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Harasic fuera y la lucha en la U de Chile: ¿Cambio de rostro o votación universal?

Día 46 de la toma en Derecho y renuncia el ahora ex Decano Davor Harasic, contra el que tantos compañeros y compañeras se movilizaron durante años. Hoy las opciones son dos: o viene una figura de recambio, o de un golpe abrimos la puerta a la votación universal y triestamental de las autoridades.

Nancy López

Concejera Fech Filosofía y Humanidades, U de Chile y militante de Pan y Rosas y Vencer

Miércoles 13 de junio | 07:20

Alrededor de 4 semanas ya llevan de movilización distintas Facultades de la Universidad de Chile. La primera de ellas en levantar una toma del espacio fue la Facultad de Derecho, donde el cuestionamiento a las autoridades de la Facultad, en especial del hoy ex Decano Harasic, por no responder a las denuncias existentes por violencia machista, se hizo evidente tras hacerse pública una denuncia que llevaba meses, contra Carlos Carmona, académico de la Facultad, personalidad reconocida de la Nueva Mayoría y ex presidente del Tribunal Constitucional.

Los meses que transcurrieron sin ningún tipo de respuesta frente a este caso, fueron el detonador de un cuestionamiento que impuso la toma en Derecho, y que rápidamente se extendería a la mayor parte de las Facultades. Esta situación ha puesto en evidencia que las autoridades y la institucionalidad universitaria se han vuelto visiblemente una traba para que las denuncias encuentren resolución, y más de conjunto, para enfrentar la violencia machista en la Universidad.

Los petitorios que cada Facultad ha levantado en sus movilizaciones son diversos, y van desde cambios curriculares que permitan un enfoque de género en la formación académica, hasta la revisión de reglamentos y protocolos. Solo en algunos espacios, como Bachillerato, se han referido al problema de la precarización laboral que afecta a las mujeres docentes y funcionarias, y a sus pares hombres, a través de la exigencia del paso a planta. Mientras que tampoco se ha tomado como demanda fundamental la lucha contra el autoritarismo universitario, que permite que unas pocas autoridades decidan por miles de trabajadoras, trabajadores y estudiantes de la universidad.

Punto de inflexión en la movilización: ganadas mínimas versus perspectivas mayores

Si algo hemos podido evidenciar en estas semanas de movilización nacional por enfrentar la violencia machista, es que estas demandas que se han levantado de tomas y paralizaciones, no están desligadas de las demandas que hace años también se discuten en nuestras asambleas y movilizaciones.

El cuestionamiento a la estructura patriarcal de la universidad, es también hacia los pilares antidemocráticos que la sostienen. Debemos exigir cursos de género, formación permanente a la comunidad universitaria, protocolos de actuación frente a denuncias; pero es necesario ligar todo esto a cuestionar el rol que Decanos y Rector cumplen, como señores feudales en el Reino de Vivaldi, para no acotar nuestras propias fuerzas a medidas que son completamente necesarias, pero insuficientes para realizar cambios de fondo.

Sin embargo, hasta el momento en que se escriben estas líneas, las movilizaciones siguen en la dispersión, aún no tenemos un petitorio unificado que sea público, conocido por el conjunto de las y los estudiantes, y, fundamentalmente, que ligue las demandas por protocolos y educación no sexista con la lucha inseparable por la triestamentalidad: la elección universal de autoridades unipersonales y la necesidad de avanzar a un cogobierno triestamental universitario.

Además, muchas de las tomas formalmente se declaran separatistas, lo que deja inmediatamente afuera a todos nuestros compañeros hombres, y muchas otras en los hechos vienen funcionando así, sesionando únicamente sus asambleas de mujeres, pero quitando todo rol político a las asambleas de carrera y de Facultad.

Y ¿por qué esto es un problema? Porque si seguimos en el camino marcado por lo que conocemos de las demandas mínimas de la movilización, estas solo apuntarán a resolver aspectos parciales, muchas veces relacionados con protocolos para actuar sobre denuncias de hechos consumados, dejando intacto los elementos centrales que reproducen la violencia machista, íntimamente ligados a aquellos que reproducen la educación de mercado.

Tal programa mínimo redunda en que la movilización se acota a las mujeres de la Universidad, cuando en realidad el entramado que se devela es una problemática donde mercado, autoritarismo y patriarcado van íntimamente relacionados, y por lo tanto, debemos enfrentar en unidad quienes somos mujeres y estudiantes, pero también con nuestros compañeros, así como con las trabajadoras y trabajadores que hacen funcionar a la Universidad y a los sectores de académicas/os que estén de lado de nuestras luchas.

Precisamente porque lo que necesitamos es generar transformaciones estructurales del modelo de mercado educativo que reproduce una educación sexista, es que necesitamos la mayor fuerza y la mayor organización: tenemos que con urgencia retomar nuestras asambleas generales y de carrera, además de instancias triestamentales que nos permitan profundizar nuestros petitorios y fortalecer nuestra movilización.

Renuncia de Harasic: ¿Posibilidad de conquistar triunfos profundos?

Nadie ha quedado indiferente ante la renuncia de Davor Harasic de su ex cargo de Decano en la Facultad de Derecho. Sorpresivamente, el Decano deja su cargo luego de 46 días de movilización, argumentando en una carta de 7 carillas dirigida al Rector Ennio Vivaldi, que “lamentablemente, la presente ocupación ilegal de las dependencias de la Facultad está lejos de representar un fenómeno aislado. Cada año nos hemos visto obligados a enfrentar medidas de paralización y obstrucción del quehacer universitario, de menor o mayor intensidad, por parte de los estudiantes, las cuales han afectado gravemente el normal funcionamiento de la Facultad”.

No está de más remarcar que ha sido justamente en contra del “normal funcionamiento de la Facultad” que las y los estudiantes se han movilizado año a año, donde es normal la subcontratación, la violencia machista, son normales los despidos arbitrarios, así como el autoritarismo universitario y las medidas represivas contra quienes se movilizan. Siendo aquello la normalidad, la movilización se impone para quebrar aquella normalización que imponen autoridades como Harasic.

Su renuncia sin duda provoca alegría en la mayoría de las y los estudiantes que hace años se le vienen enfrentando, pero no podemos quedarnos en la efímera satisfacción de que salió de su cargo. Es que vendrá probablemente alguien más a reemplazarlo, que con nuevo rostro gestionará la misma educación patriarcal y de mercado contra la que hace años nos venimos movilizando.

La única salida realista por la que nos tenemos que jugar, para efectivamente asestar un golpe al autoritarismo, es la imposición inmediata de la votación universal y triestamental de las autoridades, que en Derecho debe ser un objetivo inmediato a desarrollar, en organización y movilización junto a funcionarios, funcionarias, académicos y académicas.

El posible ejemplo de la lucha en Derecho por la votación universal de las autoridades, y la coyuntura que abre la renuncia de Harasic en el marco de las movilizaciones feministas en la Universidad, y más en general de la crisis de la educación pública y su modelo autoritario de gobierno, nos entrega una posibilidad al resto de las Facultades, que además este año muchas de ellas tienen elecciones de Decanos, en las cuales antidemocráticamente un núcleo muy reducido de académicos a planta son quienes deciden quién ejerce el gobierno de nuestros espacios.

Por ejemplo en Filosofía y Humanidades, donde las elecciones fueron la semana recién pasada, en una muestra más de descontento profundo con las autoridades las y los estudiantes del Departamento de Estudios Pedagógicos hicieron toma de las dependencias de Decanato, imponiendo la invalidación de las elecciones realizadas. Hoy, nos encontramos sin Decano, y la posibilidad de imponer la votación universal y triestamental también debe ser nuestro horizonte inmediato.

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Es imposible un enfrentamiento real a la violencia machista de nuestras universidades, sin enfrentar también a las autoridades antidemocráticas. Para conquistar esto es que las y los estudiantes debemos organizarnos como una sola fuerza que sea capaz de arrancar la votación universal de las autoridades unipersonales, para avanzar a un cogobierno universitario, donde seamos estudiantes, funcionarios/as y docentes quienes tomemos las decisiones de la universidad a la que damos vida cada día.






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