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León Trotsky sobre el fascismo: Las vacilaciones de la gran burguesía

León Trotsky sobre el fascismo: Las vacilaciones de la gran burguesía

En su artículo de 1930 "El giro de la Internacional Comunista y la situación en Alemania", el dirigente y teórico bolchevique León Trotsky, analiza la situación del Partido Comunista en Alemania, a partir del contexto internacional, del debilitamiento de los partidos, y los errores cometidos entre giros tácticos. A su vez la desconfianza que genera su aislamiento en sectores de masas, colinda con la traición de la social democracia, y la capitalización de las "capas medias" por parte del fascismo. En este capítulo titulado "Las vacilaciones de la gran burguesía", Trotsky da cuenta de la relación entre las tres clases sociales, la gran burguesía, la pequeño burguesía, y el proletariado.

En cada curva del camino histórico, con cada crisis social, debemos una y otra vez examinar la cuestión de las relaciones mutuas de las tres clases de la sociedad moderna: la gran burguesía, liderada por el capital financiero, la pequeñoburguesía, que oscila entre los dos campos fundamentales, y, por último, el proletariado.

La gran burguesía, que constituye una fracción ínfima de la nación, no puede mantenerse en el poder sin el apoyo de la pequeñoburguesía de las ciudades y el campo, es decir, de los remanentes de la vieja, y las masas de la nueva, clase media. En la actualidad, este apoyo reviste dos formas fundamentales, políticamente antagónicas, pero históricamente complementarias: la socialdemocracia y el fascismo. En la persona de la socialdemocracia, la pequeñoburguesía, que va a remolque del capital financiero, arrastra tras de sí a millones de trabajadores.

En este momento la gran burguesía alemana vacila; está dividida. Sus desacuerdos se reducen a la pregunta: ¿cuál de los dos métodos para remediar la crisis social aplicaremos ahora? La terapia socialdemócrata repele a una parte de la gran burguesía por la incertidumbre de sus resultados y los excesivos gravámenes (impuestos, legislación social, salarios). La intervención quirúrgica fascista le parece a la otra parte demasiado arriesgada y no justificada por la situación. En otras palabras, la burguesía financiera en su conjunto vacila en cuanto a la apreciación de la situación porque no encuentra todavía razones suficientes para proclamar una ofensiva de su propio “tercer período”, en el que la socialdemocracia debe imperativamente ceder el puesto al fascismo; además, todos saben que, después del arreglo general de cuentas, la socialdemocracia será recompensada por los servicios prestados con un pogromo general. Las vacilaciones de la gran burguesía —a la vista del debilitamiento de los grandes partidos— entre la socialdemocracia y el fascismo son un síntoma extraordinariamente claro de una situación prerrevolucionaria. Por supuesto que estas vacilaciones de inmediato llegarán a su fin desde el momento en que aparezca una situación realmente revolucionaria.

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