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SEMANARIO

Los herederos de Trotsky en el extremo austral del mundo (parte I)

Joaquín Romero

Los herederos de Trotsky en el extremo austral del mundo (parte I)

Joaquín Romero

Apuntes sobre el desarrollo del movimiento trotskista desde la dictadura hasta nuestros días.

foto: extracto afiche Liga Comunista de Chile sección simpatizante del Secretariado Unificado.

Cuenta mi padre, dirigente estudiantil de la Democracia Cristiana en los años 80 cuando se fundó la FEUSACH y volvió la dinámica de elecciones estudiantiles, la DCU (Democracia Cristiana Universitaria) prácticamente hegemonizó dicha federación, así como el conjunto de las federaciones universitarias.

Esto fue posible, en sus palabras, por la capacidad política del lote “chascon” para impulsar su política, que propugnaba alianzas opositoras con la izquierda para enfrentar a la dictadura diferenciándose de la dirección oficial de la DC que se oponía al principio a alianzas de esas características. Pero también porque la izquierda de aquellos años buscaba constantemente agruparse bajo el paraguas del otrora partido golpista y supuestamente representante de la burguesía democrática, asumiendo ellos la responsabilidad de haberlos empujado al golpe y suplicándoles ser incorporados a la conducción de los organismos de masas que dirija la DC.

Pero en este feliz panorama de reunificación opositora para sacar al dictador una sola corriente se negaba a cualquier tipo de entendimiento con la DC lo que le valía constantes acusaciones de sectarior, ultraizquierdistas, lunáticos , y una serie de epítetos propios del dialecto chileno.

Eran los trotskistas, que mi padre contaba , se lanzaban todos los años en solitario a las elecciones para sacar siempre los mismos 300 votos. Contaba que generalmente no se les avisaba de las asambleas, se los excluía de las discusiones entre las organizaciones y se les quitaba la propaganda de los muros. Sin embargo, ahí estaban, todos los años denunciando a la DC dándole el toque folclórico a las elecciones en las que gracias a la izquierda tradicional ganaban sin problemas.

La historiografía, así como la tradición de la izquierda ha solido prestarles poca atención, en parte por que no lograron convertirse en una organización con una influencia determinante en el curso de los acontecimientos. Pero devenidos los supuestos revolucionarios en administradores de la herencia de la dictadura, vale preguntarse qué caminos recorren los herederos de Trotsky en nuestro país para intentar torcer el curso de la historia

¿Quiénes eran esos jóvenes que en plena dictadura se atrevieron a desafiar el marco de alianzas definido por los partidos tradicionales para enfrentar a la dictadura? ¿Qué política plantean y qué batallas se proponían? ¿Qué hilos de continuidad podemos encontrar entre los esfuerzos militantes de aquellos con los que nos enfrentamos hoy los trotskistas?

Contra quienes , dentro y fuera del trotskismo, parecen empecinados en desterrar a nuestra corriente del imaginario de la izquierda y relegarlos a ser una secta impotente o liquidarse en la marea del reformismo es que responder es que aproximarnos a responder estas preguntas nos parece un esfuerzo necesario para dejar de cepillar la historia a contrapelo y traer al presente las lecciones necesarias para enfrentar los desafíos abiertos tras la revuelta de octubre y el proceso constituyente para la izquierda revolucionaria trotskista.

Balances y perspectivas en el exilio: La reconstrucción del trotskismo chileno

El golpe de estado del 1973, corolario dramático del ascenso revolucionario en Chile durante la última década, encontró al trotskismo chileno completamente liquidado tras diluirse en el MIR siguiendo la orientación del Secretariado Unificado (SU), organización trotskista internacional a la cual se encontraba afiliado el Partido Obrero Revolucionario (POR) como comentamos en un artículo anterior.

Las ideas trotskistas, sin embargo, seguían circulando pese a la disoluciónde las organizaciones herederas del dirigente sovietico, fruto del crucial momento político que se vivía durante el gobierno de la UP. Si bien el ascenso de Miguel Enriquez en la conducción del MIR significó la expulsión y marginación de los cuadros y dirigentes trotskistas provenientes del POR, esto no implicó que las ideas trotskistas dejasen de circular, no solo en las elaboraciones teóricas y políticas de sus dirigentes, sino también en los sectores “disidentes” a la línea oficial de la dirección de Enríquez, lo que según quienes han investigado el asunto , está incluso habría decantado en un sector opositor a la dirección oficial, principalmente en la regional de Valparaíso del MIR.

Producido el golpe de estado e impuesto la persecución y el exilio para los militantes de izquierda opositora al régimen de Pinochet, los cuadros políticos se reencontraron con esta afinidad política disidente y la tarea de reconstruir la tradición revolucionaria a partir de las lecciones y balances que era necesario discutir respecto a la experiencia de la Unidad Popular y la actuación de los revolucionarios en el proceso.

Fue en esta travesía que estos militantes en el exilio se encontraron con al trotskismo europeo y los debates internacionales que atravesaban al movimiento heredero de Trotsky y IV internacional. El X congreso mundial celebrado en 1974, en el cual las corrientes internacionales unificadas por el Mandelismo agrupado en el Secretariado Unificado (SU) y cuya principal sección era la LCR francesa, y el Comité Internacional formado por el SPW norteamericano (CI) tras años de discrepancias y que habían devuelto a la órbita a otros dirigentes del movimiento trotskista como Lambert y Moreno, se encontraban en un gran debate respecto al curso que debían adoptar los revolucionarios.

Los acontecimientos de finales de los 70s, la lucha anticolonial en el tercer mundo encarnada por la lucha Vietnamita contra el Imperialismo Norteamericano y el ascenso de la lucha de masas marcado por el mayo del 68 Francés habían llevado a un fortalecimiento del movimiento trotskista en Europa y al nacimiento de nuevas secciones del movimiento internacional encarnado por esta tradición. Sin embargo, este ascenso tiene aspectos contradictorios marcados por la tragedia chilena que había llevado a toda la izquierda europea a verse a través del espejo de dichos acontecimientos.

La corriente mayoritaria del trotskismo encarnada por la unidad SU-CI buscaba impulsar la idea de que la hora de pasar de una internacional de propaganda a un verdadero partido de la revolución mundial había llegado, lo que los llevaba a mantener una agitación revolucionaria activa del partido en Europa pero mantenían su insistencia de que los trotskistas en América Latina y el tercer mundo en general debían actuar al alero de los movimientos de liberación nacional dado que el impulso de los acontecimientos convertiría en revoluciones socialistas dichos procesos y a dichas direcciones.

La corriente “oficialista” del trotstkismo sacaba lecciones superficiales de la actuación de los trotskistas en el MIR chileno y el impacto de aquello para la actuación de la sección chilena en los acontecimientos. El balance tampoco era realizado desde una una concepción marxista de la teoría de la revolución permanente de Trotsky de cuya lógica se deduce que si bien los procesos revolucionarios no se detienen automáticamente en el umbral de la revolución socialista, para que este paso fuese exitoso y no fuese desviado por la casta burocrática stalinista o la burguesía nacional era imprescindible la tarea de conformar partidos obreros revolucionarios y preparar direcciones revolucionarias para afrontar de manera exitosa dichas tareas. La omisión de este punto llevo a que las corrientes trotskistas no pudiesen desarrollar partidos revolucionarios durante el siglo XX

Toda la teoría estalinista para el “tercer mundo” reposaba en que las estructuras económicas y sociales de estos países hacía inviable “una revolución proletaria clásica” que condujese la lucha de liberación nacional a una revolución socialista era inviable por el nivel de atraso de dichas formaciones sociales y su dependencia respecto del imperialismo, lo que hacía imprescindible que los partidos comunistas actuasen como motorizado de las burguesías nacionales para empujarlas a realizar la liberación nacional y luego de eso habría que pensar en preparar la transición a una etapa socialista.

El trotskismo de los mandelistas si bien se oponía a esta concepción etapista con la enorme prueba de los acontecimientos de la década de los 60s pero en la práctica llevaba a sus secciones nacionales del trotskismo en el tercer mundo a sacrificar su independencia política a direcciones que sí tenían esta concepción o incluso sus programas eran únicamente democrático burgueses. El paso de una revolución democrática en una socialista se veía como algo “objetivo” dada la situación en el tercer mundo , volvía la tarea de levantar un partido revolucionario casi una situación espontánea lo que fue motivo de álgidas diferencias que terminó en el quiebre entre el dirigente argentino Nahuel Moreno ( y su tendencia la Fracción Bolchevique) y el SU-CI.

En este debate es que estos antiguos militantes del MIR fueron confluyendo con integrantes de otras tradiciones de la izquierda chilena agrupados en torno al trotskismo chileno. La facción de Moreno prestó especial atención sobre este grupo de chilenos y chilenas que venían de una experiencia de discusión política con la dirección del MIR lo que los llevó prontamente a oponerse a lo que consideraban desviaciones “guerrilleristas” del SU.

Según Mariano Vega los elementos de identidad trotskista provenientes del mundo comienza a acercarse al morenismo desde una lucha fraccional por el balance de la experiencia del MIR luego de que el golpe de estado golpeara duramente a la dirección tradicional del MIR, lo que los llevó a concluir un rechazo a la lógica del partido militar por fuera de la clase trabajadora. En el exilio estos debates fueron evolucionando desde la idea de recuperar la idea “fundacional del MIR” (un agrupamiento anticapitalista de revolucionarios) para caracterizarlo como un partido centrista”, por lo que concluían como necesario superar experiencia del MIR desde un balance crítico de la liquidación de los trotskista en dicha organización.

Así fue como la convivencia con el movimiento trotskista internacional los ayudó a afianzar una “nueva cultura política” y entre diciembre 1976 y enero 1977 se forma la Izquierda Socialista en el exilio que se encontró próxima a las ideas de Moreno y terminó emprendiendo la tarea de conformar junto a él un nuevo reagrupamiento internacional tras el quiebre de la corriente dirigida por el argentino con el SU, primero con el Lambertismo hasta que el morenismo quebró con esta corriente tras su apoyo al gobierno socialdemócrata de Miterrand en Francia y la posterior conformación de la LIT en el año 1982.

Producida la Revolución Sandinista en julio del año 1979, Moreno y Lambert acusaban en otoño del mismo año al Secretariado Unificado de capitular ante la dirección pequeño burguesa y negarse a formar un partido trotskista independiente del sandinismo y abandonan el reagrupamiento internacional en torno al SU-CI y conforman un comité paritario entre ambas corrientes.

En este punto es que entran en contacto dos agrupamientos de trotskistas chilenos en el exilio: La Izquierda Socialista, perteneciente a la Fracción Bolchevique (FB) de Nahuel Moreno, y el Cómité de enlace de trotkistas chilenos (CEMTCH) perteneciente a la corriente lambertista. La discusión comenzó así: ¿ En el marco del reagrupamiento internacional de ambas corrientes, sus secciones chilenas debían fusionarse o apostar a una coordinación para intervenir en Chile?

El problema para una unidad o una fusión es que ambos agrupamientos divergían diametralmente en aspectos claves respecto al balance de la Unidad Popular y de la caracterización de las condiciones de Chile bajo el régimen de Pinochet, lo que les llevaba a tener una comprensión diametralmente opuesta de las tareas de los revolucionarios en Chile.

Los Lambertistas chilenos (CEMTCH) partían definiendo el gobierno de la UP como un “Frente Popular de carácter 100% contrarrevolucionario”. De la relación de la burocracia sindical con la UP a la burocracia sindical bajo el régimen de Pinochet ven una continuidad que los lleva a declarar que los sindicatos son fascistas y un soporte de la revolución, por lo que se negaban a cualquier trabajo dentro de los sindicatos “amarillos”. De esto los lleva a plantear como única consigna el Frente Único para derrotar a Pinochet, pero la reconstrucción de la CUT o la consigna de una Asamblea Constituyente o Gobierno Obrero las catalogan de reformistas dado que ambas deberían pelear por un gobierno como el de Allende.

La CEMTCH por tanto desprendía que las tareas de los revolucionarios consistían únicamente a las correspondientes a una etapa de propaganda: fortalecer ideológicamente al grupo de cuadros trotskistas y realizar comisiones de formación para tener “mejor preparación marxista” y se negaban a realizar ningún tipo de agitación ni tampoco proponer consignas de “masas”.

Este sectarismo de propaganda , sin embargo, tenía una arista oportunista y liquidacionista: proponían ingresas como facción al PS pero sin banderas desplegadas realizando un trabajo subterráneo para ganar cuadros, dado que aún era el tiempo de la propaganda para formar cuadros no de la agitación para hablarle a las masas.

La Izquierda Socialista no tardó en calificar las posiciones de la CEMTCH de sectarias dado que de las caracterizaciones que proponían , concluyendo que de seguir las tareas que de ellas se desprendían el trotskismo en chile volvería rápidamente al olvido, la centralidad de este debate radica en que permitió al naciente grupo afinar sus concepciones y abordar así de manera más sistemática el proyecto de regreso a Chile.

Para la Izquierda Socialista(IS) la Unidad Popular era también un Frente Popular de colaboración de clases, sin embargo, en los países coloniales estos Frentes Populares tenían la particularidad de proponer demandas progresivas (como la nacionalización del cobre)que las llevaban a chocar con el imperialismo, por tanto definirla por su carácter contrarrevolucionario a priori era expresión de una lectura mecánica del marxismo.

Respecto al trabajo en los sindicatos la IS sostenía que si bien efectivamente en la época imperialista todos los sindicatos legales están ligados de una u otra manera al Capital dado que la burguesía los ha convertido en correas de transmisión para apaciguar y domesticar a la clase obrera. Desprender de aquello que los sindicatos eran fascistas era no ver que Pinochet no había creado los sindicatos actuales, por el contrario había querido liquidarlos. Correctamente la IS veía que el rol de los revolucionarios era insertarse en todos los organismos que agrupan a la clase obrera o a su vanguardia y pelear por su dirección. Los militantes morenistas responden con una frase provocadora a sus colaboradores lambertistas “trabajamos en todos los sindicatos, aún los fascistas”.

El entrismo propuesto por CEMTCH les parecía a los militantes de la IS como una afrenta a las ambiciones del grupo que se expresaban en “la necesidad de construir el trotskismo aquí y ahora”. Para la construcción del grupo debían evaluarse distintas tácticas y el entrismo era una de ellas. Los morenistas se oponían a la concepción de construcción lineal que proponían los lambertistas con su definición cerrada de las tareas que corresponden a un grupo de propaganda al negarse a realizar agitación de masas, lo que sería contrario a las ideas de Trotsky y Lenin respecto de cómo se construye un partido y la centralidad y función que cumple la prensa partidaria a la hora de intervenir políticamente. Por tanto intervenir solo como grupo de propaganda, dentro de otra corriente, sin un programa ni política propia era liquidar al grupo con una concepción etapista de sus propias tareas ( Es decir para la CEMTCH primero había que educar y luego hacer política, para la IS ambas eran combinadas).

De esta manera para la IS rechazar las consignas de gobierno obrero y asamblea constituyente a priori era no ver la etapa de ascenso que vivía América Latina ( para el morenismo la sucesión de golpes de estado no había significado un freno al ascenso revolucionario en el continente americano) donde la agitación de un programa de transición que permitiese conectar las aspiraciones democráticas de las masas que enfrentaban a las dictaduras militares con los objetivos socialistas del programa revolucionario.

Así es como la discusión comenzó a extenderse en el tiempo dadas las diferencias diametrales respecto a las tareas de los revolucionarios en Chile lo que llevó al CEMTCH a buscar aumentar la presión por fusionar ambos grupos exigiendo que esta se concretase inmediatamente dejando las diferencias para ser resueltas en futuros debates lo que la Izquierda Socialista rechazó por considerar la exigencia de una fusión ahora por considerarla de “últimatismo burocrático”: la fusión entre grupos políticos no podía obedecer a exigencias entre aparatos sino que obedecer a balances comunes de la lucha de clases. Fue así como la fusión entre ambos grupos no se concretó. Por esos días comenzó el debate en la corriente internacional del morenismo como emprender el retorno de los exiliados trotskistas a Chile.

Referencias

1.- Cultura e identidad política en el partido mundial de la revolución socialista. Trotskismo-morenismo en Chile 1979-1993, Mariano Vega Jara.

2.- Trotskismos, Daniel Bensaid.

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Joaquín Romero

Santiago de Chile
Redactor del semanario Ideas Socialistas. Militante del Partido de Trabajadores Revolucionarios.
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