Cultura

CINE MEXICANO

El no tan discreto encanto de Buñuel

El 22 de febrero de 1900, en Calanda, España, nació Luis Buñuel Portolés. Un cineasta que, como pocos, revolucionó el séptimo arte.

Viernes 22 de febrero de 2019 | 18:27

Después de recibir los primeros años de una educación religiosa se trasladó a Madrid, donde pasó sus días en la Residencia de Estudiantes y entabló amistad con personajes como Salvador Dalí, Federico García Lorca y Rafael Alberti. Durante estos años estudia Historia, organiza un cine-club y revistas literarias.

En 1925 viajó a París y entabló contacto con los surrealistas. Sus primeras experiencias en el cine fueron como ayudante del director Jean Epstein —aunque renunció por “diferencias artísticas”—y escribiendo críticas de films para algunas publicaciones.

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En 1929, escribió junto a Dalí el guión de Un perro andaluz, y fue a partir de la proyección de ésta película que Buñuel se incorporó de lleno al grupo surrealista. Continuó con la producción de La edad de oro, un nuevo film surrealista que causó indignación en los sectores conservadores que atacaron el cine en donde se proyectó censuraron esta obra que no pudo exhibirse durante décadas.

Así retomó su trabajo en España en donde realizó algunas producciones comerciales y filma el gran documental Las Hurdes, Tierra sin pan (1933) —donde pone en evidencia cómo se ocupa la música en el cine para afianzar un mensaje—junto a materiales de propaganda a medida que se acercan los momentos de la guerra civil. Con el ascenso de Franco se exilió primero en París y luego en Estados Unidos, donde trabajó algunos años en la industria y luego se traslada a México donde realiza una importante producción cinematográfica.

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En 1963 comenzó una nueva etapa en Francia, allí realizó reconocidas películas como Belle de jour, Tristana, La vía láctea, El fantasma de la libertad, Ese oscuro objeto del deseo, y El discreto encanto de la burguesía que fue premiada con el Oscar a mejor película de habla no inglesa en 1972, Buñuel no asistió a la ceremonia pues “nada le hubiera disgustado más, moralmente”

Por un azar es invitado a México, donde terminó por radicar y recibir la nacionalidad. Aquí volvió a dirigir después de muchos obstáculos. Muchas de las películas que realizó, sin embargo, tuvo que hacerlas para poder comer, en sus propias palabras. Películas más comerciales —Gran Casino, El Gran Calavera—marcan este período de su vida, aunque sin dejar por ello de mantener su particular personalidad.

Los Olvidados, es probablemente una de sus películas más conocidas. un México de la década de los cincuenta, hundido en la pobreza pero que hacia fuera mostraba una cara moderna, encaminada a la urbanización y el primer mundo. Buñuel negaba y ponía en cuestión este discurso contando una historia de la infancia y adolescencia de los barrios pobres de la Ciudad de México, inspirada en relatos de los mismos archivos penales. El primer golpe que nos da Los Olvidados, es eso: la advertencia de la cruda realidad

Las grandes ciudades modernas: Nueva York, París, Londres esconden tras sus magníficos edificios, hogares de miseria que albergan niños malnutridos sin higiene, sin escuela, semillero de futuros delincuentes. La sociedad trata de corregir este mal, pero el éxito de sus esfuerzos es muy limitado; sólo en un futuro próximo podrán ser reivindicados los derechos del niño y del adolescente para que sean útiles a la sociedad.

México, la gran ciudad moderna, no es la excepción a esta regla universal. Por eso esta película, basada en hechos de la vida real no es optimista y deja la solución del problema a las fuerzas progresivas de la sociedad”

Para no perder la costumbre, el gobierno mexicano también censuró por muchos años esta multipremiada película. Los Olvidados, sólo estuvo exhibida en cines tres días.

Luis Buñuel falleció en la Ciudad de México el día 29 de julio de 1983 de madrugada, a causa de una insuficiencia cardíaca, hepática y renal provocada por un cáncer. Sus últimas palabras fueron para su mujer Jeanne: "Ahora sí que muero". Ese mismo año había sido nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Zaragoza. Se mantuvo fiel a su ideología hasta el final: no hubo ninguna ceremonia de despedida, siendo en 1997, cuando finalmente fueron esparcidas sus cenizas en el monte Tolocha, situado en su pueblo natal.

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Buñuel, regresa por favor…

La vida que tuvo Buñuel está ligada, por supuesto, a la clase social a la que perteneció, y de la cual siempre renegaría. Su padre fue un hombre rico, y por ende la posición de la que gozaba el cineasta, era privilegiada. En toda su obra aparece permanentemente una tendencia a criticar mordazmente los vicios de la burguesía.

Su vida estuvo atravesada por la rebeldía, la burla hacia las tradiciones más sagradas. Él mismo afirma que la religión, la patria, la familia y la cultura son instituciones hipócritas y amorales. Toda su obra es una reacción contra estas mismas instituciones. Su posición ética y política siempre lo condujo irremediablemente a sufrir la censura.

Polémico en cada aspecto de su vida, Buñuel marcó el cine y a los espectadores no sólo por la dureza de sus proyectos, sino por presionar al límite para que el séptimo arte fuera una manera de empezar a debatir en qué mundo vivimos y qué sociedad deberíamos pelearnos por construir.

México fue su último hogar, la ciudad más surrealista de este país de muerte fue una de sus musas más importantes —y no Silvia Pinal—para tratar de retratar la miseria en la que nos hunde el capitalismo.

No es ninguna sorpresa que a las grandes productoras esto les tenga sin cuidado. Se dedican a dar dinero a proyectos tan vergonzosos como el remake de La boda de mi mejor amigo, Lo más sencillo es complicarlo todo, Qué culpa tiene el niño, Hazlo como hombre, A la mala, etcétera y deciden a propósito invisibilizar a estudiantes y producciones que no quieren ser simplemente comerciales de grandes marcas o apellidos. Es una vergüenza lo que hoy en día es el cine mexicano.

Buñuel, feliz cumpleaños. Necesitamos más como tú: Artistas que utilicen todas sus capacidades para indignar a los trabajadores y presionarlos para que griten en todos lados que este sistema no tiene nada para ofrecernos. Para que derrumben palacios, torres y construyan un mundo nuevo.

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