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SEMANARIO

La “vía chilena al socialismo" en acción: entre la lucha obrera y la reacción de los capitalistas

La “vía chilena al socialismo" en acción: entre la lucha obrera y la reacción de los capitalistas

La CIA y las tentativas golpistas de 1970

Recordemos que la elección del 4 de septiembre de 1970 fue un terremoto político en el país y sorprendió a todas las clases sociales. En las fábricas y lugares de trabajo, en las calles y poblaciones, celebraron el triunfo del dirigente socialista Salvador Allende. Decenas de miles esa noche, se volcaron a celebrar en las calles. En los círculos empresariales, en el barrio alto, en los partidos políticos de derecha y centro, en la oficialidad de las fuerzas armadas, reinaba la furia, el enojo y el nerviosismo.

Para la derecha fue una derrota inesperada. Venían “autocomplacientes” proclamando el triunfo de su candidato, el empresario Jorge Alessandri. Sin embargo, Alessandri quedó segundo, a pocos votos de Allende. Conocido el triunfo de éste, reinó el desconcierto.

¿Cómo impedir la proclamación de Allende? ¿Cómo impedir que llegara a la presidencia? Fueron algunas preguntas que se abrieron en el sector. Una respuesta, que luego no concitó respaldo mayoritario fue hacer uso del arsenal golpista. Sin dudarlo, un sector de la derecha inició las maniobras y planificación para que no asumiera Allende, o para que de asumir, cayera.

Como es sabido, Allende, para poder ser nombrado como presidente, requería de la ratificación del Congreso Pleno. Este mecanismo estaba planteado en la Constitución política vigente desde 1925, y señalaba que si ninguno de los candidatos obtenía la mayoría absoluta, sería el Congreso quien debía ratificar al presidente, en 45 días.

La derecha, rápidamente buscó un plan para impedir la proclamación. El empresario Agustín Edwards, dueño de El Mercurio, viajó al día siguiente del resultado electoral a Estados Unidos para reunirse con Henry Kissinger (Consejero de Seguridad Nacional del presidente Richard Nixon) para buscar impedir la elección. No sólo idearon planes golpistas sino además se fijaron como meta en caso que Allende asuma, “hacer chillar la economía”.

Pero la Democracia Cristiana estaba dividida y finalmente buscó una negociación de “garantías constitucionales” con la Unidad Popular, que pusieran límites al propio programa de gobierno de la Unidad Popular. De esa manera, se desechó el camino de la fuerza.

Llama la atención que en este escenario previo a la asunción de Allende, EE.UU. y la CIA ya aparecen desplegando un plan golpista basado en el uso de la violencia y de la fuerza militar, a través de la organización de un intento de golpe militar. En esos meses, buscaron activamente una serie de adhesiones de jefes militares que pudiesen acercarse a esta idea. Los nombres con quienes se contactaron para esta línea fueron, los de Vicente Huerta (director de Carabineros), Joaquín García (general aéreo), Camilo Valenzuela (general y jefe de la guarnición de Santiago), Hugo Tirado, almirante (jefe de la Armada), entre otros. Sin embargo, el Comandante en Jefe del Ejército, René Schneider, “constitucionalista”, decidió respetar el resultado de las urnas, lo que bloqueó seriamente las chances golpistas. Por esa razón, sectores de extrema derecha deciden secuestrar a Schneider para luego inculpar a grupos de extrema izquierda y motivar una intervención armada. El intento de secuestro estuvo organizado por Patria y Libertad y por dos grupos de militares dirigidos por Camilo Valenzuela y por el mismo Roberto Viaux, quien ya había protagonizado el acuartelamiento militar del cuartel Tacna en 1969, el llamado "tacnazo". El involucramiento de EE.UU. en este atentado es tal, que las armas utilizadas fueron proporcionadas por agentes norteamericanos e introducidas en Chile a través de la valija diplomática de la embajada yanqui y entregadas a miembros de Patria y Libertad de manos del agregado militar norteamericano Paul M. Wimert. La organización fascista Patria y Libertad, compuesta por jóvenes profesionales, hijos de empresarios y miembros de la alta y media burguesía, había nacido -precisamente- con el objetivo de frenar el impulso revolucionario de las masas mediante acciones callejeras, boicot, atentados, y enfrentamientos callejeros contra la izquierda.

Ahora bien, la operación desarrollada por la CIA junto a militares golpistas y miembros de Patria y Libertad, terminó siendo un fracaso absoluto, debido a que el General René Schneider se resistió al intento de secuestro y terminó siendo asesinado a tiros por los captores, que abrió un enorme repudio nacional, unificó a la DC tras el pacto de garantías constitucionales y encausó las negociaciones de esta con Allende y la UP.

Sin embargo, mostraban la disposición inicial inmediata de sectores de la burguesía, de la derecha y sectores militares, desde el día cero se prepararían para el derrocamiento violento del gobierno de la Unidad Popular y a toda costa buscarían frenar el desarrollo del movimiento de trabajadores y sectores populares.

Las fuerzas armadas en la mirada de la Unidad Popular y el significado del "estatuto de garantías constitucionales"

Pese a esto, la tesis sobre las fuerzas militares que tenía la Unidad Popular, era más bien optimista. Cuando hablaba de las fuerzas armadas y carabineros, habiendo cumplido un año de gobierno, Allende señalaba que:

«…responden a la tradición histórica chilena de que son fuerzas profesionales respetuosas de la ley y la voluntad popular, que son fuerzas que tienen el prestigio y el cariño que Chile les reconoce, y que son fuerzas que hoy y mañana estarán junto al gobierno, porque el gobierno actúa dentro de la Constitución y la Ley» (Allende, "Nuestro camino al socialismo", en Liborio Justo, Así se murió en Chile, p. 162).

Pero el rol del imperialismo de Estados Unidos en la lucha contra el proceso revolucionario y el rol burgués de las fuerzas armadas, fueron fundamentales. Eso lo sabía bien la Democracia Cristiana. Por eso, este partido, para permitirle a Allende acceder al gobierno, le puso como condición el “estatuto de garantías constitucionales”. Uno de los puntos más claves para la DC trató justamente del rol de las Fuerzas Armadas. En el Artículo 22° de este estatuto leemos:

«La fuerza pública está constituida única y exclusivamente por las Fuerzas Armadas y el Cuerpo de Carabineros, instituciones esencialmente profesionales, jerarquizadas, disciplinadas, obedientes y no deliberantes. Sólo en virtud de una ley podrá fijarse la dotación de estas instituciones. La incorporación de estas dotaciones a las Fuerzas Armadas y a Carabineros sólo podrá hacerse a través de sus propias escuelas institucionales especializadas, salvo la del personal que deba cumplir funciones exclusivamente civiles».

Tras dicho Pacto, el 24 de octubre, Allende fue proclamado oficialmente como Presidente de la República con los votos de la DC y el estatuto acordado como reforma constitucional en los meses posteriores. Se iniciarían los 1.000 días de la UP.

El primer año de la Unidad Popular

El primer año de gobierno, la Unidad Popular implementó parte de su programa. En febrero de 1972, en un documento oficial de la coalición, leemos:

«Es un hecho que en 1971 se dieron pasos decisivos en el cumplimiento del Gobierno de la Unidad Popular (…) Ya tenemos bajo control de la sociedad sectores que estaban en manos de intereses imperialistas o grupos monopólicos: el cobre, el hierro, el salitre, el carbón, la siderurgia, casi todo el sistema bancario, grandes empresas del cemento y otros materiales de construcción, textiles, pesqueras. Se expropiaron 1378 latifundios, con casi 2.700.000 hectáreas, lo que equivale a todo lo que el gobierno anterior hizo en seis años (…) Simultáneamente se alcanzó un crecimiento del producto nacional cercano al 9%, y un aumento de la producción industrial del orden del 13%. La tasa de desocupación disminuyó del 8,3% al 3,8%”» (Declaración de El Arrayán).

El triunfo de la UP había elevado las expectativas del movimiento de masas y especialmente de la clase trabajadora. 1971 es fue año de ascenso de nuevas luchas: los campesinos aumentaron las tomas de fundos en varias regiones del país y los trabajadores exigían la expropiación de las empresas. El ejemplo más destacado fue el de empresas textiles como Yarur y Sumar. En el caso de la primera, la fábrica amaneció tomada el 26 de abril. En su entrada un lienzo decía “Yarur. Territorio libre de explotación”. La administración quedó en manos de los trabajadores por medio de una cooperativa y se descubrieron autos de lujo, regalos de alto valor para socios comerciales. Sus dueños habían salido del país, bajaron la producción y no pagaron salarios. Sus trabajadores reorientaron la producción hacia productos de consumo popular como la tela de pañales. En la Sumar, la asunción de la UP implicó que los trabajadores cuestionaran las prácticas de despotismo patronal y su estatización se transformó en un símbolo.

(Imagen: Sumar, 1971)

Otro ejemplo: sólo dos semanas después de la asunción de Allende en noviembre de 1970, estalló una rebelión en el sur de Chile, en la localidad de Panguipulli. Los campesinos se tomaron los fundos privados, buscando acelerar la Reforma Agraria y, junto a los trabajadores forestales, ocuparon las fábricas de madera llegando a prescindir de las autoridades locales. Más de 3.600 obreros logran ocupar -junto a campesinos y mapuche- 24 fundos en manos de terratenientes, formando el Cordón Forestal y Maderero Panguipulli.

(Imagen: Complejo Maderero Panguipulli)

En el campo, se fortalecieron las tomas de tierras y las corridas de cercos, lo que acelera rápidamente la ejecución de la reforma agraria por parte del gobierno. En las poblaciones comienzan a ampliarse las tomas de terrenos y la coordinación de pobladores.

El "área de propiedad social" y la oposición derechista

La nacionalización del cobre promulgada en julio de 1971, si bien tuvo consenso de todos los partidos políticos, incluida la derecha y la DC, generó un golpe duro para EEUU. En 1965 empresas norteamericanas monopolizaban las exportaciones de cobre: Branden Cooper, Chile Exploration y Andes Cooper. Los capitales norteamericanos participaban de todos los rubros de la economía, la industria, la construcción vial, la habilitación del ferrocarril, obras sanitarias y obras portuarias. Las mineras norteamericanas aceptaron la nacionalización, pero nunca aceptaron sus términos, negándose a pagar la deuda contraída con el Estado. Como castigo de los mercados el cobre bajó su precio internacional y una enmienda votada en el Congreso de los Estados Unidos impedía a los bancos emitir cualquier crédito a países que nacionalizaran recursos naturales.

Pero más de conjunto, la derecha se opuso tenazmente a las expropiaciones y buscó siempre que ese accionar se decretara como ilegal, argumentando que se afectaba el derecho de propiedad y se destruiría la economía.

La UP al aplicar su programa buscaba consolidar una base en el movimiento de masas. El movimiento obrero fortaleció sus aspiraciones y expectativas, y tras unos pocos meses inició importantes luchas frente a patrones opositores al gobierno, en muchos casos exigiendo el paso al APS (área de propiedad social), luchas que prepararon el terreno para los futuros Cordones Industriales (junio de 1972).

Frente al avance del programa de la Unidad Popular y el proceso por abajo de luchas obreras, campesinas y populares, la derecha pasa a una estrategia combinada, ya no solo de lucha política en el congreso y en elecciones, sino una “línea de masas” y por ganar la calle, con bloqueo externo, sabotaje y boicot, y conspiración a través de los grandes gremios patronales como la SOFOFA. La Democracia Cristiana, por su parte, empieza a librar una campaña contra el Área de Propiedad Social y hacer alianzas puntuales con la Derecha.

El 1 de diciembre de 1971 inicia la ofensiva burguesa y de la derecha con la primera protesta callejera contra Allende. La primera “marcha de las cacerolas vacías” que agrupó a mujeres acomodadas y de clase media “contra el marxismo” que representaba el gobierno. Luego, en enero de 1972, se realizan elecciones complementarias donde se unen la Democracia Cristiana y el Partido Nacional, derrotando a la UP en las provincias de O´Higgins, Colchagua y Linares.

(Imagen: marcha de las cacerolas vacías, diciembre de 1971)

El giro de 1972

El escenario económico se hizo más complicado. Si en 1971 hubo crecimiento, en 1972 eso cambió y se produjo una desaceleración de la economía. Surgieron el acaparamiento y el desabastecimiento. Se produjo una inflación bastante desbocada, que pasó del 22% en 1971 al 163% en 1972. Este escenario insegurizaba a amplios sectores de las capas medias que empezaron a girar a derecha.

De esa manera, la vía chilena al socialismo se encontró con un escenario de la lucha de clases que continuó polarizándose. En junio surge el primer Cordón Industrial en la comuna de Cerrillos-Maipú. Durante 1972, la dinámica de disputa en los lugares de trabajo entre sus dueños y sus trabajadores continúa. Ejemplo de esto es el nacimiento del primer Cordón-Industrial en el sector Cerrillos-Maipú el 19 de junio de 1972 y que aglutinó a un total de 14 fábricas como resultado de la coordinación de tres huelgas que tenían como demanda el paso al Área de Propiedad Social. Tenían contacto con el movimiento pobladores y campesinos, y exigían a Allende el cierre de Parlamento y declarar el control obrero de la producción.

En julio, en Concepción, el MIR exige la formación de una Asamblea del Pueblo, junto al MAPU y el PS, en contraposición al propio Allende y el PC que acusaron intentos divisionistas.

En 1972 aumentaron las protestas y los enfrentamientos callejeros y las huelgas de comerciantes y transportistas, movidos y organizados por la derecha. Se consolidan las relaciones regulares entre los empresarios y militares golpistas, especialmente oficiales navales.

En agosto, se creó la coalición llamada Confederación Democrática que incluyó al Partido Nacional y a la Democracia Cristiana. Se agudizó la línea de desestabilización, de huelgas de comerciantes minoristas y empresarios del transporte. Proliferaron atentados del grupo de extrema derecha Patria y Libertad. En el parlamento, la oposición implementó una línea de acusaciones constitucionales.

La oposición derechista llamó a la “resistencia civil”. El paro y cierre 125.000 establecimientos del comercio minorista en agosto del 1972 y el paro de octubre son ejemplos de esa línea.

Pero la clase trabajadora apenas empezaba a demostrar su potencial. La extensión de los Cordones Industriales para hacerle frente al paro patronal de octubre de 1972 reveló que la clase trabajadora tenía fuerza de sobra para combatir la reacción patronal.

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