Sociedad

IGLESIA CATÓLICA

Fernando Montes y la hipocresía de la iglesia

En el actual contexto donde la iglesia católica se encuentra en una profunda crisis y la discusión por el aborto se ha tomado el escenario, Fernando Montes, sacerdote jesuita y ex rector de la Universidad Alberto Hurtado, se refirió a estos temas.

Suely Arancibia

Estudiante de Pedagogía en Historia y Geografía, ex Pedagógico. Militante de Pan y Rosas.

Jueves 5 de julio

Bien sabemos que la iglesia católica está atravesando por una de sus más fuertes y profundas crisis de legitimidad, la cual no ha podido revertir a pesar de sus múltiples intentos. Esta se produjo debido a los altos casos de abuso que se han abierto en su interior, donde Bergoglio ha tenido que salir a intervenir pidiendo “perdón”, teniendo reuniones con afectados y enviando a sacerdotes del vaticano a “reparar las consecuencias”, además ya hemos visto cómo cada vez son más los obispos que renuncian a sus cargos, mientras los adherentes han bajado de un 73% a un 45% solamente en Chile.

Es en este contexto donde Fernando Montes, miembro de la iglesia jesuita al igual que Bergoglio, en un intento de limpiar la imagen y mostrar la cara más “progre” de la institución se refirió a los casos de abuso y a la objeción de conciencia, donde actualmente, luego de que en Argentina se aprobara el aborto en la Cámara de Diputados tras masivas movilizaciones con miles en las calles, en numerosos países han salido con una potente campaña para que se expanda al resto del mundo.

En una entrevista mencionó con respecto a la crisis que “Es una oportunidad extraordinariamente importante para un cambio radical en la Iglesia” donde espera que cambie la manera de elegir a los obispos y que su elección no sea impuesta, sino “consultada a la comunidad”.

También mencionó que a su juicio “no es lo mismo hacer una caricia, que puede ser acoso, que violar a un niño. Hoy en la prensa cualquier cosa aparece como abuso. En el sentir público muchas veces el acoso es prácticamente entendido como abuso. En el acoso te puedo decir ‘qué bonita eres’, muy distinto a si viene una persona y te viola. Es la oportunidad para que haya claridad total”.

Con respecto a la objeción de conciencia, declaró que “ninguna institución, ninguna puede pretender tener todos los proyectos, porque la diversidad del mundo moderno es muy grande”.

Acá podemos ver como Montes, en un intento desesperado de la iglesia, trata de proponer “cambios radicales”, apelar a la “diversidad del mundo”, a la vez que naturaliza aspectos como el acoso. Un intento más de la hipocresía de la iglesia.

Pero no debemos olvidar, que la iglesia es una institución nefasta, la cual constantemente ha sido cómplice de genocidios, dictaduras, abusos sexuales y opositora en cada oportunidad de los derechos de la diversidad sexual y las mujeres. Ellos mismos son los que criminalizan el aborto, oponiéndose al derecho de decidir sobre nuestros cuerpos dejando que seamos miles de mujeres las que perdamos la vida tras los abortos clandestinos.

La Iglesia y su moral, a través de su “santa” alianza con el Estado, nos violenta en cada uno de los aspectos de nuestras vidas, siendo un importante pilar conservador que está presente en los principales debates parlamentarios y de la agenda nacional, defendiendo en cada momento los intereses de ricos y empresarios y oponiéndose ante cada demanda que reivindique los derechos de los más pobres, de la diversidad sexual y de las mujeres, como por ejemplo, la ley de identidad de género, el matrimonio igualitario y el aborto.

Actualmente la discusión sobre el aborto tomó otro peso en Chile, en víspera de la próxima marcha del 25 de julio, día por la despenalización del aborto en América Latina, y luego de las masivas movilizaciones en Argentina y la aprobación del proyecto en la Cámara de Diputados, la campaña por el aborto legal, libre, seguro y gratuito ha cobrado fuerza, sin embargo esto debe dar paso a cuestionar aspectos más profundos que naturalizan las muertes de mujeres por abortar clandestinamente, por qué sí, los abortos existen y se practican diariamente, sin embargo la iglesia y el Estado hacen oídos sordos dejando que esto ocurra en la clandestinidad, sin tomar en cuenta que corresponde a un problema de salud pública y que ellos no garantizan las condiciones ni el espacio para que se desarrollen con seguridad.

Además de levantar con fuerza una campaña que va encontra de la moral conservadora de la iglesia, como lo viene haciendo el Partido de Trabajadores Revolucionario, no puede quedar fuera el debate contra la Iglesia Católica, que junto al Gobierno, el Estado y los empresarios, es una de las principales instituciones sostenedoras del machismo, la violencia estructural a la mujer y defensora de los roles de género que nos llevan a posicionarnos como dueñas de casa, esposas, madres y víctimas. Tenemos que exigir la total y efectiva separación de la iglesia y el Estado, ya que aunque el Estado se declare laico, podemos ver claramente cómo se apoyan y se sostienen mutuamente, como se sigue protegiendo su poder y propiedades y como se les otorga influencia y decisión en el destino político, social y educativo del país.






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