Internacional

RESISTENCIA AL GOLPE

Myanmar: las razones del sangriento giro en la represión militar

En los últimos días, el Ejército ha matado a muchos manifestantes que se movilizan contra el golpe de Estado en Myanmar. Se trata de un salto represivo que muestra el miedo de la junta militar golpista a perder el control de la situación, y con ello sus privilegios políticos y económicos.

Viernes 5 de marzo

Crédito de la foto: Frontier Myanmar

Los militares tomaron el poder en Myanmar el 1 de febrero, lo que desató un gran movimiento de protesta popular. Durante varias semanas, a pesar de las especulaciones iniciales, la represión a la resistencia no había alcanzado niveles dramáticos en el país: en tres semanas solo había fallecido una manifestante. Sin embargo, la represión dio un salto dramático este domingo 28 de febrero, y a este miércoles ya se hablaba de al menos 50 muertos en apenas unos días, y un gran número de heridos de gravedad.

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Todo parece indicar que los militares han decidido abandonar su postura "moderada" que pretendía no ofender demasiado a los líderes internacionales. Ahora están intentando acabar con la resistencia de la forma más brutal. Además de los bastonazos, el gas lacrimógeno y las detenciones masivas, ahora hay munición real contra la multitud.

Todavía no sabemos cómo reaccionará dicha "comunidad internacional", pero es probable que el Ejército de Myanmar haya calculado que los medios de presión, en particular de las potencias occidentales, no eran lo suficientemente poderosos. Como explica Thant Myint-U , historiador y expolítico de Myanmar, en Foreign Policy: “Los generales de Myanmar son una de las élites políticas más aisladas del mundo. Todos sus amigos y enemigos, sueños y pesadillas, están solo en Myanmar. La mayoría nunca ha viajado, no habla ningún idioma extranjero y no posee ninguna propiedad en el extranjero. Están más aislados que los pobres del país, millones de los cuales han trabajado en el extranjero. Las sanciones selectivas no cambiarán los cálculos políticos fundamentales de los generales”.

Pero hay otro elemento que puede estar presionando a los militares hacia una mayor represión. Mientras que pocos esperaban que la resistencia al golpe fuera tan masiva, el pueblo de Myanmar está expresando un rechazo generalizado a la dictadura. Una parte significativa de quienes están a la cabeza de la resistencia son la nueva y joven clase trabajadora y la juventud estudiantil del país. Por el momento, este movimiento sigue estando muy influenciado por el partido de Aung San Suu Kyi, la Liga Nacional por la Democracia (LND), un partido neoliberal y completamente burgués por sus objetivos políticos y económicos. Sin embargo, el poder social que despertó el golpe es tan grande que incluso con un regreso del Gobierno civil, es difícil imaginar que esto signifique un restablecimiento de la situación anterior.

En este sentido, Khin Zaw Win, director de la ONG Tampadipa Institute, explica: “Veo estudiantes tranquilos y moderados que se politizan cada vez más. El mes pasado, los sindicatos de estudiantes de 18 instituciones de educación superior emitieron una declaración conjunta condenando a China por bloquear una resolución de las Naciones Unidas para condenar el golpe. Y quizás el mayor bloque de protestas que tuvo lugar la semana pasada provino de universidades tecnológicas de todo el país; y fue una importante hazaña logística reunirlos en Yangon. Los sindicatos en Myanmar han sido débiles durante mucho tiempo, pero, irónicamente, el golpe militar los ha revivido (...) Lo cierto es que los cambios que se están gestando en Myanmar son radicales. Debe abandonarse el término ’transición política’. Incluso si Aung San Suu Kyi, la consejera de estado depuesta, regresara al poder mañana, es cuestionable si ella podría manejar el movimiento ".

Dicho claramente, los militares temen que todo el régimen sea cuestionado, incluidos sus privilegios políticos y especialmente económicos, si el movimiento no se detiene lo antes posible. Los manifestantes exigen cada vez más la supresión de la constitución de 2008 redactada por y para los militares, y esto no es trivial. De hecho, las clases dominantes en Myanmar están estructuradas de una manera muy particular, recordando a veces las características sociales de ciertos países de los llamados estados “socialistas”. Las fuerzas armadas juegan un papel decisivo en términos políticos pero también económicos. El régimen político asegura, por un lado, que las fuerzas armadas controlen sectores muy importantes del poder estatal: el 25% de los escaños en el parlamento le pertenecen "por derecho", pero también controlan el Ministerio del Interior y el Ministerio de Defensa. Por otro lado, el Ejército se ha convertido en una corporación que ofrece a sus miembros acceso a fuentes de enriquecimiento personal y colectivo.

Como explica el mencionado Thant Myint-U, “En 2010, una generación de generales de Myanmar se retiró. Decidieron, como parte de su plan de jubilación, dejar atrás un sistema híbrido de gobierno, en el que los militares compartían el poder con los políticos electos. Esta no es una idea que se les ocurrió de la noche a la mañana, sino una idea en la que han trabajado durante casi 20 años". En efecto, una de las prerrogativas de este régimen “híbrido” era garantizar a los militares, a través de mecanismos políticos, el control de amplios sectores económicos del país. Y esto se ha hecho en particular a través del control directo por parte del Ejército de grandes conglomerados como Myanmar Economic Corporation (MEC) y Myanma Economic Holdings Limited (MEHL), agrupando las principales industrias del país, así como los derechos de explotación de recursos naturales. Sobre estos conglomerados la periodista Julia Guinamard cuenta: "MEHL y MEC están presentes en la mayoría de industrias: farmacéutica, producción industrial, seguros, banca, minería, alimentos, bebidas, materias primas, construcción, cemento, turismo, logística, telecomunicaciones… MEHL tiene 31 filiales dentro de la industria minera, incluidas las del jade y rubí, 41 fábricas que producen aceite de palma, azúcar, jabón y cemento. En cuanto al MEC, posee cinco empresas en finanzas y seguros, ocho en producción de alimentos, siete en producción de materias primas y seis en telecomunicaciones. En el lado del turismo y el ocio, el Central Hotel en Yangon y Myawaddy Travels and Tours Co son administrados por MEHL; MEC posee el campo de golf Okkala en Yangon”.

Al frente del MEHL se encuentra ni más ni menos que el general Min Aung Hlaing, quien actualmente encabeza el Gobierno militar. Y como revela la ONG anticorrupción Justice for Myanmar, el general Hlaing y su familia son los principales accionistas de varias empresas en todo el país y están involucrados en los esquemas de corrupción inherentes al régimen. Pero más allá del propio general Hlaing, es toda esta corporación militar real la que está involucrada en el saqueo, pero también en la venta de la riqueza del país a multinacionales asiáticas y occidentales, como la francesa Total.

Es por esto que el actual movimiento de Myanmar conlleva un profundo peligro para los vínculos íntimos entre el control político, el aparato estatal y el enriquecimiento privado de los militares. La LND y Aung San Suu Kyi han demostrado ampliamente que son capaces de dejar intacto este sistema corrupto a favor de los militares. Pero hoy, con las masas en las calles, ya nada está garantizado. Así que esto es lo que realmente asusta a los líderes militares y explica las razones de fondo de este giro represivo tanto hacia los manifestantes como hacia los líderes sindicales, contra quienes los militares pueden incluso contar con la ayuda de ciertos empresarios.

Todo esto demuestra una vez más que los trabajadores, la juventud, las clases populares y los sectores oprimidos de la sociedad birmana no encontrarán aliados en la LND y Aung San Suu Kyi, todo lo contrario. Suu Kyi no solo mantuvo este sistema fundamentalmente corrupto y el poder político-económico de los militares, sino que también mantuvo sus políticas reaccionarias hacia las minorías nacionales, de las cuales el genocidio rohingya fue el ejemplo más vívido. La lucha por la caída de la dictadura y la liberación de todos los presos políticos es fundamental, pero para acabar definitivamente con el poder de los militares, los explotados y oprimidos también tendrían que expropiarlos y recuperar los bienes y riquezas robados durante todos estos años. Lo mismo ocurre con sus cómplices, comenzando por las grandes multinacionales como Total, Chevron y todas las demás. Pero para ello es necesario que la clase trabajadora se movilice de forma independiente frente a fuerzas políticas burguesas como la LND.






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