Cultura

SEMANARIO IDEAS DE IZQUIERDA

[Dossier] Arte y capitalismo

Domingo 6 de enero

¿El capitalismo ha convertido al arte en pura mercancía, o la producción artística tiene una lógica radicalmente distinta a la de la alienación capitalista? ¿Hasta dónde ha avanzado la industria cultural? ¿Cómo afectan sus mecanismos a las instituciones artísticas? ¿Qué papel juegan los museos, las galerías, la crítica, los curadores?

Estas son algunas de las preguntas que recorren la producción artística contemporánea, en sus distintas disciplinas. Algunas de ellas son las que problematizamos durante este año con entrevistas, artículos y reseñas en este semanario.

¿Cuánto vale el arte? Entre la mercancía y el exceso

VIDEOENTREVISTA: EDUARDO GRÜNER
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“El arte a partir del Renacimiento va conquistando progresivamente su autonomía respecto del culto, y paga el precio –valga la expresión– de transformarse paulatinamente también en mercancía. Esa es la Modernidad que se abre en el régimen capitalista, con un mercado para el arte. Pero es una mercancía muy especial; para decirlo de la manera más básica y esquemática: no se puede calcular el valor de esa mercancía por el tiempo socialmente necesario de trabajo y todas esas cosas que decía la economía clásica y sobre las que Marx vuelve en El capital, por ejemplo, sino que se ponen en juego una serie de componentes, llamémoslo ideológicos en términos generales, y del fetichismo de la mercancía. En realidad el arte es una mercancía muy fácilmente fetichizable, especialmente porque en las condiciones de la Modernidad y de la misma lógica que transforma al arte en mercancía, aparece –posiblemente por primera vez en la historia–, en primer lugar la idea del valor del original –de la obra única, irrepetible, irreproducible, etc.–, y el valor de la firma del artista”.

De vándalo a celebrity: ¿comprando a Banksy?

Ariane Díaz
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Banksy. Con ese nombre –su identidad sigue siendo objeto de todo tipo de especulaciones–, cambió la fisonomía de lo que se conoce como “arte callejero”, llevándolo a los templos del establishment artístico, con el que mantiene sin embargo una relación conflictiva. […] La pregunta que queda rondando, y que ya muchos enuncian, es si Banksy “se vendió” al sistema. Pero fuera del latiguillo que indica la aceptación de las reglas del establishment artístico, ¿qué es exactamente lo que vende Banksy?

El precio de todo, el valor de nada

Ariane Díaz
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El documental de HBO estrenado en octubre pasado, The price of everything (El precio de todo), de Natanhiel Kahn, indaga en cómo el mundo de las artes visuales se convirtió en un episodio de las artes financieras, con testimonios desembozados de sus operadores. […] Quizás el delirio de los precios que documenta Kahn sea una prueba, por la negativa, de que no estamos frente a una mercancía en sentido estricto, aunque sí se comercialice y obtengan ganancias de su intercambio, y que precisamente por eso que crece como burbuja hasta que explote.

¿“El urinario” de Elsa para Duchamp?

Carmela Torres
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En el 2004, “La fuente” o “El urinario”, del artista dadaísta Marcel Duchamp, fue votada como la obra de arte más influyente del siglo XX, pero ahora se cuestiona su autoría. Según algunos estudios, la artista dadaísta Elsa Von Freytag-Loringhoven fue quien ideó “El urinario” y se lo dio a uno de sus vecinos en un edificio de Brodway: Marcel Duchamp. […] Seguramente no es solo un problema de discriminación: tener un Duchamp en catálogo cotiza mucho más que tener una ignota Elsa; un artista reconocido hombre por sobre una artista que fue olvidada. Aceptar esta “nueva autoría” sería bajar unos cuantos ceros al capital de cualquier museo.

La monoforma y el poder opresor del audiovisual

Javier Gabino
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Una denuncia descarnada del rol negativo de los medios audiovisuales sobre la sociedad, sin ningún elemento fuera de crítica. El grito de alarma abarca desde el rol de los Estados y empresas capitalistas que dominan los MMA (Medios Masivos Audiovisuales), hasta el de los realizadores y técnicos, pasando por los festivales, las instituciones educativas, y el uso que hacen de él los “movimientos radicales”. […] Lo singular es que todo este conjunto de operaciones que buscan uniformizar el discurso audiovisual se presentan como la forma natural de este lenguaje, ocultando su carácter artificial y por esa misma razón convirtiéndose en agente privilegiado de la ideología. Un proceso mediante el cual se ordenan las instituciones educativas y lo que se considera “profesional”, excluyendo y reprimiendo toda disidencia.

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