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El último general de Trump y la debilidad de su Gobierno

La renuncia de Mattis, el último revés en la Corte Suprema, aun teniendo mayoría conservadora, el cierre parcial del gobierno y el RusiaGate, el panorama no es muy claro para el presidente de Estados Unidos.

Sábado 22 de diciembre de 2018

Foto/Enfoque Rojo

El martes pasado el presidente Donald Trump anunció la salida de las tropas estadounidenses en Siria. Lo hizo, como es su costumbre, contra el consejo de varios de sus asesores, incluido el ex general Jim Mattis, Secretario de Defensa. Mattis escribió su renuncia y el jueves fue a la Casa Blanca con la carta impresa en un último intento de convencer a Trump de dar marcha atrás, pero no lo logró.

El perro rabioso Mattis es el autor del documento sobre Estrategia de Seguridad Nacional que se presentó en enero de este año y que marca el abandono de la estrategia de la guerra contra el terrorismo. El documento definía que “La competencia estratégica interestatal, no el terrorismo, es ahora la principal preocupación de la seguridad nacional de Estados Unidos” y daba cuenta de la preeminencia del ala militar en el gobierno de Trump. Mattis era el último de los que el presidente llamó mis generales entre los que estaban HR McMaster, Asesor de Seguridad Nacional y el recientemente renunciado John Kelly, Jefe de Gabinete, considerados ampliamente como los únicos capaces de brindarle un poco de estabilidad y coherencia a la Casa Blanca. Esta última salida es la ruptura definitiva del trumpismo con el ala militar, uno de los apoyos más firmes con los que contaba.

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Pareciera que se acerca una nueva etapa de inestabilidad en el gobierno estadounidense. Durante la campaña electoral de medio término, Trump parecía haber conseguido disciplinar a su tropa demostrando que él es el dueño de los votos ya que su apoyo constituyó la diferencia entre ganar o perder la interna republicana. Luego de las elecciones de medio término, donde el el gobierno perdió el control de la cámara de Diputados, los republicanos parecen estar más dispuestos a desafiar al presidente.

El senador por Arizona Jeff Flake, pronto a retirarse, supeditó su voto a favor de las últimas nominaciones judiciales de Trump a la aprobación de una ley que proteja la investigación del fiscal especial Mueller, que lleva la causa sobre la posible intromisión rusa en las presidenciales de 2016, que varios dolores de cabeza le causó a gobierno y por la que ya cayeron Michael Cohen, Paul Manafort, y Michael Flynn. El senador por Tennessee Bob Corker, también presto a retirarse, impulsó hace una semana una resolución donde se declara al príncipe Saudí Bin Salman “responsable” del asesinato del periodista Jamal Khashoggi, un golpe por elevación a Trump que dijo reiteradamente que “estaba seguro” que Bin Salman no tenía nada que ver.

En la última gran batalla legislativa del año, donde estaba en juego la continuidad del financiamiento del gobierno, el líder de la cámara alta Mitch McConnell se negó públicamente a usar la “opción nuclear”, un último recurso para pasar una ley con mayoría simple y que permitiría que el Partido Republicano mantenga el financiamiento del gobierno y además consiga los fondos que demanda Trump para su muro. O sea, McConnell le negó a Trump una victoria en toda la linea. En la media noche del viernes el Senado pospuso la decisión, efectivamente cerrando parcialmente el gobierno, afectando a 9 ministerios y varias agencias estatales.

La intransigencia del presidente, que primero dijo que estaba dispuesto a afrontar un cierre del gobierno si no le otorgaban la financiación para su muro y que ahora intenta responsabilizar a los demócratas, puede afianzar el apoyo de su base, que lo ve como alguien que intenta cumplir sus promesas pero el congreso se lo impide. Pero difícilmente puede ayudarlo de cara a su posible reelección en 2020, ya que no le permite ampliar su base de apoyo. Las brutalidades que dijo e hizo durante su mandato, como separar familias en la frontera le valió el rechazo por parte de un sector de la población blanca con estudios universitarios, tradicionalmente republicana. Ante este panorama y las pequeñas “rebeliones” en el senado se reabre la posibilidad de un impeachment, que por ahora nadie quiere discutir pero si se combina una ofensiva demócrata en el congreso con un avance significativo en la investigación de Mueller y Trump sigue haciendo de las suyas y perdiendo apoyos, no está descartado que avance. El impeachment sigue siendo un tiro en el pie para el partido de gobierno pero a esta altura ya se quedaron sin buenas opciones y solo les resta el control de daños.

De todas maneras, el resultado de las últimas elecciones está muy fresco como para pensar en las próximas. Más allá de la baja popularidad y la capacidad de Trump para perder apoyos, habrá que ver cómo se configura la complicada ingeniería electoral de una de la más antidemocrática de las democracias occidentales.¨Esta semana vimosla renuncia de Mattis, el último revés en la corte suprema, aún teniendo mayoría conservadora, el cierre parcial del gobierno y los nuevos avances en el RusiaGate. El panorama no es muy claro para el presidente de Estados Unidos.






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