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Monsanto implanta agresivo agronegocio

El Agronegocio de Monsanto crece en distintos países, en medio de una ola de escándalos por investigaciones pagadas, relaciones con gobiernos y personas muertas por exposición a agrotóxicos.

Miércoles 24 de mayo de 2017 | 07:02

En Santiago de Chile, la convocatoria fue en Plaza Los Héroes, donde asistieron cerca de un centenar de personas entre organizaciones sociales, partidos políticos e independientes, para manifersarse contra la gigante multinacional, líder en semillas transgénicas y agrotóxicos. Por su parte en Paine, los manifestantes fueron en su mayoría pobladores, ya que Monsanto pretende invertir 10 millones de dólares en la planta que tienen ubicada en esa comuna, proyecto que sólo necesita de la aprobación del súper intendente de Santiago, Claudio Orrego, para concretarse.

¿Cuál es el problema del crecimiento de la multinacional?

Durante años se ha visto a Monsanto en el centro del debate por el uso de transgénicos y agrotóxicos, sin embargo nunca se había visto tan comprometida.
Hace dos años la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), perteneciente a la OMS, relacionó de manera directa el desarrollo de linfoma no-Hodkin con el gliofosfato. Ante esto, un grupo de personas en EEUU que padecían de este tipo de cáncer presentaron una demanda contra Monsanto, afirmaban haber desarrollado su enfermedad producto de la exposición al agrotóxico gliofosfato, ingrediente principal del herbicida estrella de la empresa, el Roundup. Sin embargo Monsanto había sido puesto en aviso de la investigación de la IARC por parte del subdirector de la Agencia de Impacto Ambiental (EPA), Jese Rowland; existen diversos intercambios puestos a la luz pública por el juez de San Francisco que relacionan de manera directa a Rowland con la multinacional.

En otro correo electrónico, William Heydens, también ejecutivo de Monsanto, le decía a funcionarios de la compañía que podrían escribir investigaciones sobre el glifosato y luego contratar a académicos para que firmaran como autores de los artículos que redactaba la multinacional. “No gastaríamos tanto si nosotros escribiéramos, y ellos solo editaran y firmaran con sus nombres, por decirlo así”, escribió Heydens, y además citó una ocasión anterior en la que la compañía ya había hecho eso.

Mientras en EEUU el New York Times desataba este huracán conta la multinacional, en Argentina, Santa fé, las muertes por cáncer aumentan a un 40%, los abrtos y malformaciones congénitas van al alza, ¿alguna relación? Sí, en Santa Fé se encuentran de las plantaciones de soja trangénica más grandes de Monsanto, cosechas para las que el herbicida usado es el cuestionado Roundup. La respuesta por parte del gobierno de Mauricio Macri es clara, favorecer el Agromodelo mortal, situación que no es de extrañar si cosideramos que alrededor de 30 cargos del Estado son ocupados por empresarios de Monsanto.

En Chile la situación no es muy distinta. Cuando un agricultor decide vender su cosecha a Monsanto, debe comprar las semillas, herbicidas y pesticidas a la misma empresa. Las semillas encontradas en el fruto de la cosecha no son fértiles, por lo que la posibilidad de plantar estas para una nueva cosecha es nula, es decir el agricultor debe todos los años comprar las semillas a la misma empresa que luego vende su cosecha, a un precio que la empresa fija. Mientras esta situación ya en un hecho, la Ley Monsanto, promovida por el gobierno de Michelle Bachelet, empeoraría aún más el escenario ya que almacenar semillas o comprar semillas no certificadas sería considerado un delito afectando directamente a los pequeños agricultores, campesinos y todos quienes buscanna soberanía alimentaria.

Por otra parte, La Haya deliberó en octubre pasado que Monsanto se ha involucrado negativamente en la soberanía alimentaria de la población mundial, interfiriendo en la libre elección de alimentos provenientes de semillas modificadas o no genéticamente, esto debido a que las plantaciones de trangénicos son altamente agresivas con plantaciones no híbridas cercanas, ya que los pesticidas, herbicidas y otros agrotóxicos usados por Monsanto, contaminan y terminan exterminando las plantaciones no resistentes a estos químicos, por lo que agricultores que utilizan semillas orgánicas deben decidir, entre abandonar sus cosecchas o vender los terrenos por precios míseros a la multinacional. Monsanto instala un mercado agresivo que atenta también contra la biodiversidad.

Ante este escenario para terminar con la destrucción ambiental, la violación a la soberanía alimentaria y la implantación de un agromodelo mortal que establece un mercado agresivo, la única solución es la expropiación a los grandes terratenientes, la expropiación y estatización de la banca bajo control obrero para financiar la conversión del agromodelo. Que la producción en su totalidad, qué se produce, cómo se produce, cuánto se produce esté en manos de los trabajadores, de modo que la agricultura esté cimentada en bases sustentables y ecológicas.






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