SEMANARIO

Piñera y el espanto de verse reflejado en Macri después de su derrota

Felix Melita

Piñera y el espanto de verse reflejado en Macri después de su derrota

Felix Melita

Más que una amistad: La derecha chilena ante la despedida de Macri

Luego de que las elecciones primarias en Argentina –también conocidas como Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO)- dieran como perdedor a Mauricio Macri, tanto la derecha como el mundo empresarial han buscado realizar sus análisis y tomar medidas frente a estas desfavorables elecciones. Es por esto que la pataleta empresarial en Argentina vino acompañada de un gran golpe devaluador del precio del dólar, el cual se tradujo en una abrupta reducción de los salarios y las jubilaciones.

Y es que la situación para la derecha y el mundo empresarial es definitoria: con un Macri que comienza a despedirse de la Casa Rosada y con una crisis orgánica a cuestas, en el país transandino tanto su proyecto político como sus vínculos con organizaciones empresariales y pro-imperialistas como el Fondo Monetario Internacional, comienzan a ponerse en cuestión, mientras que sus “amigos” a la par buscan e intentan excusarse y marcar distancias con el modelo argentino, como lo es el caso de Sebastián Piñera, aun cuando ambos mandatarios han señalado al otro como ejemplos a seguir en sus respectivos países.

Es sobre este punto que queremos problematizar: ¿Es Argentina una “crónica de una muerte anunciada” para el Gobierno de Piñera? ¿Está planteado que el derrotero político de Macri tenga una continuidad en el régimen chileno? Y por consecuencia ¿qué respuesta deben dar el conjunto de las y los trabajadores, las mujeres y la juventud frente a estos periodos de ajuste y de fantasmas de recesión económica a nivel internacional?

Frente a estos cuestionamientos nos parece pertinente traer a colación declaraciones de lo que podríamos llamar los “amigos” del proyecto político neo-liberal, enrostrado por figuras como Piñera y Macri en el cono sur de Latinoamérica, en donde empresarios como Klaus Schmidt-Hebbel, quien además de haber trabajado en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y en el Banco Mundial, afirma que el plan de recorte a los salarios, a las jubilaciones, así como el aumento del costo de servicios básicos debió ser mayor, abogando que: "Tenía la esperanza, al igual que los mercados financieros y los países vecinos, de que se iba a imponer la cordura y se le iba a dar una oportunidad al programa de Macri, que necesita más que 4 años para rendir sus frutos. Los mercados reaccionaron por eso, luego de las PASO”. [1]

¿Qué es lo que plantea Schmidt-Hebbel? Nada más ni nada menos que recrudecer la crisis, y hacer caer el peso de ésta y de la deuda externa de Argentina sobre cientos de miles familias trabajadoras que pasan días sin dinero para algo tan básico como enviar a sus hijos a las escuelas; en definitiva, mantenerse al pie de la letra de las indicaciones del FMI.

Entonces ¿cuál es el balance que hace la derecha internacional de la gestión del macrismo en Argentina?

José Yuraszeck, empresario e integrante de la Comisión Política de la UDI hace más de 20 años, además de ser asesor político de la presidenta de dicho partido, da respuesta a esta pregunta argumentando que: “A Piñera le va a pasar lo mismo que a Macri si no logra hacer que la economía crezca ni que baje la delincuencia. Por falta de convicciones y de coraje, Macri acaba de ser arrollado por la izquierda en Argentina.” [2] Es decir, que la receta de la derecha para la crisis argentina es aumentar y alentar las mismas condiciones y medidas que desencadenaron la crisis. Y es que cuando la crisis no la viven ellos en carne propia, la fórmula neo-liberal –es decir, mayores despidos, precarización laboral, alza de impuestos para las y los trabajadores, etc.- es un as bajo la manga para los gobiernos cuando ven amenazadas sus ganancias frente a cualquier fenómeno económico.

Sin embargo, lo que se encuentra latente en estas declaraciones no es más que una alerta del mundo empresarial y derechista frente al desmoronamiento de uno de sus rostros, para buscar evitar así a toda costa un efecto en cadena que cruce la cordillera.

Sobre el devenir y el porvenir: El espejo argentino

Con un fantasma de recesión económica a nivel mundial, que afectaría a también a EE.UU., uno de los principales inversores extranjeros de Chile, los países del bloque derechista comienzan a buscar acelerar medidas de ajuste, en donde no podemos perder de vista la desaceleración del crecimiento económico, la cual ha sido acrecentada innegablemente por la disputa entre China y EE.UU., la cual se ha traducido en impactos al precio del cobre, el cual ha demostrado en el último tiempo una tendencia a la baja. Es sobre este elemento que Marta Lagos, directora ejecutiva del centro de estudios Mori, afirma que: "La economía manda. Si te va mal en esa materia, no importa lo que tú digas y la gente evalúa de mala manera al culpable de que la economía no haya mejorado. (…) Hay una unanimidad de percepción de que no solo estamos estancados como en la época de Michelle Bachelet, sino que ahora con Piñera estamos en retroceso, algo parecido a la decepción que ocurre con Macri". [3]

Sin embargo, aunque hayan diferencias en materia de economía nacional entre ambos países, lo cierto que es hay un punto en común: la contradicción entre los ánimos de las masas, versus, lo que quieren y exigen los mercados; una contradicción que en Argentina se ha expresado en masivas movilizaciones contra los ajustes del FMI y la gestión de Macri, mientras que en Chile, la polarización aún no logra adquirir su factor “social”, es decir, movilización de las masas, sino que más bien se encuentra en un plano “político”, como lo ha demostrado el debate de la reducción de la jornada laboral, que ha consumido y puesto en jaque política y comunicacionalmente al Gobierno de Piñera. Pese a esto, no es descartable que de recrudecerse los impactos de las tendencias a crisis económicas internacionales, que podrían tener su antesala en el ejemplo argentino, la derecha chilena impulse estas medidas que puntualizamos anteriormente como la “fórmula neo-liberal”.

A este factor debemos añadir indiscutiblemente la baja en la aprobación del Gobierno de Piñera, alcanzando su cifra más baja en un 29%, la cual es expresión de una serie de aristas continuadas en la crisis del régimen chileno, tales como la corrupción y brutal represión ejercida por Carabineros, la desaprobación histórica del parlamento y de la Iglesia, así como también los consecutivos casos de contaminación y desastre ambiental. Son casos que van marcando fisuras en el rostro de Piñera, que podrían traducirse en mayores cuestionamientos al proyecto político de la derecha tradicional neo-liberal en Chile, tomando el impulso de la crisis argentina como viento de cola. Eso es a lo que temen los empresarios y el espectro de la derecha.

Lo que tiene que decir (y hacer) la oposición

Volvamos aquí a la contradicción puntualizada anteriormente con el sentir de las masas y las demandas y exigencias del mercado. Desde ya podemos afirmar con los casos de Argentina y Chile –manteniendo las diferencias entre ambos- vislumbran lo que podría traducirse en una tendencia latinoamericana a la gestión de los gobiernos de derecha, en donde si bien durante los últimos años se apreció un “giro a derecha en el continente”, este en ningún caso pasa a desarrollarse holgadamente. Entonces ¿cómo resolver esta contradicción sin que ello implique mayores ataques contra las grandes mayorías?

Antes de entrar estrictamente en la respuesta a esta pregunta, quisiéramos rescatar este planteamiento de Christian Castillo, sociólogo y dirigente del Partido de Trabajadores Socialistas (PTS) en Argentina, quien afirma que la “oposición” dirigida por el peronista Alberto Fernández, lejos de buscar solucionar la crisis que vive el país trasandino –afirmando que el dólar a 60 pesos era una medida razonable-, lo que buscan es que en este periodo la derecha macrista acelere sus medidas de ajuste durante estos dos meses a la segunda vuelta, para no tener que ser ellos quienes pongan el rostro al ajuste abierto e indiscriminado, sino que sean ellos quienes continúen el legado del macrismo una vez ya hecho.

“Si bien la posibilidad de devaluar y los ingresos por exportaciones agrarias y de hidrocarburos le da al futuro gobierno argentino algo más de margen de maniobra del que tuvo Grecia después de la crisis de 2008, lo cierto que lo ocurrido luego en ese país es uno de los escenarios posibles para el casi con seguridad futuro gobierno peronista. Syriza (organización neo-reformista y referente griega del Frente Amplio chileno) también había llegado al gobierno con un claro mandato de repudio al ajuste de la “troika” implementado por el gobierno derechista de Nueva Democracia. Sin embargo, y a pesar de un referéndum donde más de un 60 % de la población se pronunció contra el memorándum ajustador, el gobierno de Tsipras, un amigo del kirchnerismo, claudicó en toda la línea. Fue el mejor alumno del FMI y el Banco Central Europeo y provocó la caída a la mitad de las jubilaciones y un achicamiento de un 25 % de la economía nacional. Así terminó desilusionando las expectativas de las masas y permitió recientemente la vuelta al gobierno de la derecha. En el evento en el MALBA, donde Alberto Fernández rindió pleitesía al Grupo Clarín, dijo que reconocería toda la deuda tomada por Macri y que no aspiraba a quita alguna. Si en el próximo período las masas no intervienen en forma independiente, es el espejo griego donde deberemos mirarnos.”4. [4]

La situación es clara. Ni Macri ni Fernández se proponen ni acabar con la deuda contraída de forma fraudulenta ni con la crisis que vive el pueblo argentino en estos momentos. Es así que –retomando el cuestionamiento abierto anteriormente- una respuesta a esta contradicción pasa justamente por lo que apunta Castillo al final del párrafo: A acciones independientes de las masas, en donde sean las y los trabajadores, las mujeres y la juventud, quienes a través de su unificación y movilización, pongan tras las cuerdas a los gobiernos y sus medidas de ajuste contra las grandes mayorías.

Es en este terreno en donde entran las fuerzas políticas. En donde en Argentina el Frente de Izquierda y de los Trabajadores – Unidad (FIT-U), a través de la participación en los propios conflictos de la lucha de clases, en huelgas, diversas luchas y movilizaciones, enfrentamientos contra la policía, así como en las movilizaciones de “las pibas”, a la par de levantar un polo de independencia de clase a través de la disputa de bancas electorales y congresales para fortalecer la lucha extraparlamentaria, “ha permitido establecer una sinergia entre “lo social” y “lo político” en sectores de vanguardia del movimiento obrero, estudiantil, de mujeres, en la juventud y franjas de la intelectualidad”. [5] Es decir, una preparación constante en la misma lucha e influencia en sectores de la sociedad, para enfrentar con un mejor pie los agravamientos de la crisis en curso que atraviesa el país de la Casa Rosada. Es esta “sinergia” que hoy se requiere conquistar en Chile.

En Chile, sin ir más lejos, el Frente Amplio ha irrumpido la escena como una fuerza política emergente, con más de 20 escaños congresales y una serie de concejales, así como también la Alcaldía de Valparaíso. Sin embargo, demás está decir que sus pies no han estado puestos en cada lucha del pueblo trabajador y pobre para justamente estar preparados al momento en que la imagen del espejo se haga realidad.

Todo esto mientras que el FIT-U en plena crisis económica, política y social se propone levantar un programa que parta por desconocer la deuda externa, no dejar pasar los despidos, nacionalizar la banca bajo control de las y los trabajadores, y, por consecuencia, fortalecer la organización de éstos últimos. Es decir, “medida que -ligada a otras como el monopolio del comercio exterior- termine con la masiva fuga de capitales. Una medida que permita poner a salvo realmente los depósitos de los pequeños ahorristas. Una medida que garantice que el crédito nacional no sirva para la especulación y los negociados, sino que esté puesto al servicio de las necesidades populares.” [6] Todo esto a la par de un planteamiento férreo de la defensa de las empresas puestas bajo control de sus trabajadores, como la ceramista Zanon, o la imprenta Madygraf, verdaderos bastiones de la clase obrera clasista, combativa y organizada, que son un ejemplo vivo de cómo enfrentar los ajustes de los magnates. Es decir, una expresión política que mantenga la más plena independencia de clase, sin ningún tipo de trance con el gobierno ni con los empresarios.

Éstas son las trincheras, las fortalezas y bastiones que debemos levantar para encarar los momentos venideros en que la imagen del espejo se haga realidad. Es decir, romper con toda ilusión de diálogo y negociación con la derecha, buscando fortalecer en todo momento la lucha de la clase obrera, así como de los sectores populares. En definitiva poner en pie una organización política que, a través de un programa claro de independencia de clase, anti-imperialista, y en una lucha abierta por un gobierno de las y los trabajadores en ruptura con el capitalismo, y que no se proponga por lo tanto democratizar utópicamente el sistema capitalista, con negociaciones detenidas permanentemente en los “mínimos comunes” como espera el Frente Amplio, con crisis a la vuelta de la esquina como en Argentina, que amenazan no sólo con una mayor carestía de la vida, sino que mermar la propia organización sindical y política de las masas. Esa es la sinergia social y política que debemos levantar; una fuerza enrazada en la clase trabajadora y presente en sus luchas más duras.

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Felix Melita

Estudiante de Psicología Universidad de Antofagasta
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