los derechos humanos no hace más que contradecir su actuar, mientras que con el discurso de la democracia procura una pose más humanitaria que no es mucho más que demagogia y un intento desesperado de salir de la posición defensiva en la que se encuentra. Después de todo, aunque busquen hipotéticamente posar de defensores de los Derechos Humanos, les pesa su historia, el legado e intereses que defienden, su reino de impunidad.

La demagógica defensa de los DD.HH y la democracia, es solo el disfraz para ocultar los reales intereses que se juegan en Venezuela. Es que con todo lo anterior, queda claro que para la derecha chilena y la gran mayoria de Grupo de Lima no le interesan los problemas e intereses del pueblo trabajador venezolano ¿entonces qué intereses están defendiendo?

Y es que en Venezuela lo que se juega son los intereses del imperialismo yanqui, quienes luego de la fracasada campaña en Medio Oriente, han dado un giro en su política internacional para clavar sus garras con mayor fuerza en América Latina, recordando el dominio en lo que llaman su “patio trasero”. El empantanamiento yanqui en Medio Oriente trajo como consecuencia un mayor margen en América Latina para el surgimiento de gobierno posneoliberales como los de Chávez, Evo Morales en Bolivia o en cierta medida con Lula en Brasil y el kirchnerismo en Argentina. En particular, los gobiernos de Chávez y posteriormente Maduro, que si bien se caracterizaban por una retórica discursiva sobre el socialismo y anti-imperialismo, mantuvieron como pilar de la economía nacional el rentismo en base al petróleo, abriendo el paso a nuevos capitales extranjeros como Rusia y China, quienes son los principales socios comerciales y a quienes EE.UU sitúa como sus mayores competidores en las disputas geopolíticas.

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Un salto en la semicolonización de Venezuela que implicaría un mayor peso del imperialismo norteamericano en el subcontinente, y por tanto lo situaría en mejor posición frente a China y Rusia. Además de controlar las mayores reservas mundiales de petróleo. Esto es lo que se juega en Venezuela, una política de injerencia imperialista que se apoya en el legítimo descontento popular con las miserias del régimen (problemáticas por no avanzar hacia transformaciones socialistas y anticapitalistas basadas en la autoorganización de la clase trabajadora y el pueblo), en la derecha opositora venezolana (recordar que Guaidó junto Mike Pence, el vicepresidente norteamericano, realizaron reuniones en EE.UU, Brasil y Colombia para organizar este plan golpista) y en los gobiernos de derecha que reconfiguraron el tablero geopolítico latinoamericano.

Estos gobiernos han demostrado un gran ejemplo de servilismo al imperialismo, actuando al compás de la intervención orquestada desde Washington. Todo el cinismo humanitario de la derecha y el gobierno de Piñera, busca favorecer la injerencia y control de EE.UU en América Latina.

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Estamos viendo una obscena intervención imperialista, que sin duda requiere del mayor rechazo por parte de la izquierda y las organizaciones de masas, por tanto replantea el debate de estrategias. Una política antiimperialista, contra la injerencia de Trump, es fundamental. El imperialismo se basa, entre otras cosas, en el reparto del mundo por las grandes potencias y entre asociaciones capitalistas monopolistas, permitiendo por esta vía la expoliación parasitaria de los países coloniales o semicoloniales.

Pero enfrentar la política imperialista hasta el final requiere una completa independencia política de la burguesía, tanto imperialista como nacional. La burguesía de los países semicoloniales mantienen diversos grados de dependencia y subordinación con las burguesías de los países imperialistas, de acuerdo a su lugar en la división mundial del trabajo. La política chavista es un claro ejemplo de esto, mientras vociferaba contra el hegemónico imperialismo norteamericano, permitió el aumento de capitales extranjeros de Rusia. De todas formas, mantienen la dominación y explotación sobre el clase obrera.

En las coordenadas actuales de la crisis en Venezuela, la izquierda ha demostrado una subordinación al imperialismo o una total subordinación al nacionalismo burgués de Maduro. El Frente Amplio en este sentido ha expresado los límites de su política, el no reconocer a Guaidó y buscar una salida negociada. Pero, debemos ser claros, más allá de las palabras de conciliación, una mediación de este tipo sólo equivaldría a una salida pactada con el imperialismo, que nada favorable puede ofrecer a los trabajadores y los sectores populares en Venezuela.

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En relación a la política de la clase obrera en los países coloniales o semicoloniales, Trotsky planteaba “El proletariado de los países atrasados: está obligado a combinar la lucha por las tareas más elementales de la independencia nacional y la democracia burguesa con la lucha socialista contra el imperialismo mundial.” [1] Esto cobra vital importancia hoy para el proletariado en Venezuela, enfrentar la crisis social y sus terribles consecuencias, si bien implica chocar contra el gobierno de Maduro y su régimen, requiere luchar contra la injerencia imperialista de Trump y la derecha golpista venezolana. Es decir, una política clasista, de total independencia de clase y basada en sus propios organismos de autoorganización fuera del control de la burocracia sindical. No habrá salida progresiva a la crisis, ni de la mano de Maduro, ni de Guaidó o Trump.

La clase trabajadora debe ponerse en movimiento como sujeto independiente, en este sentido, la lucha democrática por una Asamblea Constituyente libre y soberana debe servir como impulso para que gobiernen los trabajadores en base a sus propios organismos, que tome el control de los medios de producción para reorganizar profundamente la sociedad en un sentido socialista.



[1El programa de transición y la fundación de la IV internacional. Trostky, León. El Programa de Transición y la fundación de la IV Internacional / Trotsky, León; compilado por Liszt, Gabriela. - 1 ed.- Buenos Aires: del IPS, 2008





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