Política Chile

OPINIÓN

Despidos masivos en TV: una muestra más de la necesidad de cambiarlo todo

Problemas con la publicidad, que “no hay plata”, la “crisis del papel” y ahora último el estallido social. Estos son los argumentos que variados dueños de medios han tenido para argumentar despidos “por necesidades de la empresa” en el marco de una de las crisis políticas más importantes -si no la más decidora- de las últimas décadas. Y si no hay dinero, se vienen cierres de revistas y departamentos, se merma la libertad del periodismo a ocupar estos espacios que les pertenecen por derecho: el de decir la verdad y ser un constante crítico de la ejecución del poder que hoy ostentan los empresarios de la comunicación quienes -paradójicamente- son los mismos dueños del país.

Sebastián Castro

Director Colegio de Periodistas Antofagasta

Domingo 2 de febrero

La crisis abierta en el grupo Copesa -perteneciente al grupo económico Saieh- vuelve a demostrar un síntoma del derecho a la comunicación en chile: el del duopolio ideológico-económico de la opinión pública.

Los medios, los cuales se desarrollan en un ambiente profundamente mercantil, solo ha tenido un éxito para aquellos que buscan sostener este modelo lleno de miserias y contradicciones. Luego de iniciado un proceso de pacto democrático entre la dictadura y un sector de la ahora ex Concertación en los 90’s, los principales voceros de gran parte de la población en la década de los 80’, de ese periodismo denominado “independiente y antidictadura” fue mermado. Las deudas propias de un medio no fueron solventadas por el gobierno de Aylwin, solo costeando la millonaria deuda de El Mercurio en desmedro de medios como APSI, Cauce, Fortín Mapocho, Análisis, entre otros.

Esto dejó un alto margen de acción a grandes medios que comenzaron a trazar la concentración de medios en Chile; hasta hoy, nada de eso ha cambiado.

Continúan los despidos masivos y a cuenta gotas, la persecución a periodistas y la censura/autocensura son lamentables herencias de la dictadura que hoy se cuestiona a nivel nacional, pero que es impotente ante un aparataje estatal/empresarial que hace suya la intención de callar a los millones que salen a la calle al grito de que el “El Mercurio miente y sigue mintiendo”.

Y es que el poder mediático es un pilar fundamental del sostén ideológico de los grandes empresarios y sus políticos. Fuera de todo cliché, sin esta facultad, no se podría hacer una gran campaña mediática en contra de las demandas como salud, pensión y educación, no se podría victimizar a los violadores de Derechos Humanos, ni tampoco se podría influir en la opinión de los sectores más retrasados de la sociedad.

Existe un vínculo vital entre la sociedad y los medios, del cual los grandes empresarios de la comunicación lucran y abusan a costa de acallar a periodistas honestos que ven mermados sus trabajos “desde arriba”.

No solo se ha tratado de despidos en el sector privado; TVN como televisión pública, opera como fundación, es decir, como entidad privada. Y es su directorio el que-conjunto con el gobierno- decide el tratamiento de la información, a conveniencia de quién y para quién está dirigido.

Son rostros televisivos incluso quienes se han visto depuestos de sus puestos de trabajo, pero solo ha sido una forma de descomprimir los cientos de desvinculaciones. No se puede operar con total impunidad empresarial en un marco político de cuestionamiento profundo al régimen y sus sostenedores.

“Gracias a todos los que participaron de este proyecto ya lamentablemente destartalado como tantos otros. Nos vemos” señaló vía twitter el periodista deportivo Felipe Bianchi. Demostrando cuál es el fin de “destruir por dentro” estas empresas.

Mientras familias quedan en la calle, Saieh no perderá poder ni influencia por el cierre de dos revistas, eso es claro en donde además mantiene estrechas relaciones político/empresariales con otras familias del país. Son editores, diseñadores, encargados de área y periodistas quienes pagan los costos de las decisiones de estos dueños de medios.

Y no se trata de solo “democratizar los medios” como proponen desde el Partido Comunista, donde solo esto apuesta a que se abran nuevos medios sin un aporte estatal basal que permita el desarrollo de los mismos y, por ende, tener miles de “medios” que no puedan enfrentarse al poder del duopolio económico.

Es necesario que el Estado aporte desde la base el funcionamiento de medios que destraben el complejo duopolio de la información, sin entrometerse en sus asuntos, y donde sean las y los trabajadores de las comunicaciones, de los medios de prensa, quienes tomen las decisiones sobre la información a entregar y de qué manera, y no empresarios, ni el gobierno, ni políticos que legislan para los poderosos.

No se puede democratizar los medios en la vía de un periodismo mercantilizado que solo sirve a intereses de un puñado de empresarios que buscarán entrometerse y ser un sostén de un proceso como, por ejemplo, el proceso constituyente, donde serán estos empresarios quienes a través de sus medios buscarán ser parte de esta “trampa democrática”, sin permitir que sean millones quienes decidan realmente por una asamblea constituyente a la medida y demandas del pueblo.






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