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Hip hop, arte y cultura: ¿Qué ocurre cuando los empresarios meten la mano?

Durante el último tiempo hemos visto un boom de festivales Hiphop, donde batallas de Freestyle, eventos de Grafitty, Breakdance y Rap han colmado la escena nacional, que tan nutrida y respetada se mantiene desde la última década. A 30 años del Hiphop en Chile, ¿debiera mantenerse independiente o con los empresarios?

Martes 15 de diciembre de 2015 | 11:35

A propósito del segundo lugar de un rapero Chileno en la última "Batalla de Gallos Internacional" organizada por Redbull y celebrada en Santiago de Chile, se hace pertinente compartir algunas reflexiones que se desprenden de tan masivo evento.

Cuando hablamos de Hiphop, hablamos de calle y barrio, de “comunas”, de habilidad y hermandad, de cultura y de movimiento social. Como característica principal, presenta una cualidad que también podemos ver en el Punk y el reggae: Van a contrapelo de las lógicas de mercado, principalmente prohibitivas y represivas.

Se trata de arte callejero, de expresión de una vida donde los derechos han sido coartados. Por eso que la música habla de lo que se quiere ser o muchas veces, de presentar algo que no se es, pero principalmente de la vida y como la siente quien la rapea. Algunas veces es la aspiración hecha verso, otras, fuego contra el sistema.

Lo vemos en las pinturas ilegales que se grafitean de noche para evadir mejor a la policía o la utilización de espacios sin permiso. Una amplificación, grupos del sector o invitados y se levanta una fiesta Hiphop: Como se hacía en los soundsystem en Jamaica por allá por los 70´s. El hiphop lleva la calle y sus contradicciones en la sangre, por eso que aunque los empresarios intenten cooptarlo, este se re inventa.

Es como el underground en Chile. Muchos años, desde el 2000 hasta la fecha, la explosión en su variedad y contenido fue tajante: Se realizaron eventos masivos a nivel nacional y muchos exponentes salieron a la luz, incluso aquellos con mayor peso "social" como Portavoz, que terminó tocando en el mega comercial evento, Lolapalooza, a comienzos de 2015.

Como decía, está en su sangre, es rebeldía juvenil, precariedad y opresión, que aunque despunte un par de productos de calidad para el mercado capitalista, tiene sus ritmos y forma de vida propia.

Sin embargo, también sabemos que el capitalismo, busca y encuentra formas de “domar” estas expresiones de la opresión, que dada su masividad y aceptación, hace que se vuelvan “rentables”. Los empresarios, han reinventado ofertas creativas, que con altos recursos económicos, logran posicionar en lo que, desde sus inicios ha sido característico por ocupar espacios públicos sin permiso, arreglándoselas con grupos independientes y organizados que giran en torno a este movimiento, tan particularmente prolifero en Chile.

El ejemplo más característico de esto son las “Batallas de Gallos”, organizadas por RedBull, la empresa detrás de la conocida bebida energética “para deportistas”. Estas batallas, reúnen a varios de los mejores exponentes, nacionales e internacionales. En grandes eventos, los suben sobre producido escenario, a “batallar”. A veces, podemos verlos en plazas con una camioneta llena de logos de la marca, con un buen sonido y producción, al acecho, cazando talento.

Es difícil enriquecer las habilidades artísticas en una sociedad que te empuja a mantenerte siempre ocupado en sobrevivir. Para la gente que trabaja 45 horas a la semana o para los estudiantes que están la mayoría de su tiempo en un aula, o en la universidad estudiando y trabajando para costear sus estudios, el tiempo que resta para enriquecer sus habilidades es escaso. Si sumamos esa falta de tiempo a que la gran mayoría de quienes se dedican a alguna disciplina dentro del Hiphop, deben gastar altas sumas de dinero en equipamiento, pinturas, equipos de grabación, etc…Podría decirse que mantenerse haciendo Hiphop, es una tarea difícil en el capitalismo. Es como el debate sobre “vivir del arte”, porque puedes ser realmente bueno, pero, ¿Cómo puede vivir un artista de que dedica su tiempo para trabajar, en perfeccionar su técnica, si no tiene como producir salario?. Ahí es donde está el gancho.

Quieren crear una imagen nueva, renovada, de cómo hacemos Hiphop. Lo vuelven un producto comercial, reducen su contenido o simplemente lo extrapolan, sacando partido a dos buenos improvisadores que se "tiran mierda" sobre un escenario, volviéndolo mercancía inofensiva. Por eso que los empresarios nunca deberán meter sus manos en el movimiento y somos nosotros quienes debemos impedirlo.

Pero donde hay opresión y capitalismo, seguirá habiendo Hiphop y las organizaciones de jóvenes que nacen con él. Los que se organizan para seguir manteniéndose a contrapelo, o dicho de otra forma, manteniéndolo real.

Los empresarios no merecen nada de lo que el Hiphop expele a borbotones, porque lo transformarán en algo inofensivo. El fuego que salió de los labios de Nas en brooklyn que reflejaba las terribles contradicciones del separatismo y el racismo en estados unidos por los noventa sigue vivo en los jóvenes que lo ven como un arma, de organización y confrontación con la terrible vida a la que los relegó el capitalismo. Esos chiquillos que buscan cada espacio de libertad para poder expresar aquello que limita tanto el tiempo útil del día, que puede ser rabia contra la represión de la Policía, amor o simplemente ganas de “estrujar el papel”, para sacar los versos más versátiles y novedosos posibles, de esos que van reinventando al Hiphop, esos que se transforman en organización.






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