Política Chile

DEBATE JORNADA LABORAL

Organicemos la fuerza para conquistar la reducción de la jornada laboral y enfrentar el engaño de la flexibilidad del Gobierno

El proyecto de 40 horas fue aprobado en la Comisión de Trabajo. El gobierno y los empresarios ya anunciaron que recurrirán al antidemocrático Tribunal Constitucional para aplastar la voluntad de millones. La opinión de dirigentes sindicales y referentes del Partido de Trabajadores Revolucionarios.

Jueves 5 de septiembre de 2019

Este lunes comenzó el debate del proyecto "40 horas" en la Comisión de Trabajo y culminó el martes con el envío de la iniciativa a la Sala de la Cámara de Diputados. La propuesta de rebajar la jornada laboral de 45 a 40 horas fue aprobada tras un tenso debate, y pasó su primer trámite legislativo con la aprobación del numeral que establece que el salario no sería rebajado al disminuir la cantidad de horas de trabajo.

El debate de la reducción de la jornada laboral lleva semanas al centro y ha generado una importante tensión en el Gobierno, la derecha y los grandes empresarios, que han impulsado toda una ’campaña del terror’, sin lograr mermar el amplio apoyo popular que tiene esta idea. ¿Cómo responderán desde el Ejecutivo?, ¿qué otros debates abre la discusión de reducción de la jornada?, son algunas de las preguntas que surgen y que abordamos desde la visión de los dirigentes sindicales Nicolás Bustamante, del Ferrocarril de Antofagasta, Lester Calderón, presidente del Sindicato Orica, de la ciudad minera, e integrante del directorio de la Constramet, y Josseffe Cáceres, dirigenta de las y los funcionarios del ex Pedagógico y vocera de la agrupación Pan y Rosas; y Dauno Tótoro, dirigente nacional del Partido de Trabajadores Revolucionarios, y ex candidato a diputado.

Un punto a analizar es la actuación del Gobierno, que el mismo día lunes, en pleno debate por la reducción de la jornada, anunció que recurrirá al Tribunal Constitucional. Lo hizo a través del diputado UDI Guillermo Ramírez, quien tomó la palabra para hacer reserva de constitucionalidad sobre el proyecto, materializando la estrategia que Chile Vamos y el Ejecutivo había ya esbozado hace días. Al día siguiente, Piñera aseguró que no descarta usar el ‘veto presidencial’ para frenar la iniciativa. “Voy a recurrir a todos los instrumentos a mi alcance para que se respete la Constitución”, afirmó el mandatario.

Por su parte, el líder de los empresarios Alfonso Swett criticó a las y los parlamentarios de la oposición por “no haber escuchado” los argumentos de los grandes gremios empresariales en la Comisión de Trabajo.

Ante esto, desde La Izquierda Diario quisimos conocer la visión de Dauno Tótoro y qué piensa sobre la estrategia del Ejecutivo basada en la utilización de ciertas herramientas institucionales que entrega el régimen chileno: “La actuación del Gobierno tras la aprobación del proyecto de las 40 horas, amenazando con recurrir al Tribunal Constitucional o vetar la iniciativa, demuestra con claridad que la derecha y el gran empresariado defenderán con uñas y dientes cualquier avance, por mínimo que sea, que beneficie a las y los trabajadores, aunque la gran mayoría del país así lo quiera, porque no están dispuestos a ceder en nada, ni a que se toquen sus intereses”, afirma el joven político.

La derecha se apoya en instancias como el Tribunal Constitucional para resguardar sus intereses y defender a los ricos del país. El Gobierno lleva semanas impulsando una fuerte agenda represiva, que se expresó en la criminalización y violencia contra los estudiantes del Instituto Nacional, y ahora pretende recurrir al TC para detener demandas respaldadas por la población, donde será un puñado de jueces que nadie eligió quienes decidirán sobre millones de personas. Esto es una imagen clara del Chile autoritario, gobernado por diez familias, y heredado de la dictadura militar”, manifiesta Tótoro.

De acuerdo a la visión de Nicolás Bustamante- quien se ha transformado en un referente en sectores de trabajadores en Antofagasta, tras una ardua lucha contra despidos en el Ferrocarril, del grupo Luksic, y apoyar diversas movilizaciones y huelgas de trabajadores en la ciudad- “la postura del Gobierno y empresarios es una demostración de que habrá una fuerte oposición a que la reducción de la jornada se haga realidad, por lo mismo no podemos confiarnos ilusamente en que una idea así se aprobará sin problemas vía Congreso y que la derecha y empresarios no harán un contraataque”.

Como trabajadores, trabajadoras, tenemos que organizar nuestras fuerzas para lograr una reducción de la jornada. Los empresarios y el Gobierno se oponen a esto porque, primero, no les interesa mejorar la calidad de vida del pueblo trabajador y, segundo, no quieren que les toquen sus bolsillos. Hay que ser claros, evidentemente la reducción de la jornada laboral, sin rebaja salarial, implica un costo, y es una ilusión considerar que esto será ‘igualitario’ entre empresarios y trabajadores. Entonces, ¿quiénes pagarán ese costo si se reduce la jornada? Nosotros creemos que deben ser los empresarios en su totalidad, partiendo por toda la riqueza de la que se han apropiado durante décadas en base a explotación y precarización laboral, reflejada en los sueldos miserables que recibe la mayoría de las y los trabajadores, mientras ellos acumulan ganancias exorbitantes. Es momento de poner al centro las necesidades de las grandes mayorías”, continúa desarrollando su visión el dirigente sindical.

Además de la actuación del Gobierno ante la reciente aprobación del proyecto, otro punto que han instalado desde el Ejecutivo, Chile Vamos y el empresariado es la política de flexibilidad. Lo hicieron en la propuesta presentada hace meses de “modernización laboral” y, en general, la sitúan como una medida clave para cualquier tipo de cambio o reforma en el mundo del trabajo.

En este sentido, en distintas instancias se ha señalado que la flexibilidad es positiva para las y los trabajadores “pero es una completa farsa que disfrazan de ‘libertad’ y la realidad es que en Chile flexibilidad es sinónimo de de precariedad laboral y eso bien lo saben las más de 700.000 personas que trabajan bajo la modalidad de la subcontratación, por ejemplo, reglamentada en el primer gobierno de Michelle Bachelet, y que permite que estos trabajadores y trabajadoras reciban sueldos aún más bajos que los existentes, con un 50% ganando menos de $150.000”, denuncia de manera enfática Lester Calderón, dirigente del Sindicato Orica e integrante del directorio de la Constramet.

La flexibilidad laboral y sus tipos de modalidades no fueron creadas para beneficiar a las y los trabajadores, sino que para obtener mayores ganancias empresariales reduciendo costos, precarizando, y quitándoles derechos sindicales, como si fuesen trabajadores ‘de segunda categoría’. Esto bien lo sabemos las mujeres trabajadoras, quienes vivimos una doble explotación, en el trabajo y luego haciéndonos cargo de las tareas domésticas; además somos quienes recibimos peores salarios, un 30% menos que los hombres, y nos enfrentamos a trabajos mucho más inestables e informales. La precariedad laboral tiene rostro de mujer, tal como lo denunciaron las miles de educadoras de párvulos y de diferencial en la reciente movilización docente, quienes se enfrentaron a una discriminación salarial y de género, y tal como lo vivimos día a día, en mi caso y de mis colegas trabajando haciendo aseo y ganando menos de $350.000”, asegura Josseffe Cáceres, quien se desempeña como auxiliar de aseo, en una universidad que atraviesa una profunda crisis financiera y que expresa el grave problema ocasionado por el negocio de la educación.

Para la dirigenta sindical y vocera de Pan y Rosas “la flexibilidad laboral es un conjunto de estrategias empresariales para aumentar riquezas y perjudicar a quienes trabajamos, por eso la ponen tan al centro los empresarios, al mismo tiempo que afirman que una reducción de la jornada implicaría una baja en la productividad. Dijeron esto mismo cuando se redujo la jornada de 48 a 45 horas en el año 2005, ¿y qué hicieron cuando se disminuyeron las horas? Implementaron el subcontrato, abriendo un nuevo nicho de ganancias en base a precarización”, plantea la joven trabajadora.

Tanto Bustamante, Calderón, Cáceres y Tótoro consideran que para lograr efectivamente una reducción de la jornada laboral, sin rebajar los salarios, es imprescindible la organización de las y los trabajadores. En este sentido, el dirigente del Ferrocarril plantea que “en cada lugar de trabajo, en nuestras asambleas, tenemos que organizarnos en pos de la reducción de la jornada laboral, y que el enorme apoyo popular que tiene esta demanda se transforme en una gran fuerza social con la clase trabajadora a la cabeza para enfrentar la acérrima resistencia y oposición del Gobierno y empresarios que ya se expresó, y que buscarán fortalecer mediante todo tipo de herramientas autoritarias que entrega este régimen”.

Para Calderón “las centrales sindicales, como la CUT, y todos los sindicatos, organizaciones estudiantiles y sociales, tienen que jugar un rol clave en esta pelea, impulsando coordinadoras y comités por la reducción de la jornada laboral y contra el trabajo precario. Las coordinadoras por las 40 horas que ya existen en algunos lugares, deben transformarse en instancias amplias que reúnan a diversos sindicatos y organizaciones sociales. Tenemos que impulsar un movimiento fuerte por esta demanda y porque sabemos que implicará un choque de intereses con el Gobierno y la derecha y en eso no podemos ser ingenuos”, enfatiza el dirigente.

La vía real para conquistar cualquier demanda que beneficie a las y los trabajadores y sectores populares, sin que esto contemple ‘letra chica’ o contraataques, se dará en la medida en que fortalezcamos nuestras propias fuerzas y confianza. Es momento de poner al centro las prioridades de las amplias mayorías, como reducir la jornada, sin rebaja salarial y repartiendo las horas de trabajo entre ocupados y cesantes; aumentar el sueldo mínimo acorde a la canasta familiar de $450.000; y terminar con la precarización laboral expresada, por ejemplo, en la existencia del subcontrato”, concluye Calderón.






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