Cultura

AGUSTÍN TOSCO // ANIVERSARIO

“Él me decía ’el loquito del SITRAC-SITRAM’ y yo le respondía ’el reformista del PC’"

Raúl "Coco" Luna fue delegado de FIAT en Córdoba, cuando en ésta funcionaban los sindicatos clasistas SiTraC-SiTraM (Sindicato de Trabajadores de Concord – Sindicato de Trabajadores de Materfer). También fue secretario personal y gran amigo de Agustín Tosco en el sindicato Luz y Fuerza. El miércoles 5 de Noviembre pasado se cumplió el 39º aniversario del fallecimiento de uno de los dirigentes del Cordobazo. El “Coco” habló con La Izquierda Diario y recordó sus historias con el “Gringo” Tosco.

Miércoles 12 de noviembre de 2014 | Edición del día

Cuando “Coco” llegó a Córdoba, el 5 de Agosto de 1972, tras haber pasado meses en cárceles como la de barrio San Martin en la Capital cordobesa, la cárcel de Chaco, la cárcel de Rawson y la de Villa Devoto, por haber encabezado el proceso de lucha en la fábrica Fiat (ver video), se encontró con una multitud que lo esperaba a tanto él como a sus compañeros. "Eran unas doscientas personas gritando ¡Sitrac-Sitram! y pude abrazar a unos cuantos", contaba con nostalgia en los ojos. El tiempo que estuvo entre la gente fue efímero a causa de que dos integrantes del Sindicato Regional Luz y Fuerza lo llevaron a su despacho por órdenes del mismo Agustín.

El líder sindical, conociendo que “Coco” fue despedido de Fiat, pidió que le sea otorgado un puesto como empleado del sindicato Luz y Fuerza. La tarea que el "Gringo" le encomendó cuando estaba preso en la cárcel de Rawson fue que recorriera todos los sindicatos análogos reclamando y desparramando la lucha por la libertad de los presos políticos, lo que Luna realizó sin perder tiempo, recorriendo el país a lo largo y a lo ancho en el rastrojero del sindicato.

Un mes más tarde, en los primeros días de septiembre, en el Encuentro Nacional de los Argentinos se anunció que estaba llegando al lugar Agustín Tosco. Dicho y hecho, ese contexto fue el indicado para que se produzca el encuentro entre el “Gringo” y el “Coco”. "Y de ahí, nunca más nos separamos hasta el ’74 que se complicó todo de vuelta", dijo el ex secretario de Tosco, acompañado de una exhalación de recuerdos en los pulmones cansados.

La última vez que los amigos se vieron fue en Argüello, el 20 de Octubre, 16 días antes de la desaparición física de Tosco. El lugar era el mejor, ya que en la capital y en las sierras todo estaba vigilado por los servicios de inteligencia del interventor Bercovich Rodríguez, impuesto por gobierno peronista nacional luego del golpe policial que había derrocado al gobernador Obregón Cano y al vicegobernador Atilio López y de las intervenciones de Brunnello y -la más brutal- de Lacabanne.

Esa última vez, ya muy deteriorado Agustín, por su problema de sinusitis, no controlado debido a que todos los hospitales estaban intervenidos por militares que lo esperaban. Las últimas palabras que Agustín le dijo sentenciaban el advenimiento de una tormenta que comenzaba a rugir: "Estoy mal, creo que me voy, te dejo mi bandera. Seguila levantando, seguí la lucha".

Luna trató, entre lágrimas, de buscar palabras que explicaran la responsabilidad de continuar la lucha del sindicalista más importante del país. La causa de su muerte fue producto de una Encefalitis bacteriana en suma de una defensa endeble de su organismo. Pero eso no frenó que esa bandera legada fuese izada ante el intento de privatización de la Empresa Provincial de Energía de Córdoba (EPEC) y del Banco de Córdoba propuesta por el actual gobernador José Manuel De la Sota en 2001.

ID: Usted que tanto compartió con Agustín ¿Cuál fue su pasado y de qué modo llegó a convertirse en un exponente de la lucha y la toma de conciencia obrera?

Agustín nació en Coronel Moldes (ubicada a 300km de la Capital cordobesa, perteneciente al departamento de Rio Cuarto) en 1930, si no me falla la memoria. Venía de una familia de campo, de muy pequeña producción vacuna. Cuando se recibe de Técnico electricista, comienza a buscar trabajo, cosa que durante mucho tiempo no consiguió. Él me contó una vez en su despacho que en esa etapa de su vida tuvo la intensión de quitarse la vida, no quería volver a Coronel Moldes y decirle al viejo "Papá, fracasé". La idea la estaba llevando acabó en el puente Avellaneda cuando pasó un compañero de estudio y le propone anotarse como trabajador en la empresa inglesa de electricidad, que manejaba la Provincia. Gracias a esa aparición Tosco entra a trabajar en 1947 o cuarenta y pico a la actual EPEC.

Sus primeros pasos en la empresa fueron como obrero común, con el tiempo fue elegido Sub-delegado, posteriormente pasa a ser Delegado hasta llegar a conocer a varios de los Secretarios generales, ganar su confianza y pasar a ser él mismo Secretario general. A su vez pasa a ser miembro de la FATLyF (Federación Argentina de Trabajadores de Luz y Fuerza) en Buenos Aires a la cual el sindicato de Córdoba adhería, pero abandonó el puesto enseguida por cuestiones ideológicas.

ID: Hay distintas versiones que no dejan en claro la ideología de Agustín ¿Qué ideología tenia Tosco?

Las ideologías del “Gringo” siempre fueron de cimientos nobles. En broma, él me decía "el loquito del SiTraC-SiTraM" y yo le respondía "el reformista del PC". Tosco siempre fue de pensamiento marxista, un tipo humilde y honesto que nunca robó un peso a los trabajadores. Entre los miembros de Luz y Fuerza le compramos una vez un traje, porque si por él fuese hubiese andado con su saco marrón para todos lados.

Una reflexión, un legado, la misma lucha.

Raúl Luna levantó la frente, enderezó la espalda y trató de resumir lo que aprendió junto a Agustín Tosco, con la voz entrecortada por una memoria que se muestra intacta. A sus 74 años pidió a la juventud que levante esa bandera que el “Gringo” supo elevar bien alto para conseguir una patria libre, soberana y democrática.

Mientras el humo del tabaco le surcaba el semblante horizontalmente y apretaba el puño diestro, expresó con anhelo el fin de la explotación del hombre por el hombre. Hizo presente la necesidad de la toma de conciencia obrera y la importancia de que sea la juventud militante la que pugne por la obtención de una patria digna.

“Llevarme mi historia y mi experiencia a la tumba no me sirve de nada, acá trato de contar todas mis experiencias para poder seguir levantando la bandera que Tosco me dejó”, aclara, con lagrimas en sus ojos.







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