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Murga, trabajadores y lucha: El ejemplo de los “Diablos Verdes”.

Dado el contexto de fiestas y celebraciones en que nos encontramos, donde la familia se reúne para compartir y terminar un cansador año, es pertinente que recordemos otros momentos de reunión y celebración. El carnaval latinoamericano, arraigado y esparcido por nuestras tierras, es una celebración pagana que se apodera de los espíritus y corazones de los pueblos, en una manifestación colectiva de barrios, poblados y ciudades.

Miércoles 30 de diciembre de 2015 | 10:22

Cuando hablamos de carnaval, hablamos de un rito que está basado en principios de libertad e igualdad. Una fiesta donde las clases y los roles se invierten y se mezclan, hasta eliminarse. Una celebración de la vida generalizada, presente en todo lugar y en todo momento.

Si nos centramos en un contexto sudamericano, nos daremos cuenta que en todo el continente se celebra esta fiesta. Entre febrero y principios de marzo la mayoría de los países de Sudamérica poseen una tradición carnavalera. Carnavales en la playa, en la ciudad, en el campo, incluso en la selva.

El país que posee el carnaval más duradero del mundo es Uruguay, esta fiesta, que tiene su epicentro en Montevideo, dura 41 días. A esta instancia son convocadas una gran variedad de organizaciones artísticas: comparsas de negros y lubolos, humoristas, parodistas, revistas y murgas. La mayoría portadora de una tradición inserta en los distintos barrios de Montevideo.

Es en uno de estos barrios donde se desarrolló una de las murgas más importantes del carnaval montevideano. El barrio en cuestión es La Teja, que se caracteriza históricamente por ser un barrio obrero sindicalista. La murga de la que hablamos son Los Diablos Verdes, o como se le conoce popularmente, la murga consecuente. Esta agrupación, compuesta en su formación inicial por jóvenes y niños del barrio, ha tenido una historia de lucha obrera. Siempre apoyando a los trabajadores, haciendo del arte un arma para ser usada contra el opresor.

Esta historia tuvo uno de sus puntos más altos en la huelga general de Montevideo, ocurrida el 27 de junio del año 1973 para manifestar el repudio de los trabajadores al golpe militar recién ocurrido. La reunión tomó lugar en el sindicato del vidrio, organización de la que Antonio Iglesias, dirigente de los Diablos Verdes, era militante. Aquí se reunió la CNT (Convención Nacional de Trabajadores) para ratificar la huelga que duraría 15 días. Dando pie a tomas de lugares de trabajo a lo largo de todo el país. Fue un hecho histórico, una muestra de unidad obrera que los Diablos Verdes, sufriendo censura y prisión para la mayoría de sus miembros durante los 70, siempre defendieron.

Es importante no olvidar estos hechos, pues nos enseñan que ser artista no quiere decir ser espectador. El artista observa la realidad, pero también puede transformarla. No basta con ser un creador, no basta con opinar o criticar la realidad. El verdadero artista es el que se propone cambiarla. Éste es un importante aspecto a reivindicar de los Diablos. Es algo que queremos heredar y potenciar. Que las y los artistas ocupen de una vez por todas el lugar que les corresponde: junto a la clase obrera, dispuestos a librar todas las luchas por venir.

*Fotografía de Jorge Sosa Britos.






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