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OPINIÓN

¿Qué dejó el paro CUT del 11 de abril?

El reciente 11 de abril, desde la CUT fue convocado un paro contra las reformas de Piñera. Lo que prometía ser un paro activo decantó finalmente en un santo y seña para la unidad de la oposición parlamentaria.

Felix Melita

Estudiante de Psicología Universidad de Antofagasta

Domingo 14 de abril

Promesas sobre promesas

El 11 de Abril fue convocado, por las cúpulas de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), un supuesto paro activo a nivel nacional contra las reformas de Piñera.

En este sentido, la dirigenta de la CUT y militante del Partido Comunista, Barbara Figueroa, afirma que: “El carácter de esta convocatoria, además de unitaria y de gran convergencia social, lo que busca es modificar la Agenda que hoy está puesta en el debate nacional (…)”

Agregando que lo que buscaban realizar es un: “llamado de atención al Gobierno pero también un llamado de atención a todos aquellos actores en el Parlamento para que entiendan que es necesario discutir, no sobre la base de seguir favoreciendo a unos pocos sino que avanzar efectivamente en una agenda que se haga cargo del debate de la desigualdad.”

Sin embargo, este paro estuvo lejos de tratarse de una manifestación obrera con las magnitudes con las cuales fue anunciada.

Los resultados

Por un lado, no estuvo planteada la realización de asambleas de base en cada espacio de trabajo para organizar activamente el paro a nivel nacional. Así como tampoco las cúpulas de la CUT buscaron la unificación con las y los estudiantes universitarios y secundarios. No buscaron sumar fuerzas para enfrentar en la calle a un gobierno que ataca jóvenes, trabajadores, mujeres, migrantes, diversidad sexual, jubilados con pensiones de hambre y mapuche.

¿Y por qué? La misma dirigenta del Partido Comunista lo afirma, el objetivo siempre fue el de realizar “un llamado de atención al Gobierno pero también un llamado de atención a todos aquellos actores en el Parlamento”, es decir, un guiño al conjunto de la oposición parlamentaria desde el Partido Comunista para decirle a las bancadas “aquí estamos”, para profundizar así negociaciones en las estrechas paredes del parlamento, que la movilización en las calles.

Con esta práctica todas las declaraciones contra el gobierno no pasan a ser más que un cascarón vacío. Pues de lo que se trata es de no sólo levantar declaraciones contra el gobierno, sino que en organizar activamente y en cada lugar de trabajo y estudio la lucha, con un plan y un paro unificado y ascendente que una las demandas de la clase trabajadora, las mujeres y el movimiento estudiantil. Sin embargo, nuevamente esto no estaba planteado. Incluso el pliego de demandas no consideraba demandas del movimiento de mujeres como el aborto legal, seguro y gratuito, en donde sin este derecho son las mujeres trabajadoras y precarizados las que más se ven afectadas, las cuales son casi el 50% del conjunto de la clase trabajadora.

El Partido Comunista evidencia así que está más preocupado de establecer alianzas con el Frente Amplio y con la DC, la misma que no sólo ha aprobado la idea de legislar la reforma tributaria, abriéndole más espacio a la derecha y los empresarios, si no que se trata de la misma que avala la intervención imperialista de Donald Trump en Venezuela.

Si el gobierno se prepara para atacar, nosotros también debemos hacerlo

El actuar de no sólo el Partido Comunista, sino que también del Frente Amplio, no hace más que abrirle más paso a la derecha al priorizar las mesas de diálogo con los secuaces de Piñera.

Estos dirigentes evidencian así que piensan las movilizaciones sólo como hitos de presión para acelerar sus acuerdos parlamentarios. Debemos superarlos.
Debemos poner en pie una alternativa enraizada en las organizaciones del movimiento obrero, que no se conforme sólo con convocar a movilizaciones, sino que aspire a organizar a miles de trabajadores y trabajadoras para enfrentar a este gobierno y sus reformas. Que luche así también por establecer un petitorio unificado de demandas para unir así las luchas.

Para echar abajo estos ataques no basta con la presión parlamentaria. Hay que oponer una gran fuerza en las calles que bajo los métodos de la asamblea, la democracia directa, las movilizaciones y la lucha, pueda nutrirse y abrirse paso para hacer que no sólo los números de Piñera caigan, sino que con ellos todo su gobierno. Es la única forma que tenemos para acabar con las AFP, el subcontrato, la reforma laboral que profundiza el trabajo precario, la reforma tributaria que concede mayores beneficios para los empresarios, la salud y la educación de mercado, las jornadas extenuantes de trabajo y la explotación laboral.






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