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El autoritarismo dentro del fútbol: el jugador como sujeto u objeto

"El deporte en manos de la burguesía no sólo enajena el proyecto de vida del aficionado, sino también de aquel que lo práctica".

Louis Álamos

Columnista de deportes

Domingo 1ro de marzo de 2015 | 08:30

Finalizando el año 2014 fuimos testigo del "Caso Barroso" producto de las declaraciones del zaguero de Colo Colo Julio Barroso contra las dirigencias de las Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP) cuando el 5 de noviembre del año pasado declarara: "Hemos notado cosas raras, los campeonatos no se compran se ganan, un buen dirigente no necesita comprar torneos". Esto trajo consigo una suspensión de ocho partidos para el jugador.

En la historia del fútbol chileno también nos encontramos con el caso inolvidable del ex-jugador de Deportes Concepción Cristián Montecinos tildando de manga de ineptos a la dirección de la ANFP encabezada por el empresario Sánchez donde el jugador habría sido suspendido por seis fechas, lo que hizo que Montecinos se fuera con todo: "Voy a reclamar a todos los entes que sean necesarios hasta que se haga justicia. En este país ya pasó el período donde uno no podía expresar su pensamiento. El señor Sánchez cree que todavía estamos en dictadura. Parece que se le corrió el calendario". Esto último profundizaría la sanción contra el jugador el año 2005.

El problema de fondo ante estas situaciones es que los deportistas del mundo profesional no tienen derecho a criticar a las dirigencias de las asociaciones deportivas por muy verídicos que sean los cuestionamientos, ya que el Tribunal de Disciplina de la ANFP basado en el Código de Penalidades no permite con su artículo 68 el "descrédito" de las autoridades ni personalidades del fútbol esto lo establece claramente las letras a) y e) de este artículo que indican: a) establece: "Las injurias u ofensas en contra de las autoridades, nacionales o internacionales, del fútbol o de toda persona sometida a la jurisdicción del tribunal, serán sancionadas con dos a diez juegos de suspensión". Y la letra e) "Cualquier acto que pudiese provocar el descrédito, menoscabo o que pudiere afectar la transparencia de la actividad futbolística en su conjunto, o de los personeros que la representan, será sancionado con cuatro a cincuenta juegos de suspensión".

Es decir, no sólo basta con la enajenación de los jugadores de una vida lujosa ante un fútbol en un contexto capitalista de la realidad, sino que va más allá de este tipo de cosas porque además se le prohíbe a cualquier deportista tener una opinión, crítica o cuestionamiento ante los grandes empresarios del deporte profesional, planteándose no sólo un sujeto que practique el deporte sino un sujeto que se transforme en un mero objeto de ganancias para un puñado de dirigencias ligadas a un grupo de empresarios y esto se logra regimentar con sueldos millonarios para los jugadores, alejando cada vez más el deporte de la realidad que viven millones de trabajadores siendo no sólo un escaso espacio de dispersión sino también un espacio de alineación hasta del público que ha hecho popular este deporte.

En el caso actual los Sócrates, los Sollier, los Mekhloufi y demás no podrían tener cabida en esta disciplina deportiva porque no se puede a mostrar ni siquiera un descontento contra cualquier tipo de autoridad, por lo tanto en este caso la restauración del capitalismo no sólo les sirvió a los empresarios del rubro productivo a sacar las lecciones pertinentes para domar a la clase trabajadores después de tantas luchas en los períodos 68’-89’, si no a quienes hoy tienen en sus manos la rama futbolística del deporte ya que el deporte más popular del mundo en un momento sirvió como tribunas a quienes se sintieran parte de luchas contra dictaduras, de independencias de colonias de grandes potencias imperialistas hasta de las grandes movilizaciones obreras. Por lo tanto a quienes nos apasiona este deporte de multitudes y buscamos la forma de hacerlo un espacio realmente de las masas explotadas significa barrer contra toda administración que levanta hasta estos Códigos castigadores que plantan dirigencias autoritarias que prohíben al deportista ser un sujeto crítico de la sociedad.






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