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Frente Amplio: la estrategia de la convergencia

El debate de la convergencia en el Frente Amplio ya se ha desarrollado por más de dos meses. Durante dicho periodo, diversas organizaciones han tomado posición, así como sus referentes han buscado, activamente, entrar en el debate.

Antonio Paez

Secretario Sindicato Starbucks

Lunes 12 de febrero | 07:06

Diversos encuentros y citas se han dado las organizaciones que componen el Frente Amplio (FA) durante este verano. Todos los encuentros han tenido el objetivo de delinear cual será el camino que tomaran las 14 organizaciones que conforman el espacio ante al gobierno de Piñera y cuál será el rol que este ocupará con una importante bancada en la Cámara de Diputados.

Las primeras semanas de enero se llevaron adelante reuniones de las propias organizaciones para hacer una reflexión colectiva sobre los resultados electorales. Revolución Democrática (RD), Movimiento Autonomista (MA), Nueva Democracia (ND), Izquierda Libertaria (IL), Partido Humanista (PH) y Liberal (PL), todos de una forma u otra afirmaron que el haber colocado al FA como tercera fuerza nacional fue una enorme conquista. A paso seguido comenzaron, desde un sector, la idea de la convergencia.

Mientras sucedían los balances de las fuerzas que obtuvieron bancadas parlamentarias, otras organizaciones como Izquierda Autónoma (IA) y ND abrieron el debate sobre la posibilidad de que las diferentes organizaciones que tuvieran cierto camino recorrido en común pudiesen abrir el camino a la conformación de una organización única, que pudiera disputar de forma clara la conducción del FA. A este proceso se le ha denominado “la convergencia”.

¿Qué tipo de convergencia se busca en el Frente Amplio?

Como declaraban tres miembros del FA en una reciente nota publicada en El Desconcierto: “No hay nada nuevo en hablar de la convergencia de la izquierda (..) Lo relevante está en pensar o concebir las motivaciones políticas que conducen a la necesidad de converger”, es decir, el esfuerzo en el que se debe embarcar el debate en el próximo periodo será el por qué converger, es decir con qué política y con qué estrategia

La respuesta a la primera respuesta es obvia, según los autores el Frente Amplio debe transformarse “en un referente de construcción político social de cara a las organizaciones populares, sociales y de base”, pero la segunda se complica, debido a que no hay una visión única al problema de qué estrategia seguir y por lo tanto el debate debe profundizarse en este punto.

Con relación a esto último el documento da una certeza y una advertencia “un proceso de convergencia de organizaciones políticas al interior del Frente Amplio requiere del establecimiento de coordenadas claras en cuanto a las disposiciones estratégicas (…) Esto, sin duda, no se resuelve ni se dictamina por medio de meros acuerdos entre direcciones nacionales, o cualquier otra forma cupular”. Es decir, la convergencia no pude tener como fundamento el acuerdo de los grupos dirigentes, sino que debe, necesariamente, darse espacio para que quienes son parte de las organizaciones (militantes) puedan opinar y deliberar.

Hasta aquí va clara la cosa, la convergencia debe ser un acuerdo democrático y no burocrático “La convergencia es un desafío cierto y serio para algunas organizaciones políticas del Frente Amplio, por lo que no podemos someterlo ni resolverlo reproduciendo formatos despolitizados, burocráticos, cupulares, ni mañosos, sujetos a intereses pequeños y de corto plazo.” insisten los autores. Pero a reglón seguido vuelve la nebulosa: “Debemos poner sobre la mesa las perspectivas de fortalecimiento de tejido social orientado a generar capacidades de movilización; mostrar –más allá de los ejercicios declarativos- que esas perspectivas se traducen en trabajos de inserción y articulación real de sujetos sociales; disponer de los esfuerzos territoriales, feministas, sindicales y estudiantiles que se han venido desarrollando”. Es decir, construirse en el “mundo popular”, mundo que va desde el movimiento obrero, las luchas estudiantiles, de la mujer u otros. Pero lo que olvidan mencionar los miembros de dicho documento es que hay espacios donde grupos como IA, MA, RD o ND llevan años conduciendo y al parecer dicho proceso de “conformar mayorías desde la izquierda” seria un proceso pasivo, alejado de esa “capacidad de movilización” a la que aludían anteriormente. Más allá de las fábulas burocráticas a las que hacen referencia (por la ausencia del proceso democrático) al parecer la fabula no es sobre lo burocrático, sino de la necesidad de la movilización.

¿Dónde está el debate estratégico?

Sin lugar a duda la izquierda, desde los antineoliberales hasta los anticapitalistas, se encuentra debatiendo como poner fin al sistema económico, social y político que conocimos las últimas tres décadas.

Este proceso no tiene una raigambre exclusivamente nacional, sino que abarca a diversas fuerzas políticas a nivel internacional. Esto debido a la crisis orgánica que enfrentan varios países como España, Argentina, Brasil, Grecia, Francia o Chile. Incluso EEUU vio quebrado su sistema de alternacia por un outsider como Trump.

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Dicho lo anterior, no podemos tapar el sol con un dedo y no dar cuenta que el Frente Amplio y los antineoliberales han ganado un terreno no despreciable frente a otras alternativas de izquierda. Esto principalmente debido a su propio acomodo a las hipótesis estratégicas que habilitó el neoliberalismo como posibles.

Cuando las fuerzas del frente amplio hablan de acabar con el neoliberalismo lo hacen desde la hipótesis estratégica de avanzar hacia sociedades con derechos garantizados, “más democráticas”, pero siempre en el marco de un sistema capitalista humanizado “a la escandinava”.

Es decir, cualquier hipótesis que rebase los límites del capitalismo como sistema económico/social para ellos, en cualquiera de sus variantes, sería utópico. En este sentido el debate “estratégico” se limita a una reflexión en torno a la táctica de construcción de la fuerza necesaria para presionar a la institucionalidad y correr el cerco hacia la izquierda.

Falta una visión de clase en la construcción estratégica

Teniendo hasta ahora una discusión muy poco estratégica, pero sí muy táctica lo que queda claro es el rol de las hegemonías dentro del propio proyecto político. Como decíamos aquí la operación teórica de las organizaciones del frente amplio tiene por resultado “diluir el rol central que juega la clase trabajadora tanto en las correlaciones de fuerza como en la posibilidad de terminar con el actual sistema de acumulación de capital” esto debido a que consideran que el problema de la hegemonía del proyecto económico social y político se juega en “los movimientos” en oposición a la “elite”.

Por lo tanto, sean estudiantes, trabajadores, mujeres u otros todos los sectores juegan en la misma cancha bajo las mismas reglas. Esto muy en sintonía con las teorías posmodernas de la política donde dejó de existir esa clase obrera que acaudillaba al resto de la nación explotada y oprimida para liberarla.

Pero en las antípodas de dicha visión, algunos mantenemos la certeza que la clase trabajadora no es “una clase más”, sino que es una que tiene un valor estratégico, es decir una que tiene la posibilidad objetiva de subvertir las relaciones económicas, sociales y políticas de esta sociedad. Esto debido, principalmente al rol que ocupa frente a los medios de producción, medios que finalmente general la riqueza.

Plantear que la clase trabajadora posee un valor estratégico en cualquier proyecto de transformación social nos obliga a realizar una reflexión sobre quienes hoy ocupan ese rol y cuestionarnos lo que la propia ideología neoliberal implementó como sentido común desde los 90 en adelante: ahora somos todos clase media. Pero eso es parte de otro debate.






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