SEMANARIO

¿Para qué la huelga general y la coordinación desde la base? Una pregunta urgente en el momento actual

Juan Valenzuela

¿Para qué la huelga general y la coordinación desde la base? Una pregunta urgente en el momento actual

Juan Valenzuela

«La huelga general, como lo saben todos los marxistas, es uno de los medios de lucha más revolucionarios. La huelga general no sólo se hace posible cuando la lucha de clases se eleva por encima de todas las exigencias particulares y corporativas, se extiende a través de todos los compartimentos de profesiones y barrios, borra las fronteras entre los sindicatos y los partidos, entre la legalidad y la ilegalidad y moviliza a la mayoría del proletariado, oponiendo activamente a la burguesía y al Estado. Por encima de la huelga general no puede haber más que la insurrección armada. La historia del movimiento obrero testimonia que toda huelga general, cualesquiera sean las consignas bajo las que haya surgido, tiene una tendencia interna a transformarse en un enfrentamiento revolucionario abierto, en lucha directa por el poder.» [1]

Trotsky

El 12 de noviembre se desarrollará el paro convocado por la Mesa de Unidad Social. Es el tercer paro de trabajadores impulsado desde esta instancia que se realiza en contexto de rebelión popular ¿Qué objetivos tiene el paro para la MUS? ¿Es posible realizar en Chile una huelga general que haga caer al gobierno de Piñera?

El objetivo del paro para la dirección de la MUS

El paro fue anunciado por dirigentes sindicales portuarios y mineros, de la construcción, la industria, comercio y servicios financieros, educación, salud, agricultura, agroindustria y de servicios públicos, los que llamaron a todos los trabajadores a hacerse parte de esta huelga.

Es una importante fuerza social la que está organizada en estos sindicatos, incluyendo sectores estratégicos del proletariado como los portuarios y los mineros, o los trabajadores con peso en la reproducción de la vida urbana en Santiago y otras ciudades grandes del país (comercio, servicios financieros).

Sin embargo, las direcciones burocráticas organizaron que el paro sea de sólo un día. Antes, llamaron a paralizar el miércoles 23, luego el miércoles 30 de octubre. Muchos trabajadores han participado de los cacerolazos en calidad de vecinos o pobladores, en muchos lugares de trabajo se busca imponer una normalidad pero la rebelión aparece en las conversaciones a cada instante, en las horas de colación, entre compañeros que salen juntos del trabajo y son gaseados sólo por transitar en alguna calle céntrica y toparse con carabineros que pasan a engrosar la aglomeración de manifestantes. La espontaneidad de las manifestaciones populares, de alguna manera, es tema en los lugares de trabajo. Aun así, los dirigentes de las principales organizaciones de trabajadores como la CUT y el Colegio de Profesores, han acotado los paros a uno o dos días. Es una manera de descomprimir, pues sería impresentable no hacer nada.

Pero por otro lado, han reproducido el discurso criminalizador de la protesta que propaga el gobierno haciendo la división entre manifestantes "pacíficos" y "vándalos". En su discurso, Piñera y su gobierno buscan presentar algunas concesiones mínimas a los “buenos”, como razones suficientes para sacarlos de las calles, mientras a los “vándalos” se los aísla y reprime. Sin enfrentar esa política, los dirigentes de las grandes organizaciones sindicales como la CUT o el Colegio de Profesores, se afanan en que las marchas no se desborden en choques con carabineros, pese al odio generalizado del pueblo por esta institución que tortura y comete abusos sexuales y mutilaciones a través de disparos “no letales” al cuerpo. Existe una insistente voluntad de remarcar el carácter pacífico, deslindándose de los métodos que predominaron los días de revuelta.

Hasta ahora, las direcciones burocráticas han logrado mantener la iniciativa y controlar el odio en las y los trabajadores organizados en los principales sindicatos. Las direcciones del Partido Comunista y el Frente Amplio actúan moderando el método de la paralización. Temen que posibles marchas “violentas” terminen invalidándolos como interlocutores frente al gobierno.

Pues, ese es el objetivo real de las fuerzas dirigentes de la Mesa de Unidad Social, respaldadas por la mayoría de los dirigentes de la oposición parlamentaria: dialogar con el gobierno y presionar por una agenda social. Bien lo expresó Mario Aguilar, la huelga es para presionar, presionar y presionar [2] . La “acusación constitucional” en realidad nació muerta, pues concretamente es darle la soberanía de decisión de “qué hacer con Piñera” a 43 senadores, en momentos en que el pueblo ya decidió en la calle. Es una pésima traducción del fuera Piñera de las esquinas y las barricadas, más bien, una tergiversación.

Para estas corrientes se trata de pujar por realizar reformas pero reconociendo pese a todo a Piñera como interlocutor, o a lo más, amenazándolo con bloquear su agenda legislativa en el Congreso. Porque la denominada “huelga legislativa” ahora, en boca de la dirección burocrática de la CUT significa “detener la Agenda Parlamentaria del Gobierno”. [3]

Esta moderación en los objetivos políticos es la que lleva a la moderación del método de lucha de la huelga. Si, por el contrario, el objetivo político fuese derribar la herencia de Pinochet, habría que buscar las vías para que la fuerza se despliegue en todo su potencial. Pero ese no es el objetivo ni del PC ni del FA.

Falta de sintonía con la calle: halagando el diálogo con Mañalich

Arrogándose la representación de la lucha del pueblo, Bárbara Figueroa halaga al senador del Partido Socialista, Rabindranath Quinteros, por “no tramitar el Seguro Catastrófico ni el Proyecto de Medicamentos” del gobierno -según ella- recogiendo el sentir de los trabajadores de la salud. Lo que llama la atención es que este senador tan halagado por Bárbara Figueroa está empeñado, según informa el sitio web oficial de la CUT, en conversar con el ministro Jaime Mañalich para hacerle ver lo que plantean las organizaciones de salud y los usuarios.

¿Hacerle ver? Como si un senador a través de una “civilizada conversación” pudiese lograr que Mañalich (ex gerente general de la Clínica Las Condes) recapacite. ¡Qué actitud más rastrera contrastada con la reacción de los trabajadores del hospital Salvador que funaron a Mañalich cuando hipócritamente fue a visitar a un herido por carabineros! Es evidente a cualquiera que se haya manifestado en la calle o que conozca la sensibilidad de los trabajadores de la salud, que a Mañalich no se le ve como interlocutor, lo mismo que a Cubillos: a ambos se les pide la renuncia o directamente se les dice “¡fuera!” ¿Por qué entonces halagar tanto a un senador que confía así en Mañalich?

Una estrategia que enlentece

Es esta estrategia que respeta las reglas del juego, la que limita la posibilidad de que las demandas que se definen tanto en la propia Mesa de Unidad Social como en los cabildos se liguen a un plan de lucha que le permita dar un salto a la fuerza de la calle y a las demandas algunas chances de realización. Las aspiraciones del pueblo se dispararon, cuando se habla de los “30 años” se habla de todo lo que es el Chile heredado de la dictadura, desde las pensiones y sueldos a la Constitución. Ya no de tal o cual demanda en particular. Pero los partidos políticos que se referencian en la izquierda y que tienen representación parlamentaria (el PC y el Frente Amplio), implementan una estrategia que combina presionar in extremis un diálogo con los grandes sindicatos y organizaciones sociales donde tienen representación, y presentar una agenda legislativa mientras se presiona a los poderes existentes por ampliarla. Pero con un Piñera y unos empresarios nerviosos, un régimen y un Estado que los protege, a punta de represión, asesinatos, mutilaciones y abusos sexuales, con completa impunidad; no se puede dialogar ¡Con nuestros muertos no se negocia! La caída del gobierno a través de la lucha de clases es una condición sin la cual es impensable pensar en realizar juicio y castigo a los responsables políticos y materiales de la violación sistemática a los derechos humanos, menos aún de realizar las expectativas de la calle.

Piñera y su juego con rasgos bonapartistas

Piñera, el jueves 8 de noviembre, había querido profundizar aún más su giro bonapartista [4], con sus leyes anti-saqueos, anti-capuchas y anti-barricadas, anunciadas como la gran panacea que junto a sus migajas que denomina “agenda social”, iban a constituir el “pack de solución” a la crisis. Reuniendo al Consejo de Seguridad Nacional (COSENA) para hacerse “asesorar” en materia de orden público y coordinar iniciativas de represión. Esto, mientras los carabineros imponen la violencia en las calles, torturan a jóvenes y disparan perdigones al interior del hospital Gustavo Fricke y el Liceo 7 y dejan ciego a un estudiante de la UAHC.

Pero hasta ahora, Piñera no logra atemorizar, no logra dividir: sigue generando odio, un elemento que siempre implica debilidad para un poder. Además, genera unión entre los sectores medios y los sectores populares, que confluyen en las marchas masivas. Vuelven a florecer acciones combativas de miles.

La prensa que los primeros días “le hizo la segunda” a Piñera, ahora reproduce posiciones de “expertos de la ONU” o de UNICEF que reconocen violaciones a los Derechos Humanos en Chile, incluyendo a niños. La presión al gobierno para que le dé una “salida a la crisis”, en la propia burguesía, se incrementa. Quieren evitar un efecto contagio.

El viernes la respuesta a los anuncios represivos fue masiva en todo Chile. Esta última semana la entrada de los estudiantes a los colegios significó la entrada del movimiento secundario a través de tomas y fugas masivas. El viernes 9, alrededor de 500.000 personas marcharon sólo en Santiago respondiendo a estos nuevos anuncios represivos.

Es en este contexto, la huelga general puede ser un importante factor para lograr el objetivo de derrotar los planes del gobierno y terminar de desequilibrar la balanza del lado del pueblo trabajador, la juventud y las mujeres.

¿Qué huelga general?

El paro del martes 12 de noviembre puede tomar dos caminos: A) Si es una acción contundente, con clara determinación combativa de las trabajadoras y trabajadores, con mayores elementos de coordinación entre distintos sectores, puede dar el empuje para que podamos realizar una huelga general que no dure un día o dos, sino que tenga un carácter indefinido. Una huelga que, además de realizarse en los sectores estratégicos de la economía como la minería o el sector portuario, le otorgue a la clase trabajadora una libertad de acción suficiente para autoorganizarse, coordinarse con el movimiento estudiantil y el movimiento de mujeres y elaborar un plan de lucha que tenga como objetivo echar abajo al gobierno de Piñera y al régimen de la dictadura. Una huelga que permita ir discutiendo los objetivos políticos en organismos de autoorganización que se desarrollen, por ejemplo las vías para convocar a una Constituyente. B) O bien puede permanecer como una pieza en los cálculos de los dirigentes burocráticos de la Mesa de Unidad Social y los partidos de oposición, que usan las manifestaciones masivas para su estrategia de presionar en el régimen, sosteniendo a Piñera manteniéndolo como interlocutor, como explicábamos más arriba.

El conocido periodista Daniel Matamala recientemente escribía que “sólo los extremistas, esos que fantasean con la revolución permanente de Trotsky o con un nuevo golpe militar, se sienten a sus anchas con el fuego destructor” [5]. En lo que respecta a Trotsky, se trata de una completa caricatura. Las y los trotskistas del Partido de Trabajadores Revolucionarios, sin reproducir los cuentos acerca de vándalos y delincuentes que siembra el gobierno y lejos de idolatrar el fuego destructor, si vemos tras él la rabia popular acumulada durante años estallando. Pero hay que pelear con estrategia. Creemos que generalizar experiencias como la del Comité de Emergencia y Resguardo de Antofagasta, impulsado por el Colegio de Profesores comunal, o el Encuentro #FueraPiñera, impulsado por trabajadores del hospital Barros Luco, es clave para fomentar la autoorganización. Si se generalizan, puede realizarse la primera hipótesis de huelga general y podamos desarrollar una salida a la crisis desde los trabajadores y las masas. Pero también creemos que es la única manera de defendernos realmente ahora que los agentes estatales nos reprimen, con asesinatos, mutilaciones, violaciones y torturas. La única forma de pelear por el derecho a manifestación, no es esperando que “recapacite Piñera”, es con autoorganización.

El sábado 9, el Comité de Antofagasta, organizó un encuentro con más de 500 personas: profesores, estudiantes secundarios del liceo Marta Narea, estudiantes del INACAP, universitarios y estudiantes del área clínica Universidad de Antofagasta, representantes de las poblaciones en lucha como Playa Blanca y la Cachimba del agua, representantes de NO+AFP, de la agrupación por la memoria histórica “la Providencia”, y de la asamblea de psicólogos y artistas autoconvocados, como también representantes de portuarios, trabajadores de la salud, comercio e industria. Por otro lado, el Encuentro #FueraPiñera, organizado por trabajadores del Barros Luco, en el que participaron trabajadores y jóvenes de distintos lugares como el “Cordón Centro”, la Defensoría Popular, el Liceo 7, el hospital Sótero del Río.

Ambas instancias, votaron acciones de lucha concretas para el lunes 11 y martes 12 e hicieron explícito que pelean por la caída del gobierno de Piñera y por acabar con la herencia de la dictadura. En las resoluciones del encuentro en Santiago leemos: “Nos proponemos realizar una gran campaña de adhesión a la huelga, haciendo un llamado especialmente a los sectores estratégicos como portuarios, mineros, trabajadores del Metro y Transantiago, para paralizar efectivamente el país.” Ambas coordinadoras la realización de acciones hacia el martes 12, estas coordinadoras profundizan su carácter de lucha y su papel políticamente avanzado al tratar de ser consecuentes con la voz de las calles que es ¡Fuera Piñera! Transformar el paro del martes en el inicio de una verdadera huelga general, que nos permita generalizar estas experiencias de autoorganización, es lo que nos permitirá realizar nuestras demandas y convocar a una Asamblea Constituyente sobre las ruinas del régimen, en la que discutamos un plan de emergencia para terminar con la herencia pinochetista, plan que tendremos que defender avanzando a un gobierno de trabajadores de ruptura con el capitalismo. La prolongación de la crisis pone en el centro la tarea de expandir estas experiencias.

Huelga general, frente único y autoorganización

En Chile, organizar un plan de lucha, constituyendo comités de huelga en los lugares de trabajo, para discutir el curso de la lucha desde la base, y organizar una huelga general activa; y luchar por una coordinación que permita sellar la alianza con los sectores populares; con el objetivo de que caiga el gobierno de Piñera, y poder convocar a una asamblea constituyente libre y soberana sobre las ruinas del régimen, son cuestiones vitales.

Una huelga general con tales propósitos no podría moderar su propia realización a la rutina de desfilar semanalmente. Hay que superar a las burocracias sindicales. En cada sindicato es necesario discutir cómo nos prepararemos para hacer caer a este gobierno y nos preparamos para cuando los capitalistas vuelvan a oponernos activamente “a la burguesía y al Estado” con milicos en las calles, organizando nuestra autodefensa y la perspectiva de un poder basado en nuestros organismos de autoorganización. En Chile no hemos llegado todavía a un “enfrentamiento revolucionario abierto”, a la “lucha directa por el poder”, porque aún no ha hecho su aparición la clase trabajadora. Pero se trata de un escenario completamente abierto. Eso puede ocurrir. Por eso hay que exigirles sin cansancio una verdadera huelga general a las organizaciones más masivas de la clase trabajadora como la CUT y el Colegio de Profesores y profundizar la autoorganización. Es la única vía para hacer una experiencia con una Constituyente realmente libre y soberana, y no caer en las trampas del régimen y preparar las condiciones para un gobierno de trabajadores de ruptura con el capitalismo.

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Juan Valenzuela

profesor de filosofía - Partido de Trabajadores Revolucionarios
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