Política Chile

OPINIÓN

Millones en todo el país votaron por acabar con la constitución de Pinochet: utilicemos esa fuerza para terminar con toda la herencia de la dictadura

La victoria del apruebo con un 78,28% de las preferencias y la convención constitucional con un 78,99%, fue apabullante. Gigantescas expectativas y esperanzas de cambio se posan sobre este proceso constituyente. El mismo Piñera busca subirse al carro de la victoria del apruebo, manifestando en su último discurso que “este triunfo de la democracia debe llenarnos de alegría y esperanza”, sin embargo, al alero de la celebración, todo el régimen político se apresta a asegurar que este hito sirva para canalizar por vías institucionales (y controladas) la enorme fuerza expresada en la revuelta de octubre y en la huelga del 12 de noviembre de 2019. ¿será suficiente para saciar las gigantescas expectativas abiertas?

Francisco Flores Cobo

Estudiante de Derecho U. de Chile

Lunes 26 de octubre

“es precisamente la jornada de hoy una oportunidad para que las grandes mayorías expresen (…) la convicción de que solo los caminos institucionales pueden ser admisibles”.

“Mas allá de la repetición de sloganes y de promesas sociales imposibles de cumplir en una Carta fundamental, no ha habido un real debate ciudadano en torno al ordenamiento vigente”

En estos párrafos de la editorial dominical de El Mercurio, queda clara cual es la disyuntiva que se abre en el país. Por un lado, los empresarios representados en ese medio y el gobierno, celebran que se abra un camino institucional para desactivar cualquier atisbo de huelgas, paros y movilizaciones, pero a la vez, son conscientes de que hay un problema entre las expectativas abiertas por el proceso y lo que realmente puede llegar a dar.

Para entender por qué existirá un choque entre las expectativas que abrió la revuelta y el proceso constituyente, hay que recordar que este acuerdo por la paz y una nueva constitución nació para evitar la caída de piñera y desactivar el proceso de paralización y huelga más grande desde la vuelta a la democracia.

La derecha era consciente en ese momento que cualquier medida social particular, iba a ser insuficiente para sacar de la calle a los millones que salían a manifestarse. Un cambio constitucional era la alternativa para evitar la caída del gobierno. Pero los sectores más conservadores se aseguraron de que el proceso no permitiera cambios fundamentales: el quórum de 2/3, la imposibilidad de tocar los tratados internacionales, la exclusión del proceso de los menores de 18 y la elección de los constituyentes de la misma forma en que se escogen a los parlamentarios, fueron algunas de las principales formas de control que permiten evitar cambios sustanciales al modelo económico y político del país.

Es aquí entonces donde nace el problema: miles esperan que el proceso constituyente responda a las demandas más sentidas durante la revuelta, sin embargo, la derecha, los empresarios y el gobierno de Piñera, con la ayuda de la oposición, delimitaron un proceso constituyente que se encuentra reglamentado de tal forma que no logra tocar las fibras centrales del modelo. No por nada personeros de la derecha como Lavín y Longueira, fueron decididos por el apruebo.

Estas demandas, como el fin de las afp, el acceso gratuito a la salud y educación gratuitas, son medidas que chocan de frente con los intereses de grandes carteles empresariales y con puntos centrales que sostienen el sistema económico neoliberal chileno. Por eso la venia de grandes empresarios como Luksic al proceso constituyente no es inocente, el sabe que si todo se mantiene bajo las reglas de este proceso, no habrá peligro para las bases del modelo.

La editorial de el mercurio reconoce que ninguna de las consignas que se levantaron en octubre encontrarán solución en este proceso constituyente. Reconocen que no se moverán ni un milímetro de las reglas del acuerdo por la paz y una nueva constitución. Se preparan para “dialogar” y “solucionar” todo en las alturas, es decir, pasar de la “cocina parlamentaria” a la “cocina constituyente”

Sin embargo, el factor de la movilización y la lucha de clases, a pesar de la pandemia y el enorme desvío institucional gestado por todo el régimen político, parece no salir de la escena.

¿Un proceso Constituyente convulsionado?

A la misma hora que comienzan a cerrarse las mesas de votación, manifestantes se enfrentaban con carabineros para tomarse la Plaza de la Dignidad en Santiago. Esa imagen era justamente lo que el gobierno buscaba evitar, pero que luego de las más de 100.000 personas que se movilizaron solo en Santiago el 18 de octubre recién pasado, parece ser una tarea difícil de lograr.

Lo más complejo para el gobierno, es que no solo existen sectores dispuestos a seguir movilizados, ahora (a diferencia de octubre del año pasado) entra en el escenario una crisis económica que mantiene el desempleo al alza y con cifras de carácter histórico.

Está por verse si esas movilizaciones logran tener la fuerza necesaria para sobrepasar las trampas e imponer una verdadera asamblea constituyente libre y soberana.

Retomemos las demandas de octubre

Durante la revuelta, el grito en las calles era claro: Asamblea Constituyente y que se Fuera Piñera, para echar abajo toda la herencia de la dictadura.

Sin embargo, el Frente Amplio y el Partido Comunista, que dirigen las principales organizaciones de trabajadores y tienen peso electoral, terminaron por poner toda su fuerza en el “camino institucional”, negándose incluso a movilizarse cuando se cumplía un año de iniciada la revuelta. Buscan llevar las ilusiones al proceso constitucional, respetando todos sus límites y trampas, asegurándonos falsamente que ahí conseguiremos nuestras demandas y cambiaremos el sistema.

Es necesario denunciar estas ilusiones y hablar con absoluta franqueza sobre la gran trampa que constituye este proceso. A la vez es urgente responder con claridad a las demandas que abrió la revuelta, y luchar consecuentemente por el fin de las AFP e imponer un sistema de pensiones basado en el reparto solidario, renacionalizar los recursos naturales claves como el cobre, bajo gestión de sus trabajadores, para garantizar el acceso gratuito a la salud y educación, y repartir las horas de trabajo entre empleados y desempleados, para terminar con el desempleo.

Conseguir estas demandas implica chocar de frente con los intereses de los empresarios, y eso es justamente lo que el proceso constituyente busca evitar y salvaguardar. De ahí que el quiebre entre las posibilidades del proceso y las expectativas abiertas, sea inevitable.

Las tareas planteadas para los revolucionarios

Desde el Partido de Trabajadores Revolucionarios, impulsores de La Izquierda Diario, logramos reunir miles de firmas en todo el país para lograr la legalidad electoral para participar del proceso constituyente y levantamos el "Comando por la Asamblea Constituyente Libre y Soberana", con cientos de trabajadores, jóvenes y mujeres a nivel nacional, acompañando el Apruebo para echar abajo la constitución de Pinochet, pero denunciando las trampas de las convenciones.

Ahora, toda la fuerza desplegada en el aplastante triunfo del Apruebo, debemos volcarla hacia la lucha de clases, y retomar los elementos de auto-organización de comités y asambleas en todos los lugares de trabajo, estudio y territorios organizados.

Pero la tarea primordial, en este escenario tan dinámico, es construir un Partido revolucionario de la clase trabajadora, un partido de miles de militantes en los puertos, industrias, servicios, en hospitales y centros de salud, en escuelas, en minas, en lugares de estudio y poblaciones, que en las calles pelee consecuentemente por las demandas de la rebelión, para que la crisis la paguen los grandes empresarios, y construya la perspectiva de un gobierno de un gobierno dirigido por los trabajadores.






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