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La difícil salida a la crisis política

Si hace unos meses los editorialistas de derecha insistían que Chile no atravesaba por una crisis política, por lo que no se ameritaban reformas importantes; hoy es unánime que hay una crisis de legitimidad del régimen político. Los diversos “casos” remecieron al conjunto de los partidos de la casta y hoy todos se apresuran a proponer reformas institucionales. Hasta ahora, todas las medidas para relegitimar al régimen, aunque consiguen un aire como con las medidas precautorias a los primeros imputados, se demuestran insuficientes, por lo que intentan nuevas como la vía administrativa por sobre la judicial del Servicio de Impuestos Internos.

Fabián Puelma

Santiago de Chile

Domingo 15 de marzo de 2015 | 22:06

El programa de reformas de Bachelet trató de responder al nuevo ciclo abierto luego de las movilizaciones del 2011. Su objetivo era reestablecer la confianza en la casta política y las instituciones. El gobierno logró terminar el año pasado con una coalición afiatada votando los diversos proyectos de ley presentados. Sin embargo, bastó el escándalo Caval-Dávalos para que nuevamente girara el escenario.

Todos los logros legislativos y la agenda de reformas pasaron a segundo plano. Los escándalos políticos se pusieron en el centro. Y con ellos, se repuso con fuerza la crisis del régimen político. El gobierno perdió el control de la agenda. Las reformas aprobadas se demostraron insuficientes.

Pero la derecha está peor. El hecho político de la semana fue la renuncia de Ernesto Silva a la presidencia de la UDI, lo que constituye a todas luces una derrota de la línea política impulsada por la directiva. Esto se produjo luego de que se acentuara la división en las filas gremialistas, con lo que se empezaron a escuchar las críticas a Silva. Días después todos recibieron un nuevo golpe con la resolución de la Corte de Apelaciones que mantuvo la prisión preventiva a los controladores de Penta.
Mientras la UDI sigue hundiéndose, todos los partidos de la casta se apresuran a presentar sus propuestas para las reformas políticas. La constitución del Consejo Asesor “anti corrupción” muestra con claridad la estrategia del gobierno, con la que coinciden en sus líneas gruesas tanto los partidos de la Nueva Mayoría como los de la derecha. Se trata por un lado de darle un rol protagónico a los tribunales y al Ministerio Público con el objetivo que haya un “caso emblemático”, es decir, que caiga uno para que no caigan todos; y por otro lado buscar un gran acuerdo en torno a las reformas políticas.

¿Lograrán cumplir con este objetivo? No parece fácil. Y es que dentro de la misma Nueva Mayoría se desordenaron las filas. Hace una semana ya habían surgido críticas al manejo político del gobierno. Bachelet tuvo que llamar a cesar las críticas y cuadrarse con la línea del gobierno. Bien. Se constituye el Consejo Asesor con bombos y platillos, y de nuevo diversos dirigentes de la Nueva Mayoría se mostraron críticos asegurando que se trataba de una medida insuficiente. Bachelet tuvo que reunirse personalmente con los timoneles del oficialismo y nuevamente llamó a ordenar filas.

Y es que nadie quiere parecer pasivo. Los parlamentarios plantearon que seguirán tramitando los proyectos de ley ya presentados sin esperar los resultados del Consejo. Los partidos del régimen se adelantan y presentan diversas propuestas de reformas. Ya se escuchan críticas al Consejo Asesor por ser convocado desde arriba y contar con miembros como Olga Feliú, acérrima pinochetista. Por otra parte, la fiscalía chocó con el SII y con el directorio de SQM en el avance de la investigación. En otras palabras, todo genera nuevos conflictos y tensiones.

Pero incluso si logran llegar a consenso y actuar de manera cohesionada, debemos preguntarnos si un par de reformas a los partidos y algún personaje en la cárcel serán suficientes para sortear la crisis de legitimidad del régimen y sus instituciones. Difícil. Es el Chile que se abrió el 2011 el que se resiste a perecer.

Por su parte, las movilizaciones se mantienen latentes. Los trabajadores siguen protagonizando nuevas luchas, lo que es atravesado por un incesante debate en torno a la reforma laboral; los estudiantes y profesores convocan a una nueva marcha; las regiones siguen atravesadas por cortes de calles y movilizaciones. Sin embargo cada movilización sigue su curso propio y no logra gatillar la activación masiva del profundo rechazo al régimen. Las organizaciones sindicales, estudiantiles y sus dirigencias, aún no se ponen a la altura de la crisis política.

Este es todavía un punto de apoyo que tiene la casta política y los empresarios para intentar salidas por arriba.






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