Sociedad

IGLESIA EVANGELICA

La falsa austeridad de la iglesia evangélica: Privilegios, patrimonios y mesadas de gerentes

El diputado evangélico Eduardo Durán Salinas renuncia a la junta catedral evangélica tras conocerse la serie de escándalos por el patrimonio de su padre. Evidenciando de paso los enormes sueldos gerenciales de la Iglesia Evangélica.

Rosa Alfaro

Pan y Rosas Teresa Flores

Domingo 21 de abril de 2019

El día de ayer el hijo del líder evangélico Eduardo Durán Castro presentó su renuncia a la junta catedral evangélica, tras conocerse las intenciones de su padre de separarse de su madre para volver a casarse, sumado el destape de una serie de escándalos relacionados con los millonarios patrimonios que el líder evangélico tiene en su poder, dejando pendiente de un hilo la continuidad como líder de la iglesia.

Sin embargo, con una doble moral hace ojos ciegos a la mesada de gerente que recibe como hijo del líder evangélico, la cual, además de su sueldo millonario de diputado bordea los $4 millones de pesos, privilegio otorgado solo por ser parte de la cúpula evangélica.

En este sentido, la iglesia evangélica ha comenzado a entrar en crisis luego de que se conocieran los enormes patrimonios que tienen quienes dirigen la institución, los cuales fueron obtenidos a costa de los diezmos de los feligreses, generando patrimonios millonarios y mesadas tan altas como los sueldos de los gerentes.

La iglesia es una contradicción en si misma, porque al mismo tiempo que hablan de austeridad en “semana santa” o salen a repudiar cualquier acto que atente contra la moral conservadora de la iglesia, son ellos quienes forman parte de levantar partidos conservadores como los Kast, o incluso apoyando al Presidente de la extrema derecha en Brasil, Bolsonaro, los mismo que apoyan las dictaduras ocurridas en Latinoamérica avalando el genocidio de miles de personas como lo han demostrado quienes pertenecen a "Las Águilas de Cristo", quiénes además están a favor de la represión policial a la juventud y en contra de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

Esta casta religiosa y política no debería tener el poder de decidir sobre nuestras vidas. Por ello resulta urgente que tanto la juventud como las mujeres salgamos a repudiar a esta casta eclesiástica corrupta y nefasta, que no le da ni un pudor llenarse los bolsillos a costa de la fe de las personas. Exijamos así la separación de la iglesia y el Estado, para que dejen de recibir millonarios aportes estatales mediante la subvención a los colegios, y dejen de tener injerencia en las decisiones sobre políticas públicas, como educación y salud.






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