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TRABAJADORES

La reforma laboral que se viene

Mayores restricciones para la huelga, poner tope a la indemnización por años de servicio, flexibilidad horaria y reconocer a los grupos negociadores, son algunos de los ejes que apuntan a avanzar en los niveles de explotación.

Domingo 3 de febrero | 19:52

Después de varios anuncios, en enero, una mesa técnica entregó un informe al Ejecutivo con amplios acuerdos de “expertos”. Se trata de un documento que marca un punto decisivo y claro respecto a los planes e intereses de este gobierno que apunta a retomar la agenda empresarial, aumentando los niveles de explotación y ahogando el poder de negociación colectiva de los trabajadores.

Si bien, el carácter de la mesa técnica es dererechamente empresarial y han logrado varios acuerdos, existen algunos ejes que no permiten generar una redacción final aún.

Algunos ejes de la Reforma

Reemplazo en la huelga:

No satisfechos con el falso fin del reemplazo en la huelga de la anterior reforma, que permite actualmente reemplazar al conjunto de los trabajadores en huelga con personal de otra empresa, el debate está centrado en si se perfecciona el procedimiento de servicios mínimos para impedir que se paralice con la huelga o derechamente entrar a legislar sobre reemplazo interno. Con esto se busca maniatar el poder de negociación de los trabajadores.

Grupos negociadores:

Sugieren establecer un procedimiento de negociación que reconozca “ciertos derechos propios del sindicato que no serán aplicables a los grupos negociadores, como por ejemplo, la huelga, el fuero de negociación y posibilidad de extensión de beneficios”. No obstante, algunos sectores de la mesa, apoyados en el fallo del Tribunal Constitucional (TC) que respaldó expresamente el derecho a huelga cuando validó los grupos.

Término de la huelga:

La propuesta sería establecer como término de la huelga el momento en que la mayoría de los trabajadores se reincorporen a sus labores y que la última oferta de la empresa sea el instrumento colectivo de los descolgados.

Extensión de beneficios:

Antes de la reforma de la Nueva Mayoría esta era una facultad de los empresarios, luego, los sindicatos pasaron a ser los titulares de sus beneficios. La propuesta actual apunta a que sean los trabajadores de forma individual quiénes definan el contrato colectivo al que se adherirán, previo pago de la cotización sindical. Poniendo el acento en el derecho individual en desmedro del derecho colectivo.

Indemnización alternativa:

Se propone un sistema optativo de indemnización que opere por despido o renuncia. Financiado por un cargo al empleador a través de una cotización mensual al seguro de cesantía. Aún es un punto sin definiciones, pero lo que se ha debatido en la mesa es que sean con un tope menor a los 11 años del sistema vigente. Han barajado en la mesa técnica va desde 7 hasta 3 años. Además, de estar en cuestión aún si será un sistema optativo o sustitutivo.

El rol de los sindicatos frente a la reforma pro empresarial

“Valoramos las más de 50 propuestas que nos entregan los dirigentes sindicales, representantes de miles de trabajadores de nuestro país, y la mesa de expertos. Aquí primó el diálogo y el espíritu de lograr acuerdos”, señaló el ministro del Trabajo, Nicolás Monckeberg.

Es que como dijo el ministro, las propuestas que aportaron algunos representantes de la Central Autónoma de Trabajadores (CAT), la Confederación de Trabajadores de Chile (CTCH) y la Unión Nacional de Trabajadores (UNT), trabajaron más de 2 meses, y junto a otra mesa compuesta por especialistas, que incluyen a representantes de grandes empresarios que se pasean del mundo privado al estatal como Zarko Luksic o Luis Lizama, presentaron más de 50 propuestas, dándole legitimidad a una reforma que ni una coma tiene a favor de los trabajadores.

Por su parte, la CUT, encabezada por el Partido Comunista, ha convocado a un paro en abril, un mes luego de que se abra el debate con el nuevo año legislativo.

Es necesario que los sindicatos abran el debate respecto a lo que se juega tras el discurso de conciliación entre la vida laboral y la familia, por ejemplo, ya que la flexibilidad horaria, otro punto en discusión, apunta a aumentar los niveles de explotación.

Hasta ahora han convocado a movilizaciones como una última medida para presionar en la negociación para definir la reforma. Así fue con la reforma de la Nueva Mayoría y ahora con la derecha.

Es necesario desarrollar la confianza de los trabajadores en sus propias fuerzas para enfrentar los planes precarizaores de la derecha que entre otros cosas busca una profundización de la lógica del derecho individual del trabajo contra el derecho colectivo. Además, intenta sentar las bases para un periodo con mayor margen de explotación capitalista para mejorar la inversión y su tasa de ganancias.

Los trabajadores no han sido parte de estos debates cuando serán sus condiciones de vida y de trabajo las afectadas directas.

Cabe destacar, que otro de los proyectos estructurales del gobierno sería la reforma de pensiones que evidentemente tampoco será a la medida de los trabajadores.

¡Por un plan de lucha que comience con el paro internacional el 8 de marzo!

Es necesario exigir asambleas a los sindicatos y a las centrales, un plan de lucha que comience con un llamado activo a paralizar el 8 de marzo, cuando a nivel internacional se prepara un paro convocado desde el movimiento de mujeres. Se trata de unir éstas luchas de explotados y oprimidas, pero además, de rechazar la precarización del trabajo femenino que será el más golpeado por la flexibilización laboral. Hace falta esta alianza y las movilizaciones para detener los planes de la derecha que internacionalmente busca sentar un nuevo periodo de estabilidad y mayor tasa de ganancias, pasando por sobre las condiciones de vida del pueblo trabajador.






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