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La votación del Frente Amplio, la vergüenza de Gramsci y la necesidad de tomar partido

Luego de que el Frente Amplio recibiera una oleada de críticas y emplazamientos por su controvertida votación en general a favor de la ley anti-protestas que llevó adelante la derecha y la DC, una serie de sus figuras salieron a pedir disculpas. En este artículo buscamos retomar algunas discusiones sobre la hegemonía y poner en el tapete la necesidad de la construcción de un partido revolucionario para acabar con el Chile de los 30 años.

Felix Melita

Estudiante de Psicología Universidad de Antofagasta

Domingo 8 de diciembre de 2019 | 16:20

La leche derramada: “Errores” sobre “errores”

“La izquierda parlamentaria no puede quedar sometida a la conceptualización con que la derecha mezcla, confunde y deslegitima la protesta social. Es el costo de haber tardado tanto en enfrentar el vandalismo: la que impone sus términos es la derecha.” Este fue el pronunciamiento y el análisis que Carlos Ruiz Encina, uno de los principales ideólogos del Frente Amplio, que publicó en su cuenta oficial de Twitter después de que sectores del Frente Amplio votaran a favor en la Cámara de Diputados al igual que la DC y la derecha.

La persona que se encuentre leyendo este artículo podrá recordar que este no es el primer hecho que ha sido catalogado ampliamente como una “traición” por parte del conglomerado. La primera fue el haber firmado el pacto de paz con el gobierno de Sebastián Piñera, sentándose al lado de los mismos personeros de la derecha pinochetista que llamaron a desplegar un Estado de Emergencia para reprimir con fuerzas militares, para después coronar esta acción con la aprobación a la idea de legislar la llamada “ley anti-protestas” (que la derecha llama demagogicamente ley antisaqueos). Aunque después los mea culpa llegaran, y se produjera la segunda fuga masiva de los diversos partidos que integran el Frente Amplio, la leche estaba derramada. La votación estaba hecha, y la derecha aplaudía, mientras en la calle la policía reprimía brutalmente a manifestantes.

Sin embargo, ¿podemos afirmar que se trata de una cuestión de tiempo? Si bien en política las respuestas y en el tiempo en que se dan tienen un peso gravitante, lo que figuras como Gabriel Boric, Gonzalo Winter, Giorgio Jackson, entre otros, catalogan como un error es mucho más que eso: la derecha no solamente se impuso, sino que los votos del Frente Amplio contribuyeron a deslegitimar la protesta social, confundiéndose así en la gran pantalla entre los votos de la Democracia Cristiana, la exConcertación y la derecha.

Discurso de izquierda con votos a la derecha

En un artículo publicado recientemente en la revista Ideas Socialistas hemos afirmado que el Frente Amplio se encuentra en un “giro a derecha (…) que en dos años de existencia rápidamente se transformó en el sostén por izquierda del régimen heredado de la dictadura.” No podría ser de otra forma con los ejemplos anteriormente nombrados.

Sin embargo, esta situación podría tener un gran costo. Por un lado es el del fortalecimiento de la línea represiva que ha desplegado el Gobierno con sus aspectos de fuerza a través de Carabineros, pero también con los elementos legales que han impuesto con la dictadura pinochetista, como la ley de seguridad del Estado. Pero por otro, el de un descontento popular al ver a un sector de la “izquierda” –en donde desde ya debemos agregar el apellido de ‘parlamentaria’- llevando adelante acciones de derecha. ¿Acaso se podría llamar de otra forma? De ninguna manera.

Es aquí, en momentos de crisis, en donde la población evalúa mas profundamente la política, donde juzga mas severamente a quienes dicen representarlos, lo que es positivo en su conjunto que las grandes mayorías se politicen, pero que si no logran encauzar en un camino de emancipación y que les permita su despliegue político, la realidad histórica es que se decanten por alternativas populistas, donde dejen en manos de demagogos y caudillos, como es hoy el caso de Brasil, donde la misma “izquierda” del PT de Lula, que se dedico a gestionar el neoliberalismo brasileño, y que no le opuso una verdadera resistencia a la derecha, incluso antes de la llegada de Bolsonaro, mirando impávidos como ni siquiera los mas reaccionario les hacia un golpe judicial, termino desencantando a un amplio sector, y que luego termino en manos de un ultrderechista como Bolsonaro. Es decir, no sólo se fortalece por un lado las medidas de desvío que ha desplegado la derecha para sacar a la gente de las calles –medidas que han sido seguidas al pie de la letra por el Frente Amplio-, sino que hace más lejana la perspectiva de una victoria para el triunfo de la rebelión popular que se ha desarrollado en Chile, pues el desencanto de la política sólo le favorece a la misma clase privilegiada que ha estado en el poder durante todo este tiempo.

Estamos lejos de una cuestión de tiempos, como afirma Ruiz Encina. No se trata de llegar tarde a una reunión o no alcanzar a subir al transporte por salir con atraso. No se trata de quién denunció los actos de delincuencia antes o después. Se trata de un giro a derecha, en donde el Frente Amplio desde la izquierda del Congreso ha llegado al costado de Piñera con un tanque de oxígeno.

Presos de una hegemonía “fantasmal”

Si seguimos el pensamiento de Gramsci en sus discusiones sobre la ampliación de los conceptos de Estado y policía, podemos señalar, por un lado, que las organizaciones sindicales cumplen un rol de intermediarios entre la población, las masas, y el Estado propiamente tal, en donde las organizaciones “privadas” (utilizando este término para aquellas organizaciones por fuera del ámbito estatal) –como partidos políticos, por ejemplo- son parte de esta relación también. Es decir, que estas organizaciones pueden cumplir un rol fundamental para desequilibrar la balanza.

Sin embargo, Gramsci también es enfático al anunciar la ampliación del rol “policial” al interior del Estado moderno, en donde, como afirma Juan Dal Maso: “La ampliación del concepto de policía entonces está relacionada con el desarrollo de una forma estatal que incorpora las burocracias partidarias y sindicales en su interior y, de ese modo, se corona la presión social –estatal tendiente a construir un ‘conformismo social’-.” Si bien en Chile nos encontramos lejos de una situación de conformismo social, lo cierto es que el actual del Frente Amplio ha contribuido al desvío que ha buscado instalar la derecha. Dicha situación se ha combinado con una intención del Gobierno al criminalizar la protesta social, buscando separar a las masas de la vanguardia, apuntando a este último sector como “delincuentes”, “vándalos”, “terroristas”, entre otra cartera de eufemismos a los que recurren desde la derecha para criminalizar a las personas más aguerridas que se encuentran en la movilización, en clave de divide y vencerás para bajar la fuerza de la movilización. Es esta situación, la de una separación enorme entre la vanguardia y la masa es la que a la larga sirve para las clases dominantes para desarticular movilizaciones y procesos de lucha, para vitalizarse y volver a imponer el statu quo para que de esa manera vuelva a imponerse el conformismo social al que apunta Gramsci.

Es aquí en donde podemos ver cómo el Frente Amplio se ha hecho a sí mismo prisionero de una hegemonía fantasmal al votar una ley que en estos momentos sólo beneficia a un 4,6% de la población que afirma apoyar a Sebastián Piñera. Si para el Frente Amplio el Estado es la “trinchera avanzada”, pues no han hecho más que cavar para el lado contrario.

Expresión de esto es que en vez de utilizar sus bancas parlamentarias, sus puestos en las municipalidades y cargos regionales para que durante el auge de las movilizaciones por eso del 12 de noviembre llamaran a organizar una huelga general -como lo está realizando ahora Francia-, con la paralización total de los sectores productivos para así sacar a Piñera y abrir el paso para imponer una asamblea constituyente verdaderamente libre, democrática y soberana, prefirieron sentarse a pactar son la derecha que mantiene viva hoy la herencia pinochetista. Mostrando así este rol burocrático-policial que denuncia Gramsci, ubicándose así como la pata izquierda del régimen.

Prueba de esto son las declaraciones de Juan Antonio Coloma (UDI) en entrevista con La Tercera: “Jaime Guzmán nos hizo reflexionar lo importante que era, a veces, ceder una opción si con eso lograbas algo mejor o mayor, que era la capacidad de consolidar la transición en ese caso (…)uno mira cual es la situación del país ayer, que había un grado de violencia desatada, un grado de desánimo colectivo (...) De alguna manera, vuelve a pasar lo mismo que pasó al inicio de la transición: estamos obligados a ponernos de acuerdo (…) Y yo creo que con esto Chile Vamos también queda fortalecido (…) salió adelante en la encrucijada más difícil que ha tenido desde que existe, a mi juicio. Y eso es una buena garantía de gobernabilidad para nuestro sector, que es un tema que estaba puesto en discusión.”. Lejos de una cuestión de tiempos, presos de una hegemonía fantasmal, que los llevó a desaprovechar completamente la fuerza de la clase trabajadora que se mostró de manera parcial durante las jornadas revolucionarias del 12 de noviembre.

Algunas consideraciones sobre el Estado y la hegemonía

En una entrevista recientemente publicada en el portal argentino Ideas de Izquierda, Juan Dal Maso, afirma que: “Me parece que la concepción de tipo "socialdemócrata" de la hegemonía está en crisis. (…) En síntesis, sea en su variantes "socialdemócrata" o "populista" las concepciones políticas y teóricas que buscaron algún tipo de "articulación" hegemónica a través del Estado dentro de los marcos del capitalismo, se mostraron impotentes ante los avances impetuosos de una derecha que no tiene problema en apelar a la relación de fuerzas en bruto y con métodos violentos.” Esto al referirse justamente a los procesos de lucha que se encuentran en desarrollo en países como Chile, Colombia, Bolivia, Hong Kong, entre otros.

Es así que bajo el planteamiento de la guerra de posiciones el Frente Amplio ha aprovechado estas discusiones estratégicas para enraizarse en el Congreso. Sin embargo, esto a lo que nos lleva también es a una diferencia en lo que respecta a la visión del Estado.

Esta situación ya la anunciaba Lenin en su icónico libro “El Estado y la Revolución”, en donde –manteniendo las diferencias históricas- discutía en contra de las ideas reformistas que pensaban que a través del consenso y las negociaciones con las clases dominantes podrían acabar con el régimen de explotación, opresión, abusos y miserias; apuntando que éstos: “se han imaginado la transformación socialista también de un modo soñador, no como el derrocamiento de la dominación de la clase explotadora, sino como la sumisión pacífica de la minoría a la mayoría, que habrá adquirido consciencia de su misión.” apuntando además que esto solo “ha conducido en la práctica a la traición contra los intereses de las clases trabajadoras”.

Siguiendo la definición del Estado como la “trinchera avanzada” no podemos hacer más que subrayar la idea de que se trata a su vez de una de las fortalezas de la burguesía, en donde los pactos y maniobras legales son totalmente insuficientes para avanzar en la emancipación de la sociedad. Prueba fehaciente de esto es la práctica del conglomerado en cuestión, la cual se ha restringido a acuerdos con la exConcertación, la Democracia Cristiana, y hasta incluso sectores de la derecha, práctica que no ha hecho más que decantar en la derechización del Frente Amplio en la prueba histórica que nos ha puesto la lucha de clases durante la rebelión popular chilena.

Es así que la búsqueda de alianzas no pasa por los mismos sectores que han gestionado el “Chile de los 30 años”, sino que con la clase trabajadora, la juventud –en donde los secundarios han sido la punta de lanza de la rebelión a escala nacional-, pobladores, capas medias, es decir, las amplias mayorías que se han dado encuentro en las calles para movilizarse contra este régimen. Esta búsqueda de alianzas desde la acción misma es la que nos permitirá de articular volúmenes de fuerza que nos permitan dar el salto a la trinchera avanzada para el triunfo de las grandes mayorías.

Chile despertó y la necesidad de tomar partido

Es aquí en donde podemos dar cuenta de que el Frente Amplio no ha buscado esta alianza hegemónica que permita hacer caer cada uno de los pilares del régimen neo-liberal –y pinochetista- chileno.

La situación no hace más que dejar planteada la tarea de fortalecer los espacios de auto-organización para el mismo desarrollo de las experiencias de las masas en lucha, como lo han sido los Comités de Emergencia y Resguardo en Antofagasta, como espacios que tiendan a fortalecer la misma movilización y lucha, en perspectiva de organismos de doble poder que permitan avanzar en la tarea de un nuevo orden social que acabe con toda la explotación, la opresión, los abusos y la miseria sobre la cual se ha edificado el régimen chileno.

Es esta perspectiva que llevamos día a día quienes nos hacemos parte del Partido de Trabajadores Revolucionarios. Y que invitamos también a levantar en conjunto a quienes, desencantados de la traición y del giro a derecha que ha llevado adelante el Frente Amplio, y a quienes se han hecho parte día a día de las movilizaciones y le han hecho frente a la represión policial, a organizarnos en la perspectiva de desarrollar un plan de lucha y movilización ascendente, con un paro nacional, para aunar fuerzas para desplegar una huelga general a lo largo de todo el país para hacer volar por los aires al régimen de Piñera, y desarrollar una asamblea constituyente libre y soberana, que ponga como prioridad las necesidades del pueblo trabajador y pobre. De ser así, esto nos abriría el paso de pasar de la rebelión a la más grande revolución social que en Chile se ha visto. Estas son hoy nuestras banderas para pensar un horizonte socialista, en que las y los trabajadores puedan hacerse del poder.






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