Política Chile

FRENTE AMPLIO

El Frente Amplio y sus tensiones parlamentarias

Dentro de los realineamientos que se están dando dentro del conglomerado uno de los más llamativos es el que se produjo por apoyar, nada más y nada menos, que a la Democracia Cristiana.

Ricardo

Trabajador portuario eventual despedido

Miércoles 17 de abril | 07:40

Partidos y parlamentarios

Las discusiones dentro del Frente Amplio han producido alineamientos de distinta índole. Los dos últimos se dan en dos planos: un nuevo reagrupamiento de partidos, y un reagrupamiento de parlamentarios.

El primero tiene como punto fuerte el nacimiento de la Convergencia, con el alcalde de Valparaíso Jorge Sharp (MA) e Izquierda Libertaria como sus exponentes (está integrado por MA, IL, SOL y Nueva Democracia). Reafirmando la intensión de ser el partido de los movimientos sociales, tienen como proyecto llegar al Gobierno e impulsar reformas desde el Estado, impulsando a la vez un “contrapoder” a éste desde los Gobiernos locales (alcaldías o gobernaciones). A eso le llaman socialismo. El sujeto social de éstos cambios no lo encuentran por ninguna parte, y entonces lo que queda según ellos es realizar “redes” y “alianzas”.

El segundo tiene que ver con su trabajo parlamentario, y es acá donde los roces han sido más visibles. Las 20 diputadas y diputados del FA en el parlamento se separaron en dos grupos, con ocasión del acuerdo al que llegaron en marzo con la Democracia Cristiana para que ésta se quedara con la presidencia de la Cámara con sus votos, mientras que ésta debía votar al FA a la presidencia de comisiones.

El G15 y el G5

El así llamado “Grupo de los 15” (G15) fue el que impulsó ese acuerdo, con los diputados de Revolución Democrática, Partido Comunes, Partido Liberal y el nuevo conglomerado Convergencia. El “Grupo de los 5” (G5), en cambio, se opusieron. Ellos son Pamela Jiles, Florcita Motuda, Tomás Hirsh (todos PH), el renunciado a RD Renato Garín y Félix González (Partido Ecologista Verde). Durante todo el mes de abril dejaron de trabajar juntos, e incluso barajan la posibilidad de constituir una comisión de diputados aparte. En lo inmediato, Pamela Jiles ya bautizó al G5 como “la Bancada de la Dignidad”, por rechazar acuerdos con “el duopolio” incluso si significa perder puestos. Cuestión que ya venía siendo objeto de críticas, ya que Jiles misma había defendido a la derechista alcaldesa de Maipú Cathy Barriga.

El problema que más inquieta al G15 es que Pamela Jiles, por sí misma, es una figura candidateable presidencial con enorme peso. Descontando a Beatriz Sánchez, supera a cualquier otra personalidad del FA.

A su vez, el G15 está integrado en parte por parlamentarios de Convergencia, que se autodefine socialista y libertario. Su primera prueba consistió en confiar en que la DC no votaría el proyecto de Reforma Tributaria de Piñera, para luego mostrarle al mundo la novedad de que los falangistas no eran confiables. Y el problema, entonces, se abre a partir de ahí.

Si, como dice Convergencia, no existe un sujeto social (o no está constituido aún) que sea capaz de realizar transformaciones de fondo al país y lo único que queda son redes y alianzas, repetir la experiencia con la DC (el FA le vota la presidencia de la cámara, y ésta le vota la presidencia de Comisiones) querría decir que, en el próximo ciclo electoral tendríamos que prepararnos para una reedición del famoso “Pacto por Omisión” que realizó el PC con la ex Concertación. Y esto es lo que el G5 (y Pamela Jiles especialmente) no está dispuesta a hacer.

Atrapados en las redes del Parlamento, entonces, sin ver un sujeto de cambio, tanto el G15 como el G5 se preparan para entrar al debate electoral con sus propias figuras y proyectos, alianzas más, alianzas menos.






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