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Frente Amplio: ¿unidad de la oposición con los golpistas?

Articular una oposición parlamentaria amplia, incluyendo a quienes hoy en Venezuela renuevan sus credenciales golpistas, como la Democracia Cristiana, y alinearse con el Bacheletismo en su política exterior, es la definición frenteamplista ante la ofensiva de la derecha.

Fabián Puelma

Santiago

Lunes 4 de febrero | 15:36

Atravesamos por un momento de definiciones para la izquierda. ¿Cómo responder a la ofensiva imperialista sobre Venezuela? Esta es una de las interrogantes cruciales y más urgentes. En el plano local, la pregunta fundamental es cómo enfrentar el plan de reformas que el gobierno se juega a aprobar durante el 2019. El éxito o fracaso del plan golpista de Trump definirá el curso de la situación política regional, Chile incluido. A su vez, el éxito o fracaso de la ofensiva legislativa de la derecha, definirá la correlación de fuerzas concreta para la acción de la clase trabajadora, los movimientos sociales y la izquierda en Chile.

Hablemos de definiciones. En el caso de la derecha y la Democracia Cristiana (y también el PPD), no ha habido grandes complejos. Para Venezuela, ser voceros locales del plan ideado por la Casa Blanca, reconociendo a Guaidó en miras de derrocar a Maduro. ¿Quién es el más obediente trumpista? pareciera ser el juego. Tan es así que la DC fue el primer partido en reunirse con Guarequena Gutiérrez, la “representante diplomática” designada por Guaidó, y se sumó al emplazamiento a Bachelet para que la ONU se pronuncie en apoyo a los golpistas. En el plano local tampoco hay sorpresas: seguir negociando las reformas fundamentales de la derecha (laboral, previsional y tributaria). Piñera pone la agenda, la DC asegura los votos.

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Hace una semana escribíamos que Venezuela se ha transformado en un dolor de cabeza para parte importante de la izquierda. Pero hay que reconocer que el Frente Amplio sorteó rápidamente el dilema. Si de definiciones se trata, la suya es categórica: unidad de la oposición junto a los golpistas y una política exterior bacheletista. ¿Cómo llegamos a esto?

Hacer ruido para negociar

Antes de que Venezuela se pusiera en el centro del debate político, el Frente Amplio copaba los titulares al anunciar que su bancada parlamentaria no votaría por Gabriel Silber (DC) para la presidencia de la Cámara de Diputados, rompiendo el acuerdo que firmaron a principios del año pasado. Acusaban que la DC había votado junto al gobierno en proyectos claves, como la Ley de Migraciones. Giorgio Jackson expresaba así ánimo frenteamplista: “uno se enrabia y se olvida, dos veces, tres veces, pero cuando ya es un comportamiento sistemático, prefiero ser sincero y decir ‘saben qué’, no hay mayoría en el Congreso”.

¿Ingenuidad sin límites? No, plantear esto sería justificar una política cada vez más criminal. Lo que hay en realidad es un convencimiento profundo de que para frenar a la derecha, se requiere articular una oposición parlamentaria amplia, incluyendo a quienes hoy renuevan sus credenciales golpistas, como es la DC. Por eso la “rabia” no es más que un puchero, y el “olvido” es la norma: luego de comunicar con bombos y platillos el quiebre del acuerdo, los voceros del Frente Amplio anunciaron que iniciarían una ronda de conversaciones con todos los partidos de la oposición para llegar a un acuerdo político de actuación común durante el año, partiendo de mínimos como impulsar una sesión especial en el Congreso con dirigentes mapuche, rechazar el proyecto de “Admisión Justa” y oponerse al proyecto de reforma previsional.

No hay un cambio de política ni estrategia, sino una reafirmación. La amenaza de no votar a Silber es sólo la excusa para negociar la unidad de la oposición, y ahora sí que sí, parar a la derecha en el parlamento. Luego de reunirse con el PS, Javiera Toro, dirigenta del Partido Comunes y una de las voceras del Frente Amplio, aseguró que “compartimos con el PS nuestra preocupación respecto de las dificultades que tuvo la oposición durante el 2018 para actuar de manera articulada y lograr efectivamente ser un freno a las iniciativas autoritarias y regresivas del gobierno”.

En el mismo sentido se pronunció Rodrigo Echecopar luego de reunirse con el Partido Comunista. “La oposición no se trata de decir que no a todas las cosas que plantea el Gobierno, pero sí tiene la responsabilidad y la obligación de mirar las urgencias que están en Chile, los desafíos que están en nuestro país y ser capaces de articularnos para llevar adelante una agenda que enfrente esas urgencias y desafíos en el día día”, planteó el dirigente de Revolución Democrática.

La Democracia Cristiana obviamente no se inmuta. Fuad Chahín, presidente de la DC, calificó los “pisos mínimos” de acuerdo en común con el Frente Amplio, como condiciones “absolutamente absurdas”, y respondió a la invitación que le hizo Javiera Toro de juntarse a conversar planteando que “encantados los recibimos o nos reunimos con ellos donde quieran, pero después que cumplan su palabra en la votación del mes de marzo”. Mientras desde el Frente Amplio “lamentan” esta respuesta y los invitan a que “reconsideren” esta decisión, la DC sigue negociando con las reformas con Piñera y cumpliendo paso a paso el libreto golpista digitado por “los halcones” norteamericanos. ¿Alguna denuncia clara por parte de los referentes del Frente Amplio sobre el rol abiertamente pro imperialista de la DC? Ninguna. Todo lo contrario: llamados de unidad de la oposición con los golpistas.

El bacheletismo 2.0 del Frente Amplio ante Venezuela

Pero la carencia de una denuncia categórica al golpismo de la DC, no tiene que ver con un pragmatismo o con una técnica de negociación. Mientras se recrudece la injerencia imperialista en Venezuela, el posicionamiento de los principales referentes del Frente Amplio respecto a Venezuela se vuelve cada vez más moderado.

Beatriz Sánchez rompió el silencio y planteó que “desde la izquierda, de la que me siento parte, creo que Maduro hoy es un problema para la democracia en Venezuela ... El camino es el diálogo y elecciones para que sean l@s venezolan@s quienes elijan en un proceso con garantías”. Su ex jefe de campaña, Sebastián Depolo, se pronunció en la misma dirección al plantear que “si Maduro y la cúpula que está hoy quiere a su pueblo, debería renunciar y allanarse a elecciones libres”.

¿Una jugada del sector de Javiera Parada en RD? No, se trata de un acuerdo que trasciende las fracciones. Pablo Vidal, presidente de la comisión de RR.EE de la Cámara de Diputados, dio una entrevista especial en La Tercera respaldando política de nuevas elecciones en Venezuela y tildando a Maduro de dictador. Giorgio Jackson inmediatamente replicó la entrevista en su twitter, pronunciándose a favor. Hay que decirlo, en Venezuela frenteamplismo rima con bacheletismo.

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No reconocer a Guaidó, pero buscar una salida negociada es la política que hoy sostiene Bachelet, la ONU y el Vaticano. La alta comisionada de DD.HH llamó a ”todas las partes a iniciar inmediatamente un diálogo que permita distender el clima de enfrentamiento cada vez más incendiario que pesa sobre el país”.

Pero este posicionamiento no es muy distinto al que sostiene México y Uruguay, que convocaron a una conferencia internacional sobre la situación en Venezuela con el fin de proponer las bases para esta negociación. Y grupos como Movimiento Autonomista ya declararon que adhieren totalmente a esta salida, mostrando que no tienen nada que ofrecer frente el giro bacheletista de los principales cabecillas del Frente Amplio.

Esta propuesta está lejos de representar una opción que, como dicen, se basa en el respeto a la soberanía y la autodeterminación del pueblo venezolano. Más bien todo lo contrario. ¿Quiénes serían “todas las partes” en una eventual negociación? Evidentemente el imperialismo norteamericano por un lado, y potencias como China y Rusia por otro. Una mediación de estas características sólo es viable si se basa en una negociación entre las potencias que hoy juegan sus intereses en Venezuela. Los actores locales serían, por un lado, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (con o sin Maduro) y un sector de la burguesía nacional que hizo negocios al alero del chavismo; y la burguesía golpista, por otro, representada hoy por Juan Guaidó.

Que EE.UU con Trump a la cabeza haya decidido desplegar una política totalmente agresiva, ir por el todo y negar cualquier diálogo hasta que no caiga Maduro, no hace de la “salida negociada” una propuesta de izquierda o de “soberanía de los pueblos”. De hecho, múltiples “expertos en transiciones” ya empiezan a discutir distintas opciones intermedias si la política de Trump (que tiene muchos aspectos de aventura), se empantana. “La transición pacífica que Chile vivió desde la dictadura a la democracia se dio porque el dictador también estuvo dispuesto a sentarse a la mesa y reconocer un itinerario a esa transición”. Es una frase que podría haber dicho alguno de esos analistas proimperialistas. Pero no, lo dijo el diputado RD Pablo Vidal, demostrando elocuentemente el contenido que tienen las “transiciones pacíficas” comandada por los imperialistas.

Ejes para un debate

¿Cómo enfrentar la ofensiva imperialista en Latinoamérica? ¿Cómo enfrentar el fortalecimiento de la derecha y la ultraderecha en nuestros países? Son las interrogantes estratégicas fundamentales para la izquierda en este momento histórico. Es imposible agotar el debate en estas páginas. Pero para iniciarlo hay que partir por cuestiones elementales.

Una de ellas es dar cuenta de que la política de “unidad de la oposición” en el parlamento que impulsa el Frente Amplio ha sido absolutamente incapaz de frenar el avance de la derecha y su agenda en Chile. La estrategia de maniobras parlamentarias y judiciales “por arriba” no sólo ha sido impotente, sino que ha sido ha costa de debilitar la propia organización y movilización de los trabajadores, el movimiento estudiantil, el movimiento de mujeres y demás movimientos sociales. Pero el Frente Amplio ha decidido mantener y profundizar este camino, llegando al extremo de buscar la unidad de la oposición junto con los golpistas.

La lógica de subordinarse a los “poderes reales” (capitalistas) a costa de debilitar la única fuerza capaz de oponérseles seriamente (la enorme fuerza social de los trabajadores, en alianza con el movimiento estudiantil, movimiento de mujeres, mapuche y todos los sectores oprimidos), es la que está detrás de su política tanto para Chile como para Venezuela. La historia demuestra que la única manera de enfrentar y derrotar al imperialismo es la movilización revolucionaria de las masas.

La enorme lucha de los “chalecos amarillos” en Francia expresa esa potencialidad. La lucha de clases es la que puso a Macron y al imperialismo francés entre las cuerdas. Le Monde Diplomatique lo planteaba elocuentemente: “el miedo. No de perder un escrutinio, de fracasar a "reformar"o de ver hundirse sus valores en la Bolsa. Sino el de la insurrección, la revuelta...Después de medio siglo, las elites francesas no habían experimentado semejante sentimiento”. Una izquierda que no se pregunte cómo hacer que ese miedo se cuele en los pasillos de La Moneda, no sirve para los tiempos que corren.

Cualquier debate serio sobre cómo enfrentar la ofensiva de la derecha y el imperialismo, debe partir por un balance de las experiencias de gobiernos “pos neoliberales” en América Latina. La ausencia de un programa anticapitalista y revolucionario para desplegar la fuerza propia de los trabajadores, también es una característica de la izquierda chavista. El fracaso del chavismo ha empujado a estos sectores a jugar el triste rol de defender a un régimen cada vez más reaccionario y represivo, a alinearse con los intereses de potencias como China y Rusia (que nada tienen de progresivas) o transformar el “internacionalismo” y el “anti imperialismo” en una defensa de los “principios del Derecho Internacional”.

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El internacionalismo no tiene nada que ver con esto. Qué tiene de socialismo un régimen que ante la ofensiva imperialista, responde con la entrega de sus recursos naturales al capital extranjero de Rusia y otros países; que eliminó los convenios colectivos de trabajo en el sector público; que impulsa una mega devaluación del bolívar; que sigue pagando la deuda externa y continuó la fuga de capitales, ajustando al pueblo trabajador. Como hemos planteado en múltiples artículos, la crisis de Venezuela no es por ser una economía socialista, como afirma la derecha, sino justamente por no serlo.

Luchar consecuentemente contra la ofensiva imperialista, implica defender un programa y una estrategia para que la clase trabajadora, con sus propios métodos, pueda derrotar al imperialismo, liberándose de los partidos y regímenes, que aunque hablen en su nombre o lancen discursos incendiarios contra EE.UU, se apoyan en las Fuerzas Armadas y en sectores de la burguesía nacional para encorsetar y reprimir a los trabajadores y los sectores populares. Por esto, es que hemos planteado que Venezuela debe ser gobernada por los trabajadores y con un plan obrero de emergencia, dar pie a una profunda reorganización anticapitalista; y en este camino planteamos la necesidad de una Asamblea Constituyente verdaderamente Libre y Soberana, elegida sin partidos ni candidatos proscritos, con acceso obligatorio y gratuito en los medios de comunicaciones a las diferentes opciones.

La independencia de la clase trabajadora respecto de los capitalistas es nuestro punto de partida. Renunciar a ella lleva a aplaudir al Partido Comunista, que a la par que defiende a Maduro, no tiene ningún problema en ser los más consecuentes defensores de la unidad con los golpistas de la Democracia Cristiana.

Desde este enfoque es que invitamos a todos quienes ven con decepción el derrotero socialdemócrata del Frente Amplio y la encerrona a la que ha llevado el chavismo y Maduro a Venezuela, a abrir un debate sobre qué programa y estrategia se requiere para poner en pie una izquierda anticapitalista, socialista y revolucionaria.






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