Géneros y Sexualidades

DEBATE

Ola feminista: convergencias efímeras y divergencias sin retorno

Pese a que la “ola feminista” lleva ya varias semanas de duración, fue posterior al conocimiento público de la agenda de Piñera que se hizo más evidente la contradicción central de la movilización en curso. Con un programa difuso y sin líneas de acción más allá de los hitos propuestos vía Confech o Coordinadora 8M, comienzan a aparecer las polémicas sobre el destino y horizonte político de la lucha que se viene llevando principalmente por las estudiantes universitarias a lo largo de todo el territorio chileno.

Nancy López

Concejera Fech Filosofía y Humanidades, U de Chile y militante de Pan y Rosas y Vencer

Lunes 18 de junio

Lucha feminista y la derecha lila

En este contexto es que la organización “Convergencia 2 de Abril” elabora, en la columna “Ante la Agenda de género de Piñera: ¡Programa y Protesta Feminista!” del periódico “Aurora Roja”, algunas de sus tesis para la coyuntura que atravesamos; en el artículo mencionado, Convergencia 2 de Abril (C2A) analiza la agenda de género de Piñera, siendo muy enfáticas/os: “Como organización política anticapitalista y antipatriarcal, consideramos que ninguna de estas medidas logra problematizar, ni menos aún, subsanar la violencia estructural y sistemática que las mujeres vivimos día a día en esta sociedad. (...)lo que pretenden hacer es maquillar con unas pinceladas de color morado su verdadero interés en esta cuestión: mantener y profundizar el sistema que hoy precariza nuestras vidas.”

Efectivamente lo que Piñera y la derecha buscan es profundizar el modelo neoliberal, con las medidas de equiparar el pago de hombres y mujeres en las isapres, por ejemplo; comprendieron que la mayor fortaleza que tienen a su favor es que el movimiento actual, al colocar a su enemigo o en “la violencia machista” en general -sin exponer su gestación en relaciones sociales capitalistas y patriarcales estructurales-, o -en algunos casos- en individuos machistas particulares -sin que se vislumbre un horizonte sin machismo, sino sólo un ciclo de victimización y punición-. En realidad lo que ha hecho es no tocar los factores estructurales de la opresión donde se sostienen las ganancias empresariales. Piñera y ministros suyos como Santelices, son guardianes de los intereses de las Isapres y clínicas privadas que buscan poner una y mil trabas a un derecho tan mínimo como el aborto por tres causales.

De ahí que para rectores antiaborto como Sánchez de la UC o autoritarios como Zolezzi, no sea problema mostrarse a favor de estas movilizaciones. Se reduce la situación de “opresión de todas las mujeres” al ámbito de la violencia sexual o a aspectos educativos, y por lo tanto se ha mantenido en la vía de los “cuestionamientos culturales” a los que se busca hacer frente con medidas superficiales como los cambios curriculares y protocolos. Necesarios, pero insuficientes.

Preocupadas/os por la metamorfosis de la antigua derecha conservadora hacia una derecha “social” que dialoga con los movimientos, C2A declara: “Hoy urge aclarar que el feminismo no es una apuesta transversal a izquierda y derecha, como pretende esta última en un intento despolitizador, sino que, por el contrario, el feminismo es profundamente político y, por lo tanto, es un terreno en disputa”.

Aquel terreno en disputa, sin embargo, no es solamente frente a la derecha reaccionaria que hoy, tinturada de lila busca mostrarse del lado de las demandas que las mujeres hemos levantado en las calles. Aquella disputa es también al interior del propio movimiento, al interior de las tomas y movilizaciones que hemos levantado en nuestras universidades, y es allí donde C2A no propone una salida alternativa. Dicen que el movimiento debe avanzar en su agenda programática, pero ¿cuál es ese programa alternativo y en dónde se disputa?

La vereda del feminismo de clase es de combate

Como señala Celeste Murillo en su artículo “Las otras feministas”, los Estados modernos han comprendido, gracias a la experiencia de cooptación institucional de la retórica del feminismo por parte de los gobiernos y ONGs a partir de la década de 1980, que las demandas, devenidas agendas, se pueden adaptar a la democracia capitalista (1). La ampliación de derechos, en este marco, se transforma en la reducción de los movimientos sociales a la búsqueda de “una igualdad condicionada”, sin cuestionar la democracia para ricos basada en la desigualdad y la explotación de la mayoría de la población”(2).

Las medidas de Piñera no avanzan únicamente en ahondar su modelo capitalista neoliberal que impusieron a punta de fusil en dictadura, sino que además en fortalecer la potestad castigadora del Estado hecho a la medida de los empresarios. Para la derecha, la agenda de género significa otorgar mayor espacio a mujeres empresarias y gerentas, a más rectoras y generalas del ejército, mientras que otorgan más poder a autoridades y jefes para castigar “todo acto de violencia y discriminación”. La ficción jurídica de la igualdad tiene como principal herramienta el robustecer las armas de la clase empresarial para ejercer su dominio. Mientras mantengan el control del poder político y económico, toda conquista será fácilmente reversible. Y de lo que se trata es de transformarlo todo. ¿Pero cómo? Las y los compañeros de C2A señalan que están desde la vereda del feminismo de clase; pero lo que está al centro aún no es la clase. Entonces, ¿cómo avanzar en esa dirección?

Si bien las y los compañeros de C2A toman cuestiones sentidas por amplias capas de la población, como las pensiones miserables, o el problema de la salud y las isapres, no postulan ninguna propuesta programática al respecto, dejando la crítica abierta y sin remate. Pero sí deciden poner el acento sobre el trabajo doméstico en varios párrafos del artículo, como el que vemos a continuación: “En suma, la derecha no cuestiona ni siquiera un poco la doble explotación a la que hoy es sometida la mujer trabajadora, y la sigue relegando a la esfera “de lo privado”; de esta forma, no se avanza ni un solo paso en el reconocimiento del trabajo doméstico como trabajo, ya que se entiende que ése es el lugar al cual la mujer pertenece naturalmente y que por ello no se debe reconocer en términos de salario.”

Por supuesto que no le interesa a la derecha cuestionar la doble explotación: obtienen sus privilegios gracias a ella. Las feministas socialistas efectivamente desnudamos el trabajo doméstico como una pieza fundamental en la cadena de reproducción de la fuerza de trabajo y que les genera ganancias a los capitalistas, ellos se ahorran el cuidado de estas labores para aumentar sus ganancias.

Pero el salario al trabajo doméstico no es sino una triste continuación a la esclavitud de lo privado. No problematiza la misma familia como unidad de reproducción y consumo. Continúa leyendo de manera individual el problema de las tareas del hogar, como responsabilidad que ineludiblemente debe cumplirse por las mujeres de cada familia, cuando es un problema social que puede ser resuelto con la socialización de la vida.

Las tareas de reproducción de la fuerza de trabajo, es decir las labores “domésticas” deben ser una responsabilidad social garantizada por el Estado. En “La mujer, el Estado y la Revolución”, Wendy Goldman ilustra cómo resolvieron el problema en la vieja Unión Soviética: comedores y lavanderías populares, guarderías comunitarias, entre otras medidas, se proponían para terminar con los grilletes que anudaban a las mujeres a lo privado y le impedían su salto a la vida pública. Es que la vereda del feminismo de clase es de combate contra el capitalismo y el patriarcado, contra todo su orden.

Educación no sexista: ¿el gran olvido?

Para nadie pasó inadvertido que Piñera no se pronunciara sobre educación no sexista en la propuesta de agenda de género, puesto que esta demanda ha resonado fuertemente en la movilización nacional.

Para C2A, la visión de Piñera sobre este asunto es limitada: “La agenda de Piñera pretende reducir estas disputas en materia educativa al establecimiento de protocolos contra el acoso y el abuso sexual, lo cual demuestra una forma absolutamente miope y limitada de abordar el conflicto. Sostenemos por supuesto la necesidad de contar con este tipo de instrumentos, que deben otorgar un nivel indispensable de protección para las mujeres, pero entendemos que el principal punto aquí debe ser el cuestionamiento del sistema educativo al servicio del mercado como un dispositivo de reproducción del sistema capitalista(...)”.

Contraponen la insuficiencia de los protocolos, a la necesidad de la educación no sexista, y plantean que la centralidad debe estar en el cuestionamiento a la educación de mercado, pero sin elaborar nada respecto de ello. ¿Por qué educación no sexista? ¿en qué se traduce? La verdad es que se ha tomado la educación no sexista, como algo que puede solucionarse rápidamente con un par de ajustes al currículum, reduciendo la discusión a lo tecnocrático y manteniendo de conjunto la estructura autoritaria que sostienen las universidades. Si se queda en esos márgenes, se transforma en algo mucho más digerible para quienes hoy sostienen esa situación, sin avanzar al cuestionamiento de quienes hoy toman las decisiones, sin plantear por ejemplo a la votación universal de las autoridades, acrecentando el poder de decisión de estudiantes, funcionarios/as y académicos/as, o el cogobierno triestamental.

El Frente Amplio, con sus organizaciones como Izquierda Autónoma y Movimiento Autonomista, de la mano con las corrientes que hoy actúan del feminismo separatista, lo que han hecho ha sido justamente acotar el horizonte programático a demandas mínimas e insuficientes. En lugares como la USACH (donde el FA dirige la Federación) incluso oponiéndose a integrar demandas de las y los trabajadores como el fin al subcontrato.

Y es allí donde se pone al centro nuevamente la disputa al interior del propio movimiento. Frente a esa disputa es completamente insuficiente decir que “debemos cuestionar el sistema educativo al servicio del mercado”, ya que, aunque es correcto, no se traduce en un programa concreto por el que salir a luchar en disputa con las direcciones de la movilización actual. Pero no sólo eso, C2A –o Contracorriente– tienen un lugar de dirección en la Facultad de Derecho, allí han estado muy lejos de plantear un programa que integre la elección universal de las autoridades o el cogobierno, aún en el marco de la reciente renuncia del Decano Davor Harasic, que permita unificar la lucha del movimiento de mujeres con el cuestionamiento al modelo mercantil en la educación. Por esta vía, y aunque no lo quieran, terminan adaptándose a un feminismo de corta mirada, cuyo centro es la conquista de mayores herramientas punitivas e identifican a los hombres como enemigos en vez de los verdaderos responsables políticos de nuestra opresión: la Iglesia, el Estado, los gobiernos y empresarios, sean hombres o mujeres.

Para nosotras el feminismo de clase es una vereda de combate, no una cáscara vacía que podemos dotar de “contenido de clase”. En esta disputa la separación entre la práctica política cotidiana, por un lado, acompañada de un programa acotado a las demandas de género; y la lucha por acabar con el capitalismo por otra es una vía distinta de subordinación a las corrientes que hoy hegemonizan el movimiento. Si bien acordamos con muchas de las demandas que hoy se ponen sobre la mesa como la necesidad de protocolos que resguarden a las denunciantes y que integren el derecho a defensa; más cátedras de género; enfoque transversal de género en el currículum; cupos trans; entre otras, queremos que cada conquista arrebatada a este Estado para ricos avance a cuestionar la sociedad capitalista y patriarcal que sostiene y profundiza la violencia de género.

Para esto necesitamos ampliar el programa de la movilización y unificar la lucha actual con las demandas históricas que hemos planteado como movimiento estudiantil, pues no habrá educación no sexista si es que la clase obrera –crecientemente feminizada– no tiene acceso a la educación; si es que sigue de pie el sistema de subcontrato –que también tiene rostro de mujer– o si las mismas autoridades que han sostenido la educación de mercado siguen gobernando. Lo que ocurrió en 2011 fue justamente que las demandas de las y los estudiantes en las calles, lograron cuestionar profundamente al Estado, los empresarios y las Iglesias.

La lucha por una educación no sexista debe ir necesariamente acompañada de la lucha por conquistar el fin del mercado en la educación, con un plan de financiamiento integral de la educación pública que asegure la gratuidad al 100% en las universidades del Estado, donde la mayoría de quienes nos quedamos fuera somos mujeres. Con un financiamiento basal que también nos permita el paso a planta de funcionarias, funcionarios y docentes que se encuentran en la subcontratación, en el trabajo honorario y en todo tipo de precarización laboral. Un programa que afecte las ganancias empresariales fortaleciendo la educación pública y estatizando sin pago las universidades que lucren, quiebren o donde las comunidades universitarias así lo decidan. La derecha no es miope, sino que adecúa la agenda y programa del movimiento a su propio beneficio.

Junto con ello nuestra lucha debe ir de la mano con la máxima capacidad de articulación política de las mujeres pobres y estudiantes, mapuche e inmigrantes con la clase trabajadora toda; somos hombres y mujeres quienes podemos dar esta gran batalla, y la tarea planteada hoy es organizar esas fuerzas. Otra de las ausencias de C2A.

Nuestro desafío es avanzar a reactivar al movimiento estudiantil, que junto al movimiento de mujeres se tome las calles, retome sus masivas asambleas generales, sus enormes manifestaciones en las calles, y su programa histórico, que también nos permita avanzar en cada aspecto develado de la violencia machista al interior de nuestras universidades.

La C2A, al intentar “montarse sobre la ola”, creyendo que es posible aportar un contenido de clase sin chocar con quienes se oponen a cualquier perspectiva de clase; pareciera no percatarse de algo muy importante: para la estrategia del FA es conveniente limitar el programa por el cual se pelea en la universidades y es conveniente que exista capacidad de controlar un movimiento. C2A no problematiza esto. Por esa vía su “feminismo de clase” termina más bien adaptado al feminismo sin clases del FA.

Pelear por un feminismo de clase no puede ser una cuestión puramente discursiva: es necesario discutir contra las corrientes y sectores, que por ejemplo en la USACH se han opuesto a integrar demandas como el fin al subcontrato o con todos aquellos que quieren dejar para después las peleas necesarias para millones de mujeres. Pelear por un feminismo de clase, no está separado de enfrentar las clínicas privadas donde se atienden las ricas, pelear contra un gobierno, exigir a las direcciones de los y las funcionarias que movilicen y generar instancias junto a funcionarias y funcionarios. Pelear por feminismo de clase, es una disputa abierta y frontal contra todo este sistema de opresión y explotación, y por lo mismo, es momento de hacerlo pesar.






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