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La farsa de la Admisión Justa y la debilidad del gobierno

El día de ayer se rechazó en la comisión de educación de la cámara de diputados y diputadas la idea de legislar sobre el proyecto de Admisión Justa, asestando un golpe a los planes del gobierno presidido por Sebastián Piñera

Juan Andres Vega

Estudiante de la Universidad de Chile y militante de Vencer

Martes 14 de mayo | 07:29

En su discurso de toma de posesión como presidente, Piñera reconocía a la educación como la madre de todas las batallas, lo cual cobra relevancia en la medida que su gobierno tiene más preocupación a cómo aumentar las ganancias de los empresarios mediante sus “reformas estructurales” (tributaria, laboral y previsional) por sobre todas las cosas.

Entonces ¿por qué la relevancia del debate educativo? Porque es precisamente este debate en el que el gobierno se juega la disputa ideológica, donde se juega el modelo de sociedad que defienden: uno basado en la competencia disfrazada como meritocracia, basado en el consumo como medidor de la calidad, un modelo de sociedad neoliberal hasta la médula.

La defensa: combinación de golpes habilidosos

A pesar de la importancia que tiene para el gobierno hacer aprobar sus reformas estructurales, su gobierno ha contado con más de una resistencia para poder gobernar con total comodidad. Por un lado, el surgimiento de una bancada como el Frente Amplio que plantea un discurso “más de izquierda” que el resto de partidos de la oposición, tiende a desequilibrar la balanza en los sectores dubitativos de la centroizquierda haciendo más dificultoso para el gobierno llegar a consenso con los sectores que clásicamente votan su propuestas como la Democracia Cristiana. Sin embargo, el verdadero problema que tiene el gobierno sigue siendo la movilización en las calles.

A pesar de que el Frente Amplio ha sumido a estudiantes y la juventud, en un reposo obligado, interrumpido cada tanto por algún hito de movilización desligados unos de otros, son estudiantes secundarios, quienes actúan como la piedra en el zapato tanto del gobierno como de los dirigentes que gustan dirigir desde las alturas de la Confederación de Estudiantes de Chile (CONFECH).

Por este motivo es que el año pasado una de las primeras reformas que propuso Piñera fue la ley Aula Segura, para poder entregar más herramientas a los directores de los colegios y liceos para poder expulsar estudiantes en procesos sumarios brevísimos, lo cual ha desembocado que actualmente sea una vía privilegiada de las autoridades para deshacerse de estudiantes “conflictivos”, es decir, de aquellos y aquellas que saben que con Sebastián Piñera no hay posibilidad de resolver la crisis de la educación pública de manera favorable.

Solamente durante el último mes han sido expulsados cerca de 30 estudiantes mediante juicios sumarios en liceos de Santiago y Concepción.

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Y es que mientras el gobierno espera a tener condiciones más favorables para debatir en torno a los puntos más exasperantes de sus reformas estructurales (mayor aprobación, una situación económica más estable) necesita probar su relación de fuerzas a través de reformas menores, pero polémicas como golpes habilidosos a la opinión pública y a su oposición.

En esa línea, es que se presentó el proyecto de Admisión Justa, que lejos de hacer crédito al nombre consiste en reponer la selección en la admisión de los colegios municipales y subvencionados de “alta calidad”, con el argumento que de esta manera se devolvería a los padres la capacidad de elegir la educación de sus hijos, esto porque tras la reforma educacional de Bachelet la selección se hace de manera aleatoria mediante un sistema conocido como “la tómbola”.

Sin embargo, dicho proyecto fue rechazado, principalmente porque tras la demagogia del presidente se oculta una verdad incómoda: la única posibilidad de elegir para las familias trabajadoras que entrega dicho proyecto es el de los liceos más precarizados.

De las maniobras parlamentarias a la movilización en las calles

A pesar de que el Frente Amplio tomó una posición correcta de oponerse a la aprobación del proyecto en la comisión, el rechazo finalmente fue posible únicamente a los votos de partidos como la Democracia Cristiana que hace un par de semanas aprobó la reforma tributaria proempresarial, es decir, mientras en las calles miles de estudiantes y apoderados salen a denunciar las miserias de esta sociedad heredada de la dictadura, el Frente Amplio apuesta sus fuerzas en maniobras parlamentarias, en llegar a acuerdos con partidos que han probado que no se puede confiar en ellos porque mientras algunos diputados votan algo para quedar bien ante la prensa, otros votan lo contrario para poder complacer a los grandes empresarios nacionales.

En ese sentido, es que este rechazo es solamente una pequeña derrota para el gobierno porque todavía tiene que ser ratificado en sala y, además, la otra mitad del proyecto fue ingresado a la Cámara de Senadores, o sea, esta lucha no se acaba: la lucha por la educación pública está comenzando, es por ello que el Frente Amplio que se halla a la cabeza de la principales federaciones a nivel nacional, si es que planea dar una lucha seria contra las reformas de Piñera aprovechando su actual debilidad, es que debe plantear una gran plan de lucha a nivel nacional, discutido y organizado desde las bases, que permita coordinar a estudiantes, profesores y apoderados.






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