Juventud

REFORMA EDUCACIONAL

No basta regular el mercado educativo, hay que acabar con él

En el marco de las movilizaciones de la Universidad de Chile contra la reforma del gobierno a las universidades estatales, dirigentas estudiantiles de dicha casa de estudios se pronuncian.

Bárbara Brito

Vicepresidenta Federación de Estudiantes Universidad de Chile (FECH)

Romina Fuentes

Presidenta Centro de Estudiantes de Veterinaria

Miércoles 9 de agosto

Desde el 2011 venimos hablando sobre la crisis del modelo de educación de mercado, esta discusión es importante porque no sólo es una cuestión teórica, sino que hemos visto cómo miles de estudiantes, funcionarios y académicos han quedado en la calle, con carreras incompletas, endeudados, con sueldos impagos o sin trabajo, como lo vimos con la Universidad del Mar y ahora con la universidad ARCIS. Esta discusión nos lleva a pensar en el modelo de educación que queremos, con el cual podamos recuperar una educación pública fortalecida y robusta que supere el sistema de competencia y los mezquinos intereses del sector privado y le entregue acceso y formación a los trabajadores, sus hijos y a los más pobres.

Por una parte el peso en el aspecto del financiamiento y en la demanda de la educación gratuita universal es fundamental para asegurar el acceso a la educación pero además para que ésta sea de calidad. En este sentido la dicotomía que plantea la derecha es una falsedad pues no hay calidad sin gratuidad ¿cómo si no mejorar la infraestructura, docencia, investigación, las condiciones laborales de las y los funcionarios? Necesitamos gratuidad y para conquistarla no basta con regular el mercado educativo, esto es lo que no se propone la actual ley de reforma a las universidades estatales, y se suma el peligro de que su contenido es un ataque y un retroceso a lo que actualmente existe pues sigue favoreciendo el negocio y el lucro manteniendo la lógica del financiamiento vía voucher. Sin embargo no basta con enfrentar la reforma desde la óptica de la regulación del mercado, para fortalecer la educación pública tenemos que acabar con él, para que la educación pública (entendiendo ésta como aquellos establecimientos de propiedad estatal) se fortalezca tenemos que enfrentar a los empresarios de la educación y plantear también la estatización de las universidades privadas que quiebren, lucren o donde las comunidades educativas así lo decidan.

¿Con qué nos vamos a conformar? Nosotros ahora estamos discutiendo la reforma, porque es un ataque y en eso hay un acuerdo generalizado en todos los estamentos de la Universidad de Chile. Sin embargo en esta columna quisiéramos poner énfasis en las diferencias que se presentan. El rector junto con el Frente Amplio que hoy viene encabezando la FECh y dirigiendo el movimiento estudiantil, plantean el lobby parlamentario y la alianza con la Nueva Mayoría para lograr que se ingresen indicaciones en el punto de financiamiento, respecto al marco regulatorio y en el punto de gobernanza y precariedad laboral de las y los funcionarios buscando que se mantengan regidos por el estatuto administrativo. A su vez, el rector plantea que sería un retroceso que no se legislara la reforma a las universidades estatales y que se le diera rienda suelta a la ley general a la educación superior pues dejaría a las universidades del estado en desventaja frente al sector privado.

Frente a esto nos preguntamos hasta qué punto tenemos que avanzar en la negociación para que sea una ley “admisible”, qué es lo que determinará el criterio de que dicha ley fortalezca la educación pública o no. En este tira y afloja lo más seguro, por que ha sido una experiencia de años del movimiento estudiantil, es que todo quede tal cual, es decir, se mantenga en lo grueso el mercado educativo. Nosotros, por tanto, no podemos limitarnos a la exigencia de la regulación del mercado educativo, nuestro objetivo tiene que ser el fortalecimiento de la educación pública y ambas cosas no son compatibles ¿por qué? Porque dicho fortalecimiento sólo se va a dar si enfrentamos a los empresarios de la educación y se debilita su negocio. Para esto es fundamental cuestionar y denunciar a quienes votan reformas que no fortalecen la educación pública, a esos políticos corruptos que buscan mantener un sistema educativo de mercado y las ganancias para un sector de empresarios, accionistas y autoridades por sobre el derecho a la educación.

Es verdad que hoy el movimiento estudiantil carece de las fuerzas necesarias para imponer nuestras demandas, pero no por ello tenemos que rebajar nuestro programa ni conformarnos con migajas. Por el contrario, tenemos que buscar cómo recomponer al movimiento estudiantil y recuperar nuestras fuerzas junto con el rol que cumplimos el 2011 de actor político nacional y de principal opositor al régimen. Nuestra tarea ante la adversidad no es por tanto rebajar nuestro programa o abandonar la lucha por la gratuidad de la educación, sino buscar formas para recuperar nuestras fuerzas a la par que, en un año electoral, hacemos política dialogando nuestras demandas y denunciando a aquellos que buscan lucrar con la educación.

Y no sólo esto. Necesitamos también reconocer la estrategia que nos permitirá lograr estos objetivos. Hoy necesitamos superar la política de los consensos y ser claros respecto de nuestras alianzas. La unidad se hace necesaria para ponerle freno a esta búsqueda de acuerdos parciales, pero no será con los rectores con quienes logremos ponerle freno a esta reforma. Debemos terminar con la lógica de gobiernos que son presididos por autoridades que hacen el papel de gerentes. Necesitamos fortalecer la unidad entre estamentos y forjar una unidad en la discusión y en la acción con ellos. No queremos seguir incidiendo en esta reforma y no creemos en el lobby parlamentario con políticos que gobiernan para los empresarios. Necesitamos encuentros si, pero de discusión profunda y no meramente expositivos y testimoniales como lo han sido hasta ahora las convocatorias en nuestra Universidad. Hoy más que nunca, y en un momento donde se discute el destino de la educación pública, no debemos olvidar nuestras luchas y las victorias que nos quedan por conquistar. En unidad sí, pero entre trabajadores y estudiantes.






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