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Príncipes de Barrio" lejos del barrio: una salida individual a un problema colectivo

Siendo una serie que apuesta a ser de calidad el nombre también refleja una realidad cuando se habla de los "Príncipes del Barrio", ya que como príncipes muchos jugadores hablan cuando les conviene, por ejemplo se acuerdan de sus días de juventud marginada como Iván Zamorano para las entrevistas o al estilo Arturo Vidal como príncipe y lejos del barrio, que al mismo tiempo que se destaca como jugador se convierte en un empresario de la hípica y recintos deportivos en los barrios altos del gran Santiago, explotando a quienes nacieron en la misma periferia al borde de lo marginal.

Louis Álamos

Columnista de deportes

Domingo 8 de marzo de 2015 | 22:15

Esta semana se lanzó el primer capítulo de la serie de canal 13 "Príncipes de Barrio", una apuesta basada en la obra original del dramaturgo Luis Barrales adaptada para la televisión. Como muchos esperaban, la serie muestra la historia de un adolescente de los barrios periféricos de Santiago que debe buscar las formas de salir de la pobreza, presionado en primera instancia por las condiciones de vida de él y su madre, intentando mostrar la contradicción que existe en los barrios más populares donde no teniendo acceso a una educación de calidad para muchos la opción es estudiar a como dé lugar, salir a robar para "hacerla más fácil" como algunos dicen o, convertirte en el mejor jugador de fútbol para sacar adelante a la familia siguiendo el sueño del pibe.

Por lo tanto, mostrando un poco de la realidad que tiene el camino de seguir este sueño, muestra también lo que hay detrás de cada quien lo sigue, y del mundo que en el que comienzan a involucrarse. Es así que aparecer los representantes que ganan dinerales a costa de los porcentajes por ventas de cada jugador, papel muy bien representado por el actor Daniel Muñoz, como también se observa a dirigentes, generalmente empresarios, que administran el fútbol.

Además de estar muy bien adaptada, con locaciones que se ubican en el barrio de San Miguel, la serie seguramente emocionó a más de alguno, sobre todo para quienes siguen este deporte con tanta pasión, o donde más de alguno partió en las canchas de tierra de aquellos campeonatos de fin de semana en la población. La serie expresa así mucho de lo que se vive a diario en los barrios de la clase obrera.
Sin ir más lejos, el propio Barrales -quien se dice un seguidor de Marx- plantea que su obra original hace una especie de analogía entre la pugna de clases entre la burguesía, o propietarios de los medios de producción, con el proletariado, o los trabajadores que en el sistema capitalista se ven obligados a vender su fuerza de trabajo para poder sobrevivir. En este caso compara a los propietarios de los medios con los dirigentes del fútbol y a los futbolistas con el proletariado, más allá de que no queremos discutir si el jugador de fútbol es o no es un trabajador que vende su fuerza de trabajo ubicado bajo qué medio de producción dentro de la economía mundial; lo que queremos visibilizar es la salida que el dramaturgo plantea al problema de la precarización de la vida en las poblaciones y la opción de convertirse en una estrella mundial del fútbol para salir de esas míseras condiciones de vida.

Para Barrales parece más fácil hacer una especie de revisionismo del tema de la marginalidad en los barrios populares o, como el mismo dice, "...lo que me interesa es levantar polvo, hacer ruido, pero no hay más pretensión, ni tampoco quiero hacerme responsable de ser un portador de una clase ni mucho menos" (El Dínamo 05 de marzo 2015). Por ende, no se observa más que el interés de poner la idea o el tema en la mesa, pero no una apuesta o salida a estas problemáticas, lo que es fundamental para aquellos que ven en el fútbol la panacea para salir a flote dentro de la sociedad capitalista.

Y es que este camino del sueño del pibe está lleno de contradicciones, dado el contexto político, económico y social en que vivimos porque para algunos, ser jugador de fútbol es una forma de salir de la miseria aunque sea temporalmente, enajenándose con lujos, autos último modelo, mansiones y todo lo que traen los millones del fútbol; pero, en última instancia, sigue siendo una cuestión individual, aunque muchas estrellas se llenen la boca hablando de que vienen de barrios populares. Muchos jóvenes sueñan con salir de la pobreza gracias al fútbol, ya que la educación es tremendamente cara e inaccesible, o ser trabajador con los salarios de hambre que ofrece el capitalismo no es una opción, otros buscan escaparse al son de las drogas más duras en las poblaciones.

Por eso, de lo que se trata no es sólo de poner la temática en la discusión, sino también de poder generar debate y salidas a una solución que viven miles de jóvenes en las poblaciones.

El tema es que siendo una serie que apuesta a la calidad, el nombre también refleja una realidad cuando se habla de los "Príncipes del Barrio", ya que como príncipes se alejan muchas veces de la realidad, por ejemplo se acuerdan de sus días de juventud marginada como Iván Zamorano o hablan en las entrevistas como Arturo Vidal, quién está lejos del barrio y al mismo tiempo que se destaca como jugador, invita a la presidenta a su casamiento o se convierte en un empresario de la hípica y recintos deportivos en los barrios altos del gran Santiago, explotando a quienes nacieron en la misma periferia al borde de lo marginal.

Entonces ¿no será más sensato pensar en una salida colectiva al problema de la marginalidad, de la educación, del trabajo, de la vivienda e incluso del deporte como una arte al servicio de los explotados y oprimidos? ¿O cada quién a su suerte y su talento? Efectivamente si, como planteamos, hay de fondo un problema de clase, sería interesante que la serie pudiera reflexionar sobre esto, dar cuenta de cómo la clase propietaria o empresarial empuja a las personas a la precariedad de la vida, mientras los trabajadores, los pobres y pobladores solo pueden soñar son salir de la pobreza siendo famosos en el fútbol, porque no se trata de saltar al estrellato con una solución individual a las condiciones de vida impuestas, si no que se trata de parar el corazón del capitalismo, de la mano de la clase trabajadora que puede transformar la realidad y la sociedad de clases desde su raíz misma.






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