Mundo Obrero

DEBATE

¿Qué hacer para conquistar un nuevo código laboral?

El constante juego del gobierno, de buscar hacer reformas para ganar la confianza del pueblo trabajador pero sin molestar al empresariado, tiene costos. Queriendo dejar contentos a todos, no deja contento a nadie.

Juan Valenzuela

profesor de filosofía - Partido de Trabajadores Revolucionarios

Jueves 19 de marzo de 2015 | 14:00

La CUT y la reforma laboral

Es cierto que la CUT, dirigida por el PC y la Nueva Mayoría, ha sido un pilar estratégico para el gobierno, un factor de estabilidad, con grandes claudicaciones por parte de Bárbara Figueroa, como la negocación del salario mínimo el 2014. En lo fundamental, ante la reforma, la CUT mantiene esa ubicación política. El título del artículo que reseña el encuentro CUT con Comisión de Trabajo de la cámara, encuentro en el que se discutió acerca de la nueva legislación laboral, no es ambiguo: “Esta reforma laboral es una forma concreta de iniciar la derrota de la desigualdad”. Es decir, la CUT -en manos de la Nueva Mayoría- considera un avance la reforma.
Pero bien, este apoyo político a la reforma, no excluye las críticas. Ciertos aspectos y omisiones en el contenido de la reforma laboral que desde diciembre impulsa Bachelet, también son criticados por la dirección de la CUT. ¿Se trata de una contradicción? Sí. Estas contradicciones sólo expresan que la CUT quiere conciliar lo inconciliable: los intereses de los trabajadores con los del gobierno de la Nueva Mayoría.

¿Cuáles son estas contradicciones? Bárbara Figueroa, el pasado 4 de marzo, en la presentación ante la Comisión de Trabajo y Previsión Social, de la Cámara, señalaba: “hay que prevenir desde ya que algunas de las normas específicas contenidas (y otras eliminadas) en el proyecto hacen correr el riesgo de que, aprobadas como están, todo lo valorable trasunte en una Ley que sea concebida más como un retroceso que un avance hacia la consecución de los objetivos declarados por el proyecto.” No es un peligro menos el que señala B. Figueroa, la ley podría ser concebida como un retroceso.

La dirección de la CUT plantea una larga enumeración de aspectos valorables y aspectos a resolver en la reforma laboral. Entre estos últimos, algunos importantes son “consagrar la negociación colectiva con derechos (especialmente Fuero y Huelga) para trabajadores transitorios y por obra o faena, reponer el procedimiento especial de negociación colectiva para las Federaciones y Confederaciones que contiene el Código actualmente y que el proyecto de ley elimina por la vía de reemplazar el Libro IV completo del Código del Trabajo. En derecho a huelga se pide por ejemplo modificar la definición de la Huelga [pacífica] que propone el proyecto. Acotar la procedencia de los servicios mínimos y su calificación y eliminar normas que atentan contra el derecho pleno. Asimismo, la CUT solicita que el piso mínimo sea con reajustabilidad, eliminar normas que aumentan excesivamente el arbitraje y que la entrada en vigencia de la ley sea inmediata” (cutchile.cl) Entre estos puntos omitidos que la CUT considera importante indicar al proyecto de ley, al menos en el documento con planteos concretos presentado en la cámara, no aparece el derecho a negociación colectiva por rama.

Por último, la dirección de la CUT diferencia el debate actual, de la necesidad de un Código del Trabajo distinto al actual. En boca de Arturo Martínez: “con este debate no se agota la necesidad de un Código del Trabajo que deje a los trabajadores en igualdad.” Acá, no es sólo discutible que un código del trabajo por sí mismo pueda dejar a los trabajadores en igualdad en una sociedad basada en la explotación. También es discutible que esa necesidad de un código realmente alternativo al existente, sea postergada para un futuro indeterminado. Para la Nueva Mayoría en su versión “dirección de la CUT”, la tarea consiste hoy, fundamentalmente en aportar con indicaciones al proyecto de ley oficialista. La lucha por un Nuevo Código Laboral, no está a la orden del día para la dirección de la CUT. Se acepta el terreno que pone el gobierno. ¿De qué otro modo podría actuar el PC que también es parte del gobierno?
Pero bien ¿qué implicancias podría tener el que la CUT que apoya políticamente la reforma, al mismo tiempo, critique parte de su contenido? Esta contradicción deja abierta la posibilidad de que la CUT movilice, en pos de fortalecer las negociaciones en las alturas y la fuerza interna en la Nueva Mayoría de los sectores más proclives a las reformas. Al menos desde el Colegio de Profesores y la CONES, y el movimiento estudiantil, el PC está abriendo el año político convocando a marchar el 19. El año pasado impulsó la movilización del 4 de septiembre. No se puede excluir de antemano que movilice buscando canalizar todo eso hacia su estrategia.

Es necesario analizar estas contradicciones, para no caer en visiones unilaterales que nos impidan prever escenarios y nos permitan actuar con un sentido realista en el debate. El apoyo político de la CUT al gobierno y a su reforma no excluye la posibilidad de roces episódicos. De esto se desprende una conclusión política: es posible y necesario exigirle a la CUT que movilice e impulse un plan para que los trabajadores podamos plantear nuestra alternativa. Aun siendo la posición de su dirección el apoyo político al gobierno y la reforma, de activarse esta central, puede abrirse un terreno más favorable para la lucha de los trabajadores, como germinalmente lo mostró el 4 de septiembre del 2014, donde muchos dirigentes medios y trabajadores jóvenes se manifestaron con sus propias demandas a partir de la convocatoria de la CUT. Restarse de exigirle a la CUT que movilice, sólo equivale a dejar tranquilos a estos dirigentes conciliadores, y, por esa vía, a no activar la fuerza de la clase obrera. No movilizarse “porque convoca la CUT” -como hicieron muchos el 4 de septiembre pasado- sólo condena a la pasividad, a ser un observador de la lucha de la clase trabajadora.

Otra cara del PC en el mundo sindical

Sin estas contradicciones, resultaría inexplicable que otro sector de la militancia sindical del PC, organizado en la CTC, ponga el énfasis en la crítica al contenido de la reforma laboral, y sea organizador de foros como el que se hizo recientemente con la Fundación SOL y la Unión Portuaria del Biobío, en el que participaron importantes figuras del derecho laboral y dirigentes sindicales, y en el que se planteó que la reforma laboral “era un retroceso”. En este foro, Manuel Ahumada, presidente de la CTC, señalaba: “Si este proyecto se aprueba tal cual está, la gran mayoría de los dirigentes sindicales vamos a estar desaforados. Pero eso no nos va a impedir organizarnos” (fundacionsol.cl). Uno podría decir que Bárbara Figueroa y Manuel Ahumada son personas distintas con pensamientos políticos distintos. Pero eso es erróneo. El PC es sólo un partido y ambos militan allí. Es parte del gobierno y apoya la reforma laboral de la Nueva Mayoría. Pero bien, para cumplir mejor su rol de contención, y ser un aliado más util a los partidos empresariales de la Nueva Mayoría, necesita rostros que enfaticen las críticas a la reforma, y que hagan suyo el lenguaje del rechazo. Pero en realidad todos trabajan para el mismo lado, aunque puedan existir roces reales.

La dirección de la CTC debe responder a un sector de la clase obrera más dinámico que tiene importantes luchas en el cuerpo, el sector de los mineros subcontratados. Pero en el fondo se trata de pedir una interlocución más fluida con el gobierno, de buscar ser más considerados en la elaboración de la reforma. Esa es la preocupación real. Un camino consecuente pasaría por romper políticamente con la dirección de a CUT e iniciar la lucha por un nuevo código laboral ahora, activando un plan creciente de movilizaciones y deliberación desde las bases para elaborar el contenido de la legislación laboral.

A este respecto hay que señalar que la Fundación Sol, que es opositora a la reforma, y que viene haciendo interesantes elaboraciones analíticas respecto a ésta, en buena medida, facilita que puedan sentarse en la misma mesa el PC -su sector “crítico”-, la Unión Portuaria del Biobío, y otras organizaciones que están abiertamente contra la reforma. De este modo se producen “puentes” entre quienes apoyan abiertamente la reforma y quienes la rechazan.

El paro portuario y la Unión Portuaria

Otro de los convocantes al foro, Sergio Parra, de la Unión Portuaria del Biobío, ve que es un problema que la reforma sea sin participación de los trabajadores. La Unión Portuaria emitió un comunicado, 24 horas antes de la realización del paro: “Nos parece grave que la comisión apruebe la idea de legislar sin previa consulta a los actores del movimiento sindical activo. Son de público conocimiento los reparos y críticas al proyecto que, entre otros aspectos, entorpece aún más el derecho a huelga (con los servicios mínimos), introduce causales de desafuero inéditas y criminalizadoras, complejiza y burocratiza el actual procedimiento de negociación colectiva, entre otras. Sin contar que la NEGOCIACIÓN COLECTIVA POR RAMA O ÁREA DE LA PRODUCCIÓN, queda excluido (...) Los portuarios PARALIZAMOS para exigir al gobierno un cambio de rumbo. Hacemos el llamado a los demás sectores productivos a tomar este camino y cimentar las bases de un cambio radical y profundo en las relaciones laborales en Chile.”

El paro se hizo efectivo a lo largo del país, excepto en cuatro puertos (Arica, Mejillones, Coquimbo y Valparaíso). Esta es la primera acción de la clase trabajadora con un método propio, para responder a la discusión de la reforma laboral, una acción que se hizo en común con transportistas forestales.

Es necesario aprovechar su impulso para que los “otros sectores productivos” puedan tomar también ese camino. Hoy, cuando son los políticos empresariales, los “amigos de Penta” los que discuten y deciden el destino de las relaciones laborales en Chile, hace falta que los trabajadores de base se activen con sus métodos de lucha y organización para conquistar un nuevo código laboral. Es necesario que los trabajadores discutamos desde las bases qué código laboral queremos, y pensemos un plan de movilización y lucha con nuestros métodos de clase con el fin de avanzar en ese camino.

Al interior de los puertos, es necesario impulsar también el debate de los propios trabajadores, no sólo conseguir ser invitados a la Comisión de Trabajo de la cámara.

¿Por qué los trabajadores de base tendrían que quedarse callados ante una reforma que afectará directamente su vida cotidiana?

Hoy en día, dar estos pasos, implica también exigirle a la CUT que ponga en acción un plan creciente de lucha para alcanzar un nuevo código laboral. Implica también, ser capaces de actuar unitariamente. Se trata de generar la unidad de la clase trabajadora desde las bases. Los dirigentes sindicales, muchas veces, anteponen sus disputas a la unidad de la clase trabajadora, ahora más necesaria que nunca. Eso lo vimos, por ejemplo, para el paro del 4 de septiembre del 2014, cuando una serie de dirigentes y grupos se restaron por la simple razón de que “convocaba la CUT”. Actuar “paralelistamente”, hacer “como si” la CUT no existiera o no existieran los portuarios, sólo debilita las filas de la clase trabajadora.

La lucha por un Nuevo Código Laboral

Hoy en día, ni la dirección de la CUT que apoya políticamente al gobierno y la reforma, y que quiere mejorarla; ni los que dicen “rechazo a la reforma”, denunciando correctamente aspectos como los posibles desafueros a dirigentes o el concepto de “funciones mínimas” para las huelgas, como la dirección de la Confederación Bancaria, constituyen una alternativa que fortalezca a la clase trabajadora y la transforme en la protagonista del debate de la reforma laboral.

Los primeros, porque concilian con el gobierno que quiere dejar contento al empresariado. Los segundos, porque confunden. ¿ “Rechazar la reforma” es quedarnos “con lo que hay” mientras los trabajadores ganan fuerza para poder plantear un código laboral acorde a sus intereses?

Evidentemente, se nos responderá que no es así. “Rechazar la reforma, no es para quedarnos con lo que hay, sino para alcanzar algo nuevo.” Efectivamente sabemos que quienes plantean “rechazo a la reforma” no son defensores del Código Laboral de Piñera. Pero creemos que esa formulación de “rechazo”, confunde. No se hace cargo de algo muy importante: ¿llamarán o no a los trabajadores a hacer un uso abierto de los aspectos considerados “avances parciales” como la eliminación de grupos negociadores donde hay sindicato, o el fin de los reemplazantes en huelgas? Si no se aprovecha cada espacio, dificilmente se pueden dar las peleas mayores.

Además, sino quieren conservar el código actual, ¿por qué no dejar claro desde el principio que el objetivo debe ser un Nuevo Código Laboral? Al no poner el objetivo positivo, y sólo la actitud negativa ante la reforma, como consigna central, como lema, se permanece a medio camino. Por eso, en el horizonte de la mayoría de las corrientes que plantean rechazo, está solamente el conseguir ser escuchados por los parlamentarios, incorporar indicaciones. Para eso, se pueden impulsar paros y movilizaciones, pero controladas. Tras la consigna supuestamente radical de “rechazo” se puede esconder una política que acepta las circunstancias en las que se desenvuelve el debate de las relaciones laborales: nos escuchan, pero ellos -los parlamentarios- deciden.

En este escenario, quienes militamos en el PTR y Alternativa Obrera consideramos que es necesario señalar con claridad y en primer término el objetivo de un Nuevo Código Laboral que elimine todos los enclaves neoliberales como el artículo 161 que facilita los despidos, y que el único método para alcanzarlo es la lucha y la organización desde las bases de los trabajadores, que encontrará un terreno más óptimo si la CUT se ve empujada a impulsar un plan de lucha. El dilema real no es entre un apoyo general y en bloque a la reforma -ni la CUT se guarda las críticas- o un rechazo en bloque -como algunos plantean, incluso reconociendo avances puntuales. “¿Apoyo o rechazo?” es una pregunta que deja oculto cuál es el problema real del que hay que hacerse cargo: La legislación laboral, ¿será elaborada y decidida por los políticos empresariales de la casta Penta o los trabajadores serán capaces de organizarse y luchar desde las bases para conquistar un Nuevo Código Laboral que los empresarios y sus políticos se vean obligados a aceptar? Para avanzar en el camino del fortalecimiento de la clase trabajadora en esta discusión, es necesario continuar el camino que iniciaron los portuarios con el paro y poner en pie una alternativa política clasista y un plan de lucha que se proponga conquistar un Nuevo Código Laboral.






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