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SEMANARIO

La salida de Rozas y la necesidad de disolver la policía

Camila Delgado Troncoso

La salida de Rozas y la necesidad de disolver la policía

Camila Delgado Troncoso

El Gobierno de Sebastián Piñera busca aquietar las aguas con la salida de Rozas, sin embargo la crisis es tan profunda, que ya no bastan los cambios cosméticos, ni con Rozas ni con Yañez la institución de carabineros no dejará de servir al carácter de clase empresarial del Estado. Hoy se abren debates que apuntan a los cimientos: Disolver la policía se hace una necesidad internacional.

Nuevamente carabineros hace noticia por el operativo en una residencia del SENAME en Talcahuano el 19 de noviembre, dejando a dos niños heridos de bala, lo que catapultó la salida del General Rozas, que si bien era un clamor popular, deja un trago amargo por la total impunidad con la que abandona el cargo.

A pesar de que esta jugada del Gobierno tiene como propósito calmar las aguas ante el enorme repudio institucional, el nombramiento del nuevo General, Ricardo Yañez, lleva aparejado un discurso que pone al centro un plan de “modernización” de la institución, por que mas allá de los nombres y rostros, el debate profundo sobre el aparato represivo se ha abierto, y ya varios sectores plantean estratégicamente sus perspectivas sobre qué hacer con esta institución, el Gobierno dice “modernización”, y el reformismo “democratización”, pero hay quienes apostamos por una salida radical: “disolución de las fuerzas policiales”.

Antes de entrar a debatir con aquellas posturas que apuntan al perfeccionamiento del aparato represivo, es importante contextualizar que este debate no sería el mismo antes de octubre del 2019, ya que es a partir de aquella experiencia de lucha en las calles, que se devela con total brutalidad la naturaleza y rol que tiene la policía en función de los Estados capitalistas a nivel internacional. Lo mismo que pasó en Ecuador -muertos a manos de policía en plena manifestaciones- en los meses previo a la rebelión chilena, y que posteriormente se expresó en el asesinato a George Floyd en Estados Unidos, dan cuenta de que la lucha de clases es una amenaza a la propiedad privada y a quienes pueden poseerla, por lo que ante aquellos escenarios, la primera fuerza de choque de la burguesía es el aparato policial desplegado para reprimir.

Pero también la experiencia que dieron las grandes manifestaciones en Chile con las “fuerzas del orden”, permitió una comprensión más acabada de cómo el Estado y sus aparatos represivos han sostenido e incrementado una militarización en el territorio mapuche, un historial represivo y criminalizador que al igual que lo vivido en la rebelión, implicó asesinatos por parte de carabineros, mutilaciones oculares, montajes policiales e innumerables violaciones a los derechos humanos. Lo que sucedió con los niños del SENAME es un reflejo de lo que viene sucediendo hace décadas con las y los niños mapuche en las comunidades. Ante eso, no es casual que la bandera mapuche haya flameado en cada marcha, sin duda que uno de los sentimientos que hoy hermanan a estos pueblos, es el odio irrestricto a la policía del Estado de Chile.

La impunidad con la que gobierna Piñera, luego de que en los meses de la rebelión, Carabineros de Chile a través de las Fuerzas Especiales, dejará a 360 mutilados oculares, y un saldo de treinta y tres muertos, y actualmente más de dos mil presos políticos de la rebelión, se agrava aún más, cuando a inicios de este año, el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), presentó un informe que detalla las 2.520 querellas por violaciones a los derechos humanos desde el 18 de octubre del 2019, al 18 de marzo del 2020. Cabe destacar además, que la Fiscalía Nacional de Chile, informó que 274 personas han sido víctimas de violaciones a derechos humanos de connotación sexual, y 23 por discriminación homofóbica, en el contexto de la rebelión chilena. Este repudiable actuar de carabineros, fue el lo que denunció masivamente el colectivo feminista Las Tesis, en su coreografía “Un violador en tu camino”, haciendo alusión directa a la institución en su letra: “Duerme tranquila niña inocente, sin preocuparte del bandolero, que por tus sueños dulce y sonriente vela tu amante carabinero. El violador eres tú

En definitiva, la policía chilena tiene un largo prontuario represivo contra estudiantes, trabajadores, la izquierda y el Pueblo Mapuche. En dictadura, no se puede olvidar que el año 1973 fue carabineros de Chile que realizó las primeras labores de tortura poniendo sus dependencias como centros de detención.
Como podemos ver en los párrafos anteriores, más allá de los nombramientos en los altos cargos, la naturaleza represiva, racista y sexista de la institución sigue y seguirá intacta, pero no solo eso; se suma además la fama de corrupción que ganaron a través del conocido caso del Pacogate, donde salió a la luz un mega fraude de 32,5 millones de dólares. Esto evidencia que son el fiel reflejo del Estado capitalista que los administra como institución.

Hoy el minoritario 17% de apoyo de la ciudadanía según la última encuesta CEP, deja entrever el marcado desplome institucional de carabineros. Re mover cargos en las altas cúpulas y anunciar medidas superficiales ya no le está funcionando al Gobierno, por lo que la crisis abrió el debate a preguntas profundas sobre qué hacer con la institución.

Piñera y su modernización a carabineros que busca perfeccionar la represión

El pasado 30 de enero del 2020, la Comisión de Reforma a Carabineros, constituida por dieciocho expertos y expertas en el área académica, social y política, hizo entrega a Piñera, de un informe que contiene la propuesta para la reforma a Carabineros y el sistema de seguridad. Entre los integrantes de la unidad coordinadora están cinco especialistas independientes, tres representantes del Ministerio del Interior designados por el ex- ministro Víctor Pérez, además un representante de los ministerios de Hacienda, Justicia y de la Mujer y Equidad de Género.

Esta modernización sería la principal tarea encomendada a Yañez, por Sebastián Piñera, y que buscará dar desarrollo al proceso de modernización que comenzó con la mesa de seguridad de 2018 -encabezada por Andrés Chadwick-.

Las líneas que apunta a “modernizar” van enfocadas, -según el Gobierno-, a fortalecer la capacidad y eficacia operativa, fortalecer la cultura y las tácticas para proteger los derechos humanos y mejorar la transparencia con que se utilizan los recursos públicos. Sin embargo, no cabe duda que todo esta reforma que busca embellecer una institución que está cimentada para defender los intereses de las clases capitalistas, tiene como propósito buscar nuevamente una legitimidad social que permita sostener su “fuerza de orden” social, aunque eso les requiera llevar adelante una que otra medida, pero que en definitiva no provocará ningún cambio sustancial en la naturaleza represiva, racista y sexista de la policía, lo que tendrá -como ha sido siempre- un completo respaldo, protección e impunidad por parte del Estado.

¡Luchar por la disolución de la policía!

Como socialistas, férreos defensores de los intereses de la clase trabajadora, creemos de vital importancia despejar dos concepciones totalmente erradas por parte del reformismo, expresadas en la política del Frente Amplio y el Partido Comunista: que la policía es parte de la clase trabajadora y sus luchas deben ser apoyadas como tal, y que aquello debe ir acompañado de una “reformulación y democratización” del aparato policial. Estas ideas totalmente utópicas e ingenuas, buscan alimentar la ilusión de que a través de mejores condiciones laborales y mayor democracia institucional, se adquirirá una “mejor manera” de reprimir, de ejercer control social, de cuidar los intereses de los empresarios y dejar de resguardar la propiedad privada. La naturaleza fundamental de la policía no cambiará hasta que sea exterminada, y aquello no se conseguirá a través de legislaciones.

Muy por el contrario, como marxistas revolucionarixs, tenemos la convicción de que la existencia del aparato policíaco, no sólo busca sostener una seguridad en clave neoliberal, si no ser un factor coercitivo ante la lucha de clases y que por lo tanto, la clase obrera necesita sus propias fuerzas de autodefensa si queremos estar libres de la opresión de la policía.

Tal como lo señaló León Trotsky en 1939, incluso antes de la militarización masiva de los departamentos de policía locales:

Todo estado es una organización coercitiva de la clase dominante. El régimen social permanece estable en tanto que la clase dominante es capaz, por medio del Estado, de imponer su voluntad sobre las clases explotadas. La policía y el ejército son los instrumentos más importantes del estado. Los capitalistas renuncian (aunque si bien no totalmente, lo hacen en gran medida) a mantener sus propios ejércitos privados en favor del Estado para evitar que la clase obrera cree sus propias fuerzas armadas.

Tal como señala Trotsky, ese nivel de importancia que tiene la policía como el brazo armado del Estado burgués, es el que busca transmitir a la sociedad, como una institución imprescindible en la vida cotidiana, en temas de seguridad y control que incluso se extiende a las panópticas tecnologías que se expresan en las masivas cámaras de televigilancia, a las máquinas de reconocimiento facial, detectores de huella e innumerables datos que registramos y que resulta difícil de evadir, todo con el propósito de vigilar y controlar.

Lenin, por otra parte, en su folleto El Estado y la Revolución citaba los análisis realizados por Marx en torno a la Comuna de París, afirmando que:

“La tarea consistía en amputar los órganos puramente represivos del viejo poder estatal y arrancar sus legítimas funciones de manos de una autoridad que pretende colocarse sobre la sociedad, para restituirlas a los servidores responsables de ésta.”

Es decir, para consolidar el triunfo de las y los comuneros parisinos que se propusieron tomar el poder de la ciudad en 1871, era necesario desbaratar todos los organismos represivos del Estado, y sustituirlos por organismos de autodefensa de los propios trabajadores y trabajadoras.

Sin duda, que el escenario que estamos viviendo en Chile, ante el desvío institucional que se asienta con fuerza a través de una Convención Constitucional, que pone como una de las mayores trabas en el 2/3, busca la imposibilidad de debatir las demandas más profundas y radicales de la rebelión chilena, ya que será esa minoría que tiene el poder de veto de ⅔, quien se negará a poder debatir respecto a la disolución de carabineros, precisamente por que es ese sector que buscará defender con uñas y dientes en el proceso de la convención, la propiedad privada que ha sido resguardada por la constitución de la Dictadura.

Por eso, estas demandas son las que queremos instalar para que sea el pueblo trabajador sea quien decida, llevando a cabo una verdadera Asamblea Constituyente Libre y Soberana, pero al mismo tiempo dando una pelea por la libertad a los presos políticos de la rebelión, en la perspectiva de una huelga general que derroque al Gobierno de Piñera.


Disolución de las instituciones policiales: ¿reemplazarlas con que?

Luchar por la abolición de la policía implica luchar por acabar con el sistema capitalista, por lo tanto, al mismo tiempo buscamos llevar adelante un Gobierno Obrero que legitime todas las formas de autodefensa obrera y popular. Las funciones de seguridad deben ser realizadas por los mismos sectores oprimidos, haciéndose cargo de su propia autodefensa, es decir, por milicias de la clase trabajadora, subordinadas y controladas por las organizaciones obreras y del pueblo oprimido; donde se forje una alianza que atraviese toda la clase obrera para obtener un control real sobre el transporte, la distribución de bienes y alimentos, la producción y, por supuesto, la autodefensa.

Para forjar una alianza poderosa entre los trabajadores y los oprimidos, el movimiento debe adoptar una intransigente confrontación contra el racismo, el sexismo, y llevar adelante la lucha por las demandas más inmediatas de la clase obrera, las mujeres, la juventud y los pueblos oprimidos.

En la medida que se forje una clara conciencia de independencia de clase, una audaz capacidad de la izquierda revolucionaria para confluir programáticamente con la voluntad y capacidad de sectores que quieren acabar con la opresión y la explotación, se irán desarrollando nuevas formas de autoorganización y autodefensa en la perspectiva de acabar con la policía. Los reformistas dirán que es imposible, buscarán reformar en la medida de lo posible y tratarán de que nos adaptemos a su conformismo miserable. Pero mientras nosotrxs seguiremos buscando la manera en que un amplio sector de quienes han decidido a luchar, pueda ir por más, y pueda ir por todo, para que en conjunto con miles, podamos ACABar con la policía y conquistar el destino de sus propias vidas.

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Camila Delgado Troncoso

Antropóloga, ex dirigente sindical y militante de Partido de Trabajadores Revolucionarios.
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