MES DEL ORGULLO

Las organizaciones LGBTIQ+ se adaptaron al capitalismo rosa

Con motivo de la conmemoración n°51 de la revuelta de Stonewall, distintas organizaciones oficialistas de la diversidad y disidencia sexo-genérica han levantado marchas virtuales, conversatorios con personajes conocidos de tv, farándula y espectáculo, así como también stramings de estilo cultural, variando la forma pero no el contenido de su política de conseguir derechos a través de reformas dentro del sistema socio económico actual y en colaboración con la clase empresarial. Sin embargo, el contexto actual de crisis sanitaria y económica exige que el abordaje de los necesidades y demandas propias de las personas LGBTIQ+, especialmente trabajadorxs y pobres, tengan una perspectiva política y estratégica distinta a la que siempre ha sido propuesta por estas organizaciones.

Sábado 27 de junio | 11:36

La revuelta de Stonewall es un hecho que marca la historia de la diversidad y disidencia sexual/genérica de forma crucial. Nos enseña que no basta con sentir orgullo de ser quién se es sino que también es necesario dar la batalla contra un sistema que es económica y socialmente desigual, donde les LGBTIQ+ pobres y explotades tienen muchísimo que perder, pero muchísimo por delante que conquistar. En la actualidad, el carácter de “fiesta” que implicaba esta fecha (que, a todo esto, fue instalado por las grandes empresas y multinacionales) va evolucionando a uno más político y no precisamente por la acción de las organizaciones oficialistas de la diversidad y disidencia, sino más bien por el avance de la consciencia de las nuevas generaciones que no están más dispuestas a quedarse “dentro del clóset” ni tampoco a sufrir la (cada vez más evidente) desigualdad entre las clases sociales. Más aún, la actual pandemia y crisis económica global han mostrado y agudizado la opresión sistémica hacia las personas LGBTIQ+: pobreza, violencia, salud precaria y no acorde a las necesidades propias de la diversidad y disidencia, discriminación, entre otras cosas.

La reactivación del movimiento Black Lives Matter tras el asesinato de George Floyd a manos de la policía no solo removió a la comunidad afroamericana estadounidense y parte de la población blanca, sino también a la diversidad y disidencia sexogenérica que levantó la consigna Black Trans Lives Matter, pues días antes de lo de Floyd también fue asesinado por la policía Tony McDade, un hombre trans afroamericano, que desató manifestaciones frente al histórico bar Stonewall. Las comunidades y pueblos oprimidos tenemos mucho más en común entre unos y otros de lo a simple vista parece.

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En Chile, las organizaciones como Iguales y el Movilh han levantado streamings y conversatorios web con artistas, personas de la farándula y el espectáculo, además de una marcha virtual. El Movilh en especial lanzó un evento en RRSS con rostros de televisión que en esta crisis han tenido el rol de lavar la imagen de los empresarios, del gobierno de Piñera y de reafirmar día tras día que la responsabilidad sobre el aumento de los contagios de covid recae en les trabajadores y pobres y no en las políticas criminales del gobierno y en las prácticas empresariales abusivas. Incluso está incluida en este evento Marcela Vacarezza, periodista que avaló y justificó las violaciones a DDHH cometidas por militares y FFEE de carabineros durante de revuelta de octubre. Para colmo, programó una transmisión a través de redes sociales llamada “El Orgullo premia a heroínas y héroes del Covid-19” con figuras representativas de distintos gremios entre las que se incluye a Katherine Martorell, actual Subsecretaria de Prevención del delito del gobierno de Piñera. La misma que ha salido defendiendo e impulsando el aumento de la represión hacia el pueblo pobre y trabajador con justificación en la pandemia, cómo el aumento de las multas y penas de cárcel para las personas que “violen la cuarentena” o la presencia militar y policial en las poblaciones. Además, el Movilh colabora también con el lavado de imagen de países imperialistas y guerristas como Estados Unidos o Israel, celebrándoles que sus embajadas se suman a su marcha virtual.

Por su lado la Fundación Iguales, enfocándose en la identidad LGBTIQ+ y disolviendo el problema de clases, ha impulsado streamings culturales, artísticos, jurídicos y de maquillaje drag alejados de la realidad actual de la diversidad y disidencia que sufre pobreza y discriminación. Es decir, siguen una línea muy similar a la del Movilh: LGBTIQ+ como un asunto identitario por fuera de la lucha de clases y de simple activismo político para lograr algunos derechos dentro del capitalismo patriarcal a través de la solidaridad y conciliación con los empresarios y sus políticos, sin tocar ni por si acaso el feminismo.

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Así mismo, en plena pandemia, la violencia, opresión, abandono y precariedad que han aumentado para la diversidad y disidencia en el país ha sido invisible para estas organizaciones. Suspensión y cancelación de trámites hormonales, sicológicos, endocrinos, falta de medicamentos para el tratamiento del VIH así como también el aumento de la marginalidad en cuanto al acceso al trabajo formal, la violencia y abuso son parte de las consecuencias de la crisis de las que no se hacen cargo las organizaciones que pactan con los empresarios y partidos del régimen.

A la izquierda del Movilh y de Iguales y más allá de la teoría y la reivindicación: organizades para la revolución.

Por otro lado, las organizaciones por fuera de Iguales y del Movilh que van más allá de la mezquina propuesta política de estos, se quedan en la crítica hacia la mercantilización de les LGBTIQ+ o “capitalismo rosa”, en la crítica hacia el patriarcado y la teorización de la identidad sexual y de género. Sin embargo, esto no es suficiente. Sin perspectiva de clases dentro de la discusión, se crea una falsa división entre les pobres y trabajadores y la diversidad/disidencia sexogenérica. Tal como en el feminismo radical se plantea la sororidad (solidad entre mujeres por ser mujeres, sin importar la clase social o su rol en la sociedad), el peligro de impulsar una política de solidaridad a través de laidentidad es reducir la opresión histórica a la diversidad y disidencia, especialmente la de la clase trabajadora empobrecida, a una cuestión de aceptación de la “forma de ser” sin importar si eres une LGBTIQ+ multimillonario o de población.

Incluso, sin cuestionar el capitalismo, cuestionar sólo el patriarcado queda cojo. Les LGBTIQ+ no somos productos para echar dentro de un carro de supermercado u outfits para ver quién luce más “gay”. No somos propuestas de liberación para promocionar telefonía celular, ni tampoco las personas que merecen los peores trabajos (si es que logramos encontrarlos), ni la mano de obra más barata oculta tras el teléfono de un callcenter o dentro del clóset para no ser despedide. Tampoco queremos ser quienes aborten en clandestinidad con riesgo de morir o ir a la cárcel. Mucho menos queremos ser aquellas personas que estamos más cerca del suicidio, pobreza extrema y prostitución porque somos discriminades social y laboralmente.

Es necesario superar a estos grupos y forjar una organización anticapitalista, feminista, antiracista y anti patriarcal, que luche no sólo por las demandas de les LGBTIQ+ si no por la liberación de todo el pueblo pobre y trabajador y en unión con distintos sectores, como por ejemplo el movimiento de mujeres y el pueblo mapuche, para que todes tengamos derecho a vivienda, salud, pan y trabajo. Derecho a educarnos y desarrollarnos sexual y afectivamente, a vivir nuestras identidades sin miedo a perderlo todo y a construir relaciones personales saludables, sin opresión ni roles de género conservadores serviles a la clase dominante. Entonces, sentir orgullo no será simplemente por quienes somos, sino por quienes luchamos ser y por el mundo que deseamos forjar, uno sin opresión, sin explotación ni clases sociales.

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