SUPLEMENTO

“Gracias a Dios”: Iglesia, abusos y encubrimiento en un gran filme de Ozon

Eduardo Nabal

CINE
Ilustración: Diógenes Izquierdo

“Gracias a Dios”: Iglesia, abusos y encubrimiento en un gran filme de Ozon

Eduardo Nabal

Aunque François Ozon afirma que su película tiene el objetivo de dar voz a las víctimas de los abusos sexuales y no atacar a la Iglesia, la institución eclesiástica no queda muy bien parada en la excelente “Gracias a Dios”.

El último filme del cineasta francés François Ozon muestra un retrato feroz de la endogamia, el inmovilismo y las estratagemas de autoperpetuación y es un alegato contra el silencio cómplice de las altas instancias de la jerarquía católica.

La mirada escandalizada de Alexandre (Melville Poupad) da paso al punto de vista de otros personajes que se suman en su cruzada personal contra el silencio que ha rodeado a los abusos de un sacerdote durante varios años en campamentos infantiles. La mirada atónita y los recuerdos dolorosos dan paso a la acción cuando las gestiones de Andrè provocan una investigación en toda regla, surgiendo nuevas víctimas de abusos infantiles que van tomando la palabra y adquiriendo un protagonismo colectivo.

Estamos ante algo más que una mezcla de ficción y documental, o ante mucho más que un filme de denuncia (que no deja de serlo en ningún momento), ya que a Ozon le interesa mostrar los sentimientos de unos -pocos pero significativos- personajes masculinos de diferente carácter y procedencia y también con distintas visiones de la institución eclesiástica. Desde el ultracatólico Alex hasta el ateo François, que da vida a un nuevo protagonista del relato, dispuesto a tomar el camino de la investigación policial.

El último personaje, de procedencia más desfavorecida, es el joven Emmanuel, con problemas físicos y psicológicos que bien pudieran ser secuelas de los abusos. Con él aparece la idea, la metáfora de la cebra o el personaje demasiado inteligente para adaptarse socialmente. Juntos crean una página web donde recogen el testimonio de otras víctimas de los abusos del padre Preynat, protegido por el manto del silencio culpable del cardenal Barbarín.

“Gracias a Dios” rehúye cualquier atisbo de morbo o sensacionalismo, pero no tiene pelos en la lengua a la hora de hablar de las experiencias vividas por sus protagonistas, la actitud ambivalente de algunas familias, o el encubrimiento de los altos cargos de la Iglesia.

El filme pasa del estoicismo religioso de Alexandre al ateísmo militante de François, pero se reserva su carta más contundente en el desamparo iracundo de Emmanuel, el menos dispuesto a perdonar los abusos sufridos que repercuten en su árida existencia actual.

“Gracias a Dios” es uno de los filmes más austeros del maestro Ozon, donde menos libertades se permite en el juego entre el fondo y la forma, y gracias a las magníficas interpretaciones y al cuidado de los encuadres, también una de sus “grandes películas”.

En resumen, el filme de Ozon no escatima detalles al mostrar el carácter monolítico y casi “intocable” de la institución eclesiástica. Aunque incluye breves flashbacks de los abusos sufridos por los protagonistas en su infancia, elude el tremendismo a favor de una denuncia firme contra la hipocresía y la doble moral de los altos cargos que encubren los abusos y se vanaglorian de que éstos hayan prescrito judicialmente.

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Eduardo Nabal

Burgos | @eduardonabal
Nació en Burgos en 1970. Estudió Biblioteconomía y Documentación en la Universidad de Salamanca. Cinéfilo, periodista y escritor freelance. Es autor de un capítulo sobre el new queer cinema incluido en la recopilación de ensayos “Teoría queer” (Editorial Egales, 2005). Es colaborador de Izquierda Diario.
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