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Entre el estallido y la pandemia: La primera línea contra los ataques del gobierno y los empresarios

Un estallido y un proceso de reforma constitucional pausado por una pandemia que aceleró la crisis económica mundial. La respuesta del gobierno de Piñera ha sido la manipulación de las cifras de contagio, represión, toque de queda, hambre y multas millonarias, miedo y control, , suspensiones y despidos masivos, además del funcionamiento de sectores no esenciales como la minería. Políticas para que los empresarios no pierdan sus ganancias. Frente a esto, ¿qué estrategia se necesita para conquistar pan, salud y trabajo?

Sebastián Castro

Director Colegio de Periodistas Antofagasta

Galia Aguilera

Profesora, y dirigenta del Partido de Trabajadores Revolucionarios

Domingo 5 de julio

Un gobierno débil

El gobierno y Sebastián Piñera se encontraron nuevamente con el fantasma del 6%, pero esta vez debido a las consecuencias de la estrategia sanitaria que utilizó y continúa utilizando en la pandemia. El contagio progresivo y la polémica cifra de muertos, le costó la salida a Mañalich y demostró los verdaderos intereses de los planes del gobierno: continuar produciendo a costa de la salud de millones.

El enroque de ministros no modificó la estrategia de gobierno. Y hoy, a pesar de los más de 8.935 fallecidos a nivel nacional indicados por el DEIS, el ministro Paris ya viene instalando el discurso de una falsa “leve mejoría”. Nada que envidiar a la “nueva normalidad” del exitismo piñerista.

El 17% de aprobación que obtuvo Piñera en encuestas como CRITERIA y la crisis interna de la derecha chilena complejizan el polarizado escenario de los partidos dirigentes. Es un gobierno débil. Académicos como Daniel Munsuy ya califican a Sebastián Piñera como quien convirtió el proyecto político de Chile Vamos en un desierto.

El gobierno huérfanos de orientación unificadora en la derecha, su objetivo hoy pasa por atacar a los “eslabones débiles” de la sociedad: la juventud, la mujer y los adultos mayores a favor de la defensa del empresariado.

Impidiendo el retiro de fondos, encarcelando presos políticos o llevando a la población a la miseria individual, el gobierno busca soslayar su crisis. Esto ha sido una política constante del gobierno en el marco de medidas de control social, medidas punitivas y millonarias multas para las familias trabajadoras del país.

Y este camino no pudo haberse concretado sin la venia de los partidos de la denominada falsa oposición, quienes desde el PC al Frente Amplio y la exNueva Mayoría, sin mayor cuestionamiento, aprobaron leyes como la mal llamada de “protección al empleo”. En total silencio hoy continúan acatando la política parlamentaria y aprobando proyectos conjuntos que solo han maquillado el tétrico escenario político y social que se abre.

La oposición: el gusto por lo poco

El estallido que comenzó en octubre, tuvo su clímax con la huelga general del 12 de noviembre, que sumó a las poblaciones y una juventud combativa en las calles. Salvar la gobernabilidad de Piñera, fue la estrategia de los partidos tradicionales de la UDI hasta RD, a través del acuerdo nacional de noviembre, que contemplaba un plebiscito y una convención.

La estrategia de la conservación del régimen ha sido encabezada históricamente por el duopolio, y en esta última década se ha sumado el Frente Amplio, quienes siguiendo las viejas recetas aspiran a que el pueblo se conforme con pequeños cambios y los vea como grandes triunfos. El acuerdo de noviembre fue la respuesta constitucional frente a una situación convulsionada que apuntaba contra la herencia neoliberal de la dictadura. Una paradoja combatir la constitución del 80s con las reglas de la misma constitución que el pueblo repudia en las calles. La oposición de los partidos que tienen representación política en el parlamento, mostraron ser un objeto más de utilería de una obra espeluznante, arquitectura hecha para absorber hasta el último aliento de la clase trabajadora, la juventud y los sectores más empobrecidos.

Durante la pandemia negocian con un gobierno débil mínimas demandas, al mismo tiempo que salvan la imagen de algunos parlamentarios rancios, que en otras ocasiones han votado contra el pueblo y promovido toques de queda y represión, como es la diputada RN Paulina Núñez. Si bien, por ejemplo, el post natal de emergencia es un punto a favor, es algo mínimo que debió estar al comienzo de esta situación, no es un punto para reivindicarse, pues el retraso es de meses.

No son los únicos con letargo, el partido comunista, que si bien no firmó acuerdos con el gobierno, si los respaldo poniéndose en sintonía con las opciones del acuerdo de noviembre. La dirección que han dado a los organismos de trabajadores que dirigen hace décadas como la CUT ha sido de una expectación vergonzosa, han impulsado un pliego popular que contempla el endeudamiento de las futuras generaciones, y dada su práctica ya conocida, muy posiblemente no organizará ni impulsará acciones desde los sectores organizados del movimiento obrero para luchar por los puntos progresivo del pliego que proponen, siendo nuevamente un obstáculo para desarrollar una alternativa de los trabajadores.

El rol de la primera línea en la revuelta y la pandemia por “pan, salud y trabajo”

La imagen de la revuelta sigue presente, los desvíos institucionales, incluyendo la pandemia, no son suficientes para bajar las expectativas de amplias capas que salieron a la calle por pensiones, salud, educación, vivienda y hastiados de las deudas para muchos y privilegios para pocos. Las instituciones del régimen respondieron con una represión brutal, muertos, mutilados, torturados, abusados, y más de 2 mil presos políticos.

Incluso en cuarentena la protesta ha estado presente, pues las crisis siguen siendo descargadas en los hombros de las y los trabajadores, de los sectores más empobrecidos y la juventud. Las protestas por el hambre que comenzaron en El Bosque, mostraron la situación de miseria que se vive con las medidas del gobierno, surgieron ollas comunes para paliar el hambre y el gobierno pone paños fríos con cajas de alimentos.

El hambre es una expresión más, que acompaña a los casi 2 millones entre despidos y suspensiones, y quienes deben trabajar sufren del hacinamiento en el transporte público, toque de queda y control represivo.

El estallido social forjó una juventud combativa, la llamada primera línea, que hoy se expande en sectores de trabajadores frente a la pandemia. Por ejemplo, los trabajadores de la salud se han manifestado en innumerables ocasiones denunciando la falta de insumo, condiciones de la salud pública y la incompetencia de los ministros. El sindicatos de aseo y limpieza de la concesionaria Siglo XXI del Hospital Regional de Antofagasta se movilizaron por las condiciones laborales, exigieron implemento de EPP, licencias pagada a los trabajadores mayores de 60 años y enfermos crónicos, prohibición de despidos y el reconocimiento de una comisión de delegados de higiene y seguridad. Así también en hospitales de Santiago, se organizan comisiones de salud y seguridad, como en el hospital Barros Luco, que han realizado varias protestas a las afueras del hospital.

Los despedidos de LATAM han denunciado los más de mil despidos a nivel nacional, desenmascarando las grandes ganancias de esta multinacional en los últimos años, mientras el gobierno se abre a discutir un rescate a la aerolínea y la CUT nuevamente mira desde la galería. La asamblea de despedidos busca la coordinación con otros sectores y realizan acciones como la del 18 de junio que cortaron la subida a la negra, un barrio industrial al servicio de la minería, junto al comité de emergencia y resguardo, en Antofagasta.

Hoy la minería es un foco de contagio en regiones como Antofagasta, que se han convertido a pesar de su baja población en sectores críticos, impulsaron cuarentenas truchas limitadas a zonas urbanas, todos los parlamentarios salieron a respaldar sin exigir el cese de los trabajos mineros, pero luego los contagios crecieron exponencialmente como sucedió en Calama, ciento de trabajadores mineros contagiados, expuestas sus familias y sus trayectos. A pesar de no ser esencial, las mineras siguen ganando millones, por ejemplo, Minera Escondida ha entregado 210 millones por la pandemia, lo que equivale al 0,00001% de sus ganancias anuales. Los dirigentes dicen que paros no están descartados, sin embargo, las semanas pasan, y ni sus mesas estériles han sido convocadas.

Si los sectores de la juventud combativa se unieran con los sectores obreros organizados para disputar a los dirigentes aletargados la dirección del movimiento obrero, y se planteará una perspectiva revolucionaria se podría conquistar efectivamente pan, salud y trabajo. El paro nacional es un primer paso en ese camino.






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